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lunes, 31 de octubre de 2016

Nietzsche: Crepúsculo de los ídolos.

Nietzsche: Crepúsculo de los ídolos.

Publicado en:
Friedrich Nietzsche en 1867

Nietzsche: Crepúsculo de los ídolos (Capítulos: La “razón” en la filosofía y Cómo el «mundo verdadero» acabó convirtiéndose en una fábula), Alianza Editorial, Madrid 1973, p.45-52.

1. La “Razón” en la filosofía
Este capítulo es una crítica a la metafísica occidental que, por miedo a lo problemático y terrible de la vida, ha construido un mundo inteligible que en realidad es nada, no-ser. Al mismo tiempo, se critica el privilegio que los filósofos han otorgado a la razón frente a los sentidos (excepto Heráclito) puesto que la razón les permite abandonar este mundo para dedicarse a la contemplación de las Ideas. También se acusa a los filósofos de colocar lo último (las Ideas) como lo primero, como lo que verdaderamente es, como sustancia, como causa sui.

Nietzsche aclara, además, cuál es el origen de los errores de la metafísica y los halla en el lenguaje, en los supuesta evidencia de los hechos internos: el yo, la voluntad. Este es el origen de la “cosa”, la “sustancia”.
a) Idiosincrasia: Egipticismo: Momias conceptuales: Sensibilidad: Cuerpo
1
¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?…

Nietzsche se pregunta por características peculiares, específicas de los filósofos. Sin embargo, esta es ya una primera muestra de su ironía, de su “mala leche”. La expresión “idiosincrasia” la emplea Nietzsche en su sentido habitual de peculiaridad, pero aludiendo al mismo tiempo a su parecido con la palabra idiotez.
Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo.

La expresión “falta de sentido histórico” se refiere a la incapacidad del filósofo para reconocer que la temporalidad es un rasgo insoslayable del mundo. Desde Parménides se entiende que al Ser le pertenece la eternidad. También se le atribuye la inmutabilidad: por ello el filósofo también odia todo aquello que esté afectado por el cambio, por el devenir. Concluye Nietzsche que la idiosincrasia del filósofo es el egipticismo, es decir, el aprecio desmedido por una vida más allá de la muerte, por la conservación, por la perdurabilidad, por la eternidad. Es propio de la cultura egipcia la voluntad de negar el tiempo. Con esta crítica Nietzsche sitúa el origen del error metafísico no en su adorada Grecia sino en el decadente imperio egipcio. Platón, infiel al espíritu griego, se dejó conquistar en sus viajes por el odio egipcio al devenir, al tiempo, a la vida.

Nótese que la frase presenta una gradación ascendente de agresividad, un ejemplo de la musicalidad de la prosa de Nietzsche.
Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno],— cuando hacen de ella una momia.

Para el filósofo una cosa es más honorable si no está afectada por el tiempo sino que, por el contrario, está marcada por la eternidad, si es posible situarla sub specie aeterni. Naturalmente vida y eternidad son incompatibles por lo que marcar algo con el calificativo de eterno es matarlo, amortajarlo y “momificarlo”. De esta manera Nietzsche continúa explotando las connotaciones del “egipticismo”, la “idiosincrasia” del filósofo.
Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real.

Nietzsche concreta el significado de la expresión momia: se refiere a momias conceptuales, que no son más que las Ideas de Platón, esos conceptos eternos e inmutables pero inexistentes a los que Platón dio entrada en la filosofía “hace milenios”.
Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, —se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran.

Los filósofos “matan”. Para Nietzsche el salto desde la existencia individual al concepto o Idea implica necesariamente la muerte del individuo. Piénsese en la diferencia que existe entre un cuerpo bello, vivo, tangible y caliente, y la Idea de Belleza, tan abstracta, tan lejana y tan fría. Cuando el filósofo crea su Idea, su momia, mata al individuo que le da origen. La creación del concepto o Idea implica la disecación del cadáver, su evisceración y relleno para que lo muerto tenga aspecto de vivo.

Disecar cadáveres para el uso del cuerpo en la otra vida es asunto de gentes bárbaras, primitivas, “idólatras”. Los filósofos adquieren el aspecto de una tribu peligrosa capaz de las prácticas más macabras para satisfacer sus supersticiones, sus perversiones.
La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, —incluso refutaciones.

La perversión del filósofo es la condena de la vida por su miedo a la vejez, a la muerte, a la procreación. Un mundo afectado por estas características es un mundo que queda refutado. El origen del desprecio de Platón por el mundo sensible es su miedo a las “imperfecciones” de la vida, su falta de ánimo para enfrentar una existencia inevitablemente devorada por el tiempo.
Lo que es no deviene; lo que deviene no es…

Esta es la síntesis del error metafísico que arrastramos desde Parménides: el ser es inmutable, no deviene, mientras que el mundo sensible, afectado por el tiempo y por el cambio, es una ilusión, una sombra, un engaño y, no sólo eso, también es pecado, algo de lo que el filósofo debe purificarse.
Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es.

Golpes a la filosofía de Platón: las Ideas no son objeto de ciencia sino de creencia. Creencia, además, “desesperada”. ¿Por qué desesperada? Porque tiene su origen en el miedo a la muerte y el deseo rastrero de permanecer, de perdurar.
Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. “Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador?”—”Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad!

La sensibilidad, ese defecto que nos convierte en mortales bicéfalos (Parménides) o que nos mantiene encadenados en el fondo de la caverna (Platón) es el engañador, la impureza que nos aparta del verdadero camino del ser.

Obsérvese como Nietzsche explota las connotaciones de la comparación de los filósofos con una horda salvaje que persigue y captura al chivo expiatorio de sus males -la sensibilidad- para ejecutarlo.
Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero.

Que los sentidos nos engañan acerca del mundo verdadero, de lo que es, está claro desde Parménides y Platón. Pero no sólo nos engañan también nos corrompen. Apreciar los sentidos es propio de una conducta inmoral, pecaminosa.
Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir de la historia (Historie), de la mentira, —la historia: no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira.

Texto PAU:  Link

lunes, 15 de octubre de 2012

Friedrich W. Nietzsche

Friedrich W. Nietzsche

Percy C. Acuña Vigil


En este escrito presento información resumida a modo de apuntes de la vasta literatura escrita sobre la obra de un pensador extraordinariamente moderno, creador complejo y atormentado cuyas intuiciones aún se cuentan entre las más fructíferas del debate filosófico actual.

Friedrich Wilhelm Nietzsche nació en Röcken, Prusia, el 15 de octubre de 1844. Filósofo, poeta y filólogo, considerado como uno de los pensadores más importantes del siglo XIX. (+1900)

Se reconoce tres etapas fundamentales en su pensamiento: Una primera, estética o romántica, influenciada por el músico Richard  Wