viernes, 30 de agosto de 2013

Derrida:

Jacques Derrida


Jacques Derrida (1930-2004) fue el fundador de la "deconstrucción", una forma de criticar no sólo a ambos textos literarios y filosóficos, sino también las instituciones políticas. Aunque Derrida en ocasiones expresó su pesar sobre el destino de la palabra "deconstrucción", su popularidad indica la amplia influencia de su pensamiento, en la filosofía, la crítica literaria y la teoría, en el arte y, en particular, la teoría de la arquitectura y en la teoría política.

De hecho, la fama de Derrida casi alcanzó el estatus de estrella mediática, con cientos de personas llenando auditorios oírle hablar, con las películas y programas de televisión dedicados a él, con un sinnúmero de libros y artículos dedicados a su pensamiento. Al lado de la crítica, la deconstrucción de Derrida consiste en un intento de volver a concebir la diferencia que separa la auto-reflexión (o autoconciencia). Pero aún más que la reconcepción de la diferencia, y quizás más importante, la deconstrucción se dirije hacia la prevención de la peor violencia. Se trata de hacer justicia. En efecto, la deconstrucción es implacable en este ejercicio ya que la justicia es imposible de lograr.

Comparto este escrito por considerar que sintetiza con eficiencia la obra de Derrida.

 Breve introducción a Jacques Derrida y la deconstrucción
Por: Everardo Reyes García, Julio 2005.
Ref: http://hipercomunicacion.com/pubs/derrida-decons.html

Introducción
Para algunos biógrafos e investigadores, Jacques Derrida fue tal vez el filósofo más famoso del mundo. Sus trabajos se volvieron conocidos en el mundo a partir de 1967 cuando publica tres libros de gran calidad y de gran influencia incluso todavía en nuestros días, además de una célebre conferencia en el John Hopkins de Estados Unidos al lado de Jacques Lacan.

Quién es Jacques Derrida?
Jacques Derrida, filósofo francés nacido en Algeria, en 1930, hijo de una familia judía. Estudió filosofía en la Escuela Normal Superior de Paris de 1952 a 1957, una de las instituciones más prestigiosas y en donde Sartre y muchos más de los grandes filósofos franceses modernos comenzaron su carrera.

Sus inicios como profesor universitario de filosofía tienen orígenes en La Sorbonne de 1960, en donde enseñará durante 4 años antes formar parte de la Escuela Normal Superior en donde se quedará como catedrático 20 años. Al mismo tiempo, en 1983 funda el Colegio Internacional de Filosofía en París y es elegido como primer director, puesto que ocupará por dos años mientras que en 1984 es nombrado director de estudios de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales.
Derrida fue un personaje polémico principalmente reconocido en Estados Unidos pero no así en Francia, sobretodo por sus radicales puntos de vista. 1967 fue un año decisivo en su carrera, cuando publica tres de sus obras mayores: De la Grammatologie, L'ecriture et la différence, y La Voix et le phénomene.
Sin embargo, su trabajo como autor está caracterizado tanto por la complejidad de su lectura como por su fecundidad, pues escribió alrededor de 80 obras entre ellas La diseminación, La Carta Postal, Espectros de Marx o Glas. En sus textos, Derrida aborda de forma lúcida temas que van desde la ética hasta la religión, pasando por la política, el lenguaje y el psicoanálisis.

La deconstrucción
Es imposible explicar lo que es la deconstrucción en términos simples. Por un lado, no se trata de un método que se pueda aplicar mediante una serie de pasos a seguir, más bien se puede observar como una postura. Por otro lado, la deconstrucción no es sinónimo de destrucción.
Cuando se habla de deconstruir un texto, por ejemplo, nos referimos a interrogar los supuestos que lo conforman para dar una nueva perspectiva. Lo que propone Derrida en sus libros es una lectura minuciosa a textos literarios o filosóficos para llevarlos al extremo de darles una significación diferente de lo que parecían estar diciéndonos.
Para algunos historiadores, el pensamiento de Derrida podría estar inscrito dentro de una corriente negativa, si tomamos en cuenta que la mayoría de los paradigmas progresistas actuales buscan las construcción y huyen de todo lo que pueda ofrecer un panorama diferente.
Por el contrario, Derrida señala que históricamente nuestra sociedad occidental está organizada en pares opuestos, como espíritu y cuerpo, sentido y signo, lo dentro y lo fuera, lo cual es un legado de la metafísica que desde Platón se sustenta entre lo sensible y lo inteligible. Y es aquí en donde Derrida propone hacer una deconstrucción de estas oposiciones, que parecen naturales a toda reflexión filosófica.
Derrida califica este sistema como logocéntrico. El logos es el origen y fundamento de toda verdad, en otros términos, es el pensamiento que se presenta como la conciencia de uno mismo.
El problema del logocentrismo es su repercusión dentro de un etnocentrismo europeo y occidental, lo cual provoca que el logos se manifieste como extensión mundial de la racionalidad técnica y científica. El logocentrismo nos prohibiría pensar nuestra historia y evolución desde otro punto de vista que no sea el nuestro: la lengua del otro, la cultura del otro, y en general todas la formas de alteración.
El origen de la noción de deconstrucción viene del alemán Destruktion, un término que Martín Heidegger utiliza en su célebre libro Sein und Zeit (que en alemán significa Ser y Tiempo) y que fue publicado en 1927. Heidegger fue una de las primeras influencias en Derrida, que lo leía desde sus 19 años, al igual que a Saussure, Nietzeche y Freud.

Deconstrucción y metafísica
El motivo central de deconstruir la metafísica es abrir un nuevo acercamiento a la pregunta más radical que se pueda hacer sobre el pensamiento humano, y esto es: el cuestionamiento del sentido del SER.
Para Derrida, la pragmática humana, incluyendo la científica, presupone siempre un cierto pre-entendimiento de lo que significa el SER y este pre-entendimiento regula nuestros comportamientos de forma inconsciente, sin darnos cuenta. En otras palabras, nosotros no tenemos una influencia directa en el ser, más bien en lo que la tradición metafísica nos ha legado como interpretación del sentido del SER.
A la pregunta igualmente radical sobre ¿qué es el hombre?, Derrida nos explica que en realidad no sabemos qué es el hombre, nos dice que no tenemos una relación inmediata y natural con él. Lo único que sabemos viene de una tradición sustentada en sus textos y si aplicamos una deconstrucción a esos textos podremos presentar nuevas posibilidades de interpretación en esas capas textuales.
Lo que Derrida pretende al deconstruir estos temas es detener nuestra pre-comprensión o pre-entendimiento de lo que significa la humanidad para ir más allá del pensamiento occidental, que está caracterizado por un imperialismo y un etnocentrismo histórico.
Y entonces, ¿cuál es la relación entre humanismo y metafísica? Para Derrida, la metafísica es una comprensión del sentido del SER como presencia permanente y disponible para la manipulación. Nos encontramos encerrados en un punto en donde entendemos al SER como permanencia. Nosotros somos presentes a nosotros mismos por la inmediatez de la voz interior.
Para Derrida esto se trata de un prejuicio metafísico y en realidad nosotros no podemos acceder inmediatamente a nosotros mismos ni a lo que queremos decir. De hecho, toda intención debe pasar por un proceso de significación que implica al menos dos condiciones: un desarrollo en el tiempo, lo cual atestigua que no hay inmediatez para acceder al sentido, más bien que esto se hace poco a poco, y un recorrido en el sistema de huellas o rastros, en aquello que ya existe, que son los elementos materiales que se distinguen entre sí para crear un sistema de signos.
De esta manera, un lenguaje está formado por fonemas, por unidades fonéticas que no tienen sentido ellas solas, pero que lo producen mediante su combinación.

Arqui-escritura y différance
Tanto en su libro De la Grammatologie como en varios más, Derrida señala que la significación siempre hace referencia a otros signos y que en realidad uno nunca puede llegar a un signo que se refiera a él mismo.
La escritura es considerada tradicionalmente como un suplemento artificial de la palabra y por lo tanto como un significante de un significante. Al proceso de espaciamiento en el tiempo y en el sistema de rastros, Derrida lo llama arqui-escritura.
Al hacer referencia a diferentes significantes entramos en una espiral que no acaba de hacerse referencias. El hecho de tomar conciencia de lo que pensamos implica una duración que nos afecta y nos transforma. Al momento de terminar un enunciado, no somos los mismos que cuando lo empezamos. Lo que decimos sobrepasa siempre lo que creíamos querer decir y nos revela que finalmente no sabíamos de antemano lo que se dice a pesar de nosotros.
La arqui-escritura es una noción generalizada de la escritura que se refiere a la forma en la que aquello que es escrito sólo es posible si se considera que existe un desfase de significados. Este desfase, en conjunto con la posibilidad de ir más allá de lo que está escrito nos lleva a lo que algunos han clasificado como el más famoso de los neologismos: la différance.
La différance implica el desfase, el retraso, la desviación de la mediación temporal que existe en la arqui-escritura, en términos de lo hablado y lo escrito. Lo que distingue a la différance de la différence es lo inaudible, es decir lo escrito.
Aunque el término de différance no puede ser descrito exhaustivamente, y esto es porque el mismo Derrida nos dice que no se trata ni de una palabra, ni de un concepto, además de que su significado cambia dependiendo del contexto en el que está siendo usado. Por el momento, es suficiente mencionar que la différance está implícita en la arqui-escritura y en esta noción generalizada de la escritura que rompe con la lógica del signo.
La convicción de que el signo representa algo, aún cuando ese algo no esté presente pero que lo pueda ser potencialmente, es cuestionado como imposible por la arqui-escritura, la cuál insiste que el signo siempre refiere a más signos, y estos a otros, hasta el punto de no poder llegar al referente definitivo.
Para Derrida, la escritura, o los procesos que la caracterizan, como la différance y la arqui-escritura, son ubicuos. Tal como un fragmento de algo escrito no puede explicar el significado de cada palabra, lo mismo sucede con la palabra. Si usamos la misma estructura de repetición, nada nos garantiza que otra persona podrá dotar a las palabras que nosotros usamos con el mismo significado que nosotros le atribuimos.
Podemos concluir que la deconstrucción de Jacques Derrida no es un proyecto filosófico establecido sobre las bases de una metodología explícita. Se trata de un proceso inherente a la historia de la racionalidad occidental vista desde una dimensión crítica y que consiste a desraizar la tradición que la conforma.
La deconstrucción es en palabras de Derrida: "uno de los nombres posibles para designar, por metonimia, lo que sucede o lo que no llega a suceder, como lo puede ser una cierta dislocación que se repite regularmente" (Derrida, 1972). Esta dislocación consiste en cuestionar participando en la transformación. Para Derrida, se trata de un intento de ver desde el otro lado del borde lo que somos.

Referencias:

    Camus, Sébastien (2005). La passion de l'excès. in Sciences Humaines, Hors-Série spécial no. 3, Mayo-Junio.
    Derrida, Jacques (1967). De la Grammatologie. Paris: Minuit.
    Halpern, Catherine (2005). Jacques Derrida. Le subversif. in Sciences Humaines, Hors-Série spécial no. 3, Mayo-Junio.
    Reynolds, Jack (2002). Jacques Derrida. in The Internet Encylopedia of Philosophy Consultado: Julio 10 2005. En línea: http://www.iep.utm.edu/d/derrida.htm
    Watson, Peter (2002). The Modern Mind. An intellectual history of the 20th Century. New York: Perennial. (Orig. 2001, Weidenfeld & Nicolson, Inglaterra).
    Dick, Kirby & Amy Ziering Kofman (2002). Derrida. Film documental. EUA: Farbe, 85 Min.


Referencia a la Enciclopedia Stanford de Filosofía

Derrida en Castellano: Blog sobre la obra del Fílosofo.
Sitio creado  por Horacio Potel

El paso (no) más allá: Maurice Blanchot
Consultar mi escrito sobre la obra de Derrida 

viernes, 16 de agosto de 2013

W. V. O Quine. ¿Ha perdido la filosofía el contacto con la gente?*
W. V. O Quine (1979)



¿Qué es esa cosa llamada filosofía? El profesor Adler considera que ha cambiado profundamente en el último medio siglo. Ya no se dirige al hombre corriente, ni afronta problemas de amplio interés humano. ¿Qué ha pasado? ¿hay algo reconocible como filosofía, que haya superado esos cambios? o ¿se ha transformado meramente la palabra “filosofía”, que antes se aplicaba a una cosa y ahora a otra? 

Sin duda, Adler no está preocupado por algo tan superficial como la semántica migratoria de una palabra de cinco sílabas, por muy sonora que sea. El diría que la filosofía es en cierto modo la misma materia, a pesar de esos deplorados cambios. Podría mencionar para mostrar esto la continuidad de su historia cambiante. Pero la continuidad es igualmente característica de la semántica migratoria del pentasílabo. Podríamos evaluar mejor la cambiante escena si miramos más bien las tentativas y actividades efectivas, antiguas y nuevas, exotéricas y esotéricas, serias y frívolas, y dejamos que la palabra “filosofía” caiga donde pueda.

Aristóteles fue, entre otras cosas, un pionero en física y biología. Platón entre otras cosas fue en cierto sentido un físico, si la cosmología se considera una rama teórica de la física. Descartes y Leibniz fueron en parte físicos. La biología y la física se llamaban filosofía en aquellos tiempos. Fueron llamadas filosofía natural hasta el siglo diecinueve. Platón, Descartes y Leibniz fueron también matemáticos, y Locke, Berkeley, Hume y Kant fueron en gran parte psicólogos. Todas estas lumbreras y otros a los que veneramos como grandes filósofos fueron científicos en busca de una concepción organizada de la realidad. Su búsqueda fue incluso más allá de las ciencias especiales tal como las definimos ahora; había también conceptos más amplios y más básicos que desenmarañar y clarificar. Pero la lucha con estos conceptos y la búsqueda de un sistema a gran escala eran todavía parte integrante de la iniciativa científica global. Los logros más generales y especulativos de la teoría son lo que nosotros hoy en día recordamos como inconfundiblemente filosófico. Además lo que hoy se persigue bajo el nombre de filosofía tiene en gran medida esos mismos intereses cuando se lleva a cabo con la que creo su mejor técnica.

Hasta el siglo diecinueve, todo el conocimiento científico disponible de alguna importancia podía ser abarcado por una sola cabeza de primera categoría. Esta confortable situación terminó tan pronto como la ciencia se hizo más extensa y profunda. Se llenó de sutiles distinciones y proliferó la jerga técnica, que en buena parte era realmente necesaria. Los problemas de física, microbiología y matemáticas se dividieron en problemas subordinados, cada uno de los cuales, tomado fuera de contexto, parece inútil o ininteligible al lego; sólo el especialista ve como se engarzan en el cuadro más amplio. La filosofía hoy en día, donde estaba en continuidad con la ciencia ha progresado también. En ésta como en otras áreas de la ciencia, el progreso descubrió distinciones y conexiones relevantes que habían sido pasadas por alto en tiempos anteriores. En ella como en otras áreas, los problemas y las proposiciones se analizaron en sus componentes que, vistos de manera aislada, debían parecer poco interesantes o incluso peor.

La lógica formal completó su renacimiento y llegó a ser una ciencia seria, justo hace cien años de las manos de Gottlob Frege. Un rasgo llamativo de la filosofía científica de los años posteriores ha sido el uso, cada vez mayor, de la poderosa nueva lógica. Esto ha contribuido a una profundización de las intuiciones y a un afinamiento de los problemas y las soluciones. Ha contribuido también a una invasión de términos técnicos y símbolos que, mientras eran útiles a los investigadores, solían extrañar a los lectores legos.

Otro rasgo llamativo de la filosofía científica en este periodo ha sido un creciente interés por la naturaleza del lenguaje. En círculos responsables esto no ha significado un apartamiento de otras cuestiones más serias. Es un resultado de los escrúpulos críticos que se remontan siglos atrás a los empiristas clásicos ingleses Locke, Berkeley y Hume, y que aparecen más claramente en Bentham. En los últimos sesenta años se ha advertido de modo creciente que nuestras nociones introspectivas tradicionales (nociones de significado, idea, concepto, esencia, todas ellas indisciplinadas e indefinidas) proporcionan un fundamento desesperadamente débil e inmanejable para una teoría del mundo. El control se consigue centrándose en las palabras, en cómo se aprenden y se usan y en cómo se relacionan con las cosas.

La cuestión de un lenguaje privado, citada por Adler como frívola, es un caso apropiado. Se torna significante filosóficamente cuando reconocemos que una teoría legítima del significado debe ser una teoría del uso del lenguaje y que el lenguaje es un arte social, inculcado socialmente. La importancia de la cuestión fue subrayada por Wittgenstein y anteriormente por Dewey, pero la pierde cualquiera que tropiece con esa cuestión fuera de su contexto.

Por supuesto que mucha literatura producida bajo el título de filosofía lingüística es filosóficamente irrelevante. Algunos textos son divertidos o ligeramente interesantes como estudios lingüísticos, pero han ido a parar a las revistas de filosofía sólo por una conexión superficial. Otros de talante más filosófico son simplemente incompetentes, pues el control de calidad en la creciente prensa filosófica está lleno de fallos. La filosofía ha padecido durante mucho tiempo, a diferencia de las ciencias duras, un consenso vacilante en cuestiones de competencia profesional. Los estudiantes de los cielos se dividen en astrónomos y astrólogos tan fácilmente como pueden dividirse los rumiantes domésticos menores en cabras y ovejas, pero la separación de los filósofos en sabios y en chiflados parece ser más sensible a marcos de referencia. Así es quizás como debe ser, a la vista del carácter especulativo y no organizado de la materia.

Mucho de lo que había estado escondido en la física moderna se ha descubierto mediante su popularización. Estoy agradecido por esto, porque me gusta la física pero no puedo tomarla cruda. Un buen filósofo que sea un hábil expositor podría hacer lo mismo con la filosofía técnica habitual. Ello requeriría arte, porque no todo lo que es filosóficamente importante es necesariamente de interés común, ni siquiera cuando se expone con claridad y en su lugar. Pienso en la química orgánica; reconozco su importancia, pero no siento curiosidad por ella; tampoco veo por qué el hombre corriente debería preocuparse mucho por lo que a mí me interesa en filosofía. Si en lugar de haber sido llamado para participar en la serie de la televisión británica “Hombres de Ideas”, hubiera sido consultado acerca de su viabilidad, habría expresado mi duda.

Lo que he estado discutiendo bajo el título de filosofía, es lo que llamo filosofía científica, antigua y nueva, ya que es la disciplina cuya última tendencia Adler criticaba. Bajo este título impreciso no excluyo estudios filosóficos de valores morales y estéticos. Algunos de tales estudios, de carácter analítico, pueden ser científicos en espíritu. Pero, sin embargo, pueden ofrecer poca inspiración o consuelo. El estudiante que se dedique a la filosofía sobre todo por consuelo espiritual, se equivoca y probablemente no será nunca un buen estudiante, ya que lo que le mueve no es la curiosidad intelectual.

Escribir inspiradamente y de modo edificante es admirable, pero su lugar es la novela, el poema, el sermón o el ensayo literario. Los filósofos en sentido profesional no tienen especial idoneidad para ello. Tampoco tienen especial idoneidad para ayudar a la sociedad a que mantenga su equilibrio, aunque todos debamos hacer lo que podamos. Lo único que podría satisfacer estas necesidades que claman constantemente es la sabiduría: sophia sí, philosophia no necesariamente.

W.V. Quine: Theories and Things, The Belknap Press of Harvard U.P., Cambridge, Mass. 1981, págs 190-193.

(Traducido por Sara F. Barrena).

* Este texto fue escrito a petición de Newsday como respuesta a un texto de Mortimer Adler. Los dos iban a aparecer juntos bajo este título. Al publicarse el 18 de noviembre de 1979, lo que apareció bajo mi nombre había sido reescrito para adecuarlo al capricho del editor. Este es mi texto no corrompido.

Ver también: El holismo prágmático de Quine. Publicado en mi blog Polis vs Caos.
Ver también: Las paradojas de los dogmas del empirísmo

lunes, 12 de agosto de 2013

FRIEDRICH VON SCHELLING

Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling


En conmemoración a la fecha en que paso a ocupar su columna en el eterno oriente.

Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling (1775-1854), filósofo alemán, uno de los máximos exponentes del idealismo y de la tendencia romántica alemana.

Como cuestión previa adjunto referencias topográficas sobre los conceptos del  Idealismo y del Romanticismo.

IDEALISMO
En filosofía, Idealismo designa las teorías que, en oposición al Materialismo, sostienen que la realidad extramental [ ] no es conocible tal como es en sí misma, y que el objeto del conocimiento está preformado por la actividad cognoscitiva.

Se denomina al sistema que, ante el problema filosófico fundamental - que son las cosas -, da primacía al espíritu. Se opone al materialismo. El término idealismo es multívoco. Se ha entendido diversamente y se ha utilizado en planos distintos (psicológico, gnoseológico, metafísico).

Suelen contraponerse un idealismo de carácter teórico, el auténticamente filosófico, en el que la realidad está constituida por las ideas, y un idealismo vulgar, práctico en el que los “ideales” se imponen en el terreno de los actos. El idealismo, en su significado general, se inclina por cierto tipo de realidad supra espacial y supra temporal, suprasensible, incorpórea; exalta y considera lo normativo y teleológico; considera la conciencia como lo determinante y a la naturaleza como lo no esencial, como aquello que se le enfrenta. Se han llevado a cabo multitud de clasificaciones. Estas agrupan a veces sus componentes en campos netamente delimitados; con frecuencia, los límites son menos precisos, y un campo se confunde con otro.

Principios y variantes
Las distintas variantes de idealismo postulan distintos principios que modelan y conforman nuestra imagen del mundo de una manera determinada:
1.    La entidad en sí de lo real permanece en principio incognoscible, aunque la reflexión [ ] permita aproximarse asintóticamente a un conocimiento más refinado, en las teorías del idealismo subjetivo o trascendental [ ].
2.    Idealismo objetivo: es el que considera el fundamento de lo real como espíritu (personal o impersonal). En este grupo se incluyen filosofías orientales (Vedanta, confucianismo), Platón y su teoría de las ideas, el neoplatonismo, fuertemente influido por el misticismo, la filosofía de la Edad Media, sometida a la teología cristiana, San Agustín, influido por el platonismo y neoplatonismo, Santo Tomás de Aquino, el cual se apoya en una visión aristotélica “sui generis”

El idealismo objetivo acepta el realismo de sentido común (la opinión de que existen objetos materiales), pero rechaza el naturalismo (según la cual la mente y los valores espirituales han surgido de las cosas materiales)

Esta doctrina epistemológica se complementa con la teoría metafísica de que el objeto conocido no tiene más realidad que su ser pensado por el sujeto; mediante la autoconciencia de éste, la verdadera esencia del objeto se devela como la actividad subjetiva de pensamiento como algo real y no abstracto.

El fundamento del Idealismo subjetivo se halla en una visión individualista, frente a la teísta [ ] del idealismo objetivo, y que nace con la Edad Moderna (el término aparece a finales del s. XVII). En este momento la filosofía inicia, con Descartes, un giro hacia la subjetividad. El pensar abandona la confianza típica del realismo (para el que existe una adecuación total entre la realidad y la mente que la conoce) y desemboca en la concepción de lo real como contenido de una conciencia.

Schelling es quien da el paso del idealismo subjetivo al objetivo, acentúa ya la idea del absoluto. Para él "el sistema completo de la ciencia parte del yo absoluto". Propiamente, la inteligencia sólo capta lo inteligible. Para él, no caben más que dos filosofías: dogmatismo, que admite las cosas en sí; y el idealismo, que sólo admite contenidos de conciencia.

Schelling descubre tras el ser, el espíritu, como auténtico ser y fuente del devenir. Pero siendo este espíritu independiente de nuestro "Yo". Es de esta forma que llegamos al idealismo objetivo, expuesto principalmente por Schelling.

Schelling partió del yo infinito de Fichte y de la sustancia Spinociana para armonizarlos con su yo Absoluto, dando origen al principio de infinitud objetiva. La proposición de la cual parte toda ciencia es: "Yo soy yo". No hay sujeto sin objeto ni objeto sin sujeto y su enlace es la representación, pues el yo absoluto debe ser pensado. El papel principal de la filosofía es resolver el problema de la existencia del mundo, y este sólo se resuelve teniendo en cuenta la identidad entre sujeto y objeto cuya distinción debe trascender el absoluto.

Schelling y Hegel sostenían formas de idealismo objetivo. Pero este  primero está asociado con las ideas de Platón. El filósofo Charles Sanders Peirce declaro su propia versión del idealismo objetivo de la siguiente manera: 

La teoría inteligible del universo es la del idealismo objetivo, que la materia es la mente estéril, hábitos inveterados convertirse en leyes físicas (Peirce, CP 6,25).

El Idealismo objetivo está asociado con la obra Hegel (1770-1831) y sus seguidores, sobre todo en Inglaterra con la obra de Francis H. Bradley (1846-1924). Ver también: coherencia, la teoría de la verdad.

Esta es una forma de idealismo por el cual la realidad, aunque mental o espiritual, no depende de la mente humana, en particular, sino que abarca una sola entidad espiritual: el idealismo absoluto de lo absoluto. Sostiene que la realidad es una, y las mentes individuales y sus contenidos son meras partes o aspectos de éste y no tienen existencia independiente.



En qué consiste el Idealismo objetivo:

La definición que antecede corresponde, dentro de las escuelas filosóficas, al idealismo alemán y en concreto a Kant. No obstante Kant es al mismo tiempo materialista, pues contempla la existencia del mundo exterior, independientemente del hombre, cognoscible para éste, aunque no en su totalidad; la cosa en sí es para Kant un residuo del idealismo. El objeto del conocimiento es, y es una perogrullada, conocer, y ello no es una actividad exclusiva del hombre. Esta oposición formal o académica, que de suyo se comprende, oculta sin embargo la esencia de la filosofía, es decir, la relación entre el ser y el pensar; dualismo entre ambos o identidad. ¿Es el mundo "real" como lo muestran nuestros sentidos? o ¿es parte sí, parte no? ¿Puede el hombre conocer la cosa en sí de Kant; la esencia de la materia?

El idealismo distingue, por lo tanto, entre
1.    El fenómeno (del griego fainomai, "mostrarse" o "aparecer"), que es el objeto en tanto que es conocido (como "aparece" frente a los sentidos y la inteligencia),

2.    y el noúmeno (del griego  "comprender" o "inteligir"), que es el objeto tal como sería en sí mismo.;
La realidad para el idealismo no consistirá en aquello que está frente al sujeto como algo dado que existe por sí mismo, sino en aquello que está en el sujeto como "un contenido de su conciencia"

Características
Las características principales de este movimiento, resumiendo, son:
1.    No conocemos las cosas tal y como son en sí (noúmeno), sino lo que aparece (percibimos) aquí y ahora (fenómeno).
2.    El sujeto construye, al menos en parte, el objeto: para Kant el sujeto es activo en el sentido de que influye en lo conocido a partir de sus estructuras aprióricas y de los procesos que en ellas descansan.
3.    El conocimiento es independiente de la experiencia, porque los objetos del conocimiento son los juicios a priori.
4.    Pero al conocimiento sólo se puede llegar a través de la experiencia porque el objeto del conocimiento son los juicios sintéticos.

Representantes e influencia posterior
•    Filósofos idealistas fueron:
1.    Inmanuel Kant, desarrollador del idealismo alemán;
2.    los neokantianos;
3.    y los precursores de tres variantes del idealismo:
1.    idealismo subjetivo de Johann Gottlieb Fichte,
2.    idealismo objetivo de Friedrich Wilhelm Schelling
3.    idealismo absoluto de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, así como las distintas escuelas hegelianas.

•    Varias formas de teoría científica (sobre todo el esencialismo de Pierre Duhem, el falsacionismo de Karl Popper y el constructivismo) son idealistas en distinta manera y grado.

•    En un sentido radicalmente distinto, se denomina a veces idealismo a la teoría platónica de que las Ideas existen separadamente de los objetos en un mundo inteligible (la forma inteligible de las cosas, comparable a la esencia en el sentido aristotélico del término).
Síntesis

En la historia del transcurso del pensamiento filosófico el idealismo es una variante fundamental de esa historia. Es la actitud del filósofo que no se conforma con lo que en apariencia, "hay". Postula mejor una realidad superior inextricablemente ligada a la estructura intrínseca de la conciencia humana.

No es en modo alguno la actitud espontánea de la existencia individual. Es una actitud a la que trabajosamente se ha llegado en la historia, y a la que no muchos hombres pueden acceder, chocando con la dificultad de encontrar en la conciencia, un mediador, entre objeto y sujeto.

Romanticismo
El Romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo es que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes. Se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX

Etapas de la filosofía de Schelling
La primera de ellas, que correspondería a su juventud influida por Fichte, estaría en torno a 1795, año en que publica Del Yo como principio de la filosofía o Sobre lo incondicionado en el saber humano (Vom Ich als Princip der Philosophie oder über das Unbedingte im menschlichen Wissen), probablemente el escrito más relevante de esta fase inicial de su producción filosófica.

Distinguiríamos, además, una segunda etapa donde su interés se centra en la filosofía de la naturaleza y que se inicia alrededor de 1796, cuando se traslada a estudiar a la Universidad de Leipzig. En 1800 se sitúa el periodo donde expone su filosofía trascendental y cuya obra representativa es el Sistema del idealismo trascendental (System des transzendentalen Idealismus), uno de sus ensayos más importantes y logrados, tanto en la forma como en el contenido.

Posteriormente vendría la fase llamada de la identidad, que llegaría hasta 1809, fecha en la que se inicia una época conocida como de la libertad, y cuyo texto paradigmático son las Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana y los objetos con ella relacionados (Philosophische Untersuchungen über das Wesen der menschlichen Freiheit und die damit zusammenhängenden Gegenstände).

Finalmente podríamos hablar de dos fases más; la primera de ellas la situaríamos en los años donde se redactan las diversas versiones de Las edades del mundo (Die Weltalter) (1811-1815), y la segunda estaría dominada por la distinción entre filosofía positiva y filosofía negativa, llegando hasta 1854, año de la muerte de este pensador.

La Filosofía de la Naturaleza fue una corriente de la tradición filosófica del idealismo alemán del siglo XIX ligada al Romanticismo. Inspirada en la Crítica del Juicio de Kant y en la obra de Fichte, Friedrich Schelling fue su principal promotor. Frente al mecanicismo de la física clásica, la Naturphilosophie defendió una concepción orgánica de la ciencia en la que el sujeto juega un papel esencial, concibiéndose el mundo como una proyección del observador.

Biografía:

Links para estudio
Escrito sobre La Libertad:
Estructuración de la Filosofía positiva de Schelling: Juan Cruz Cruz: Universidad de Navarra

El principio de razón suficiente. LEIBNIZ VERSUS SCHELLING (I, II Y III):
Sociedad Internacional Schelling

El sistema de la Filosofía trascendental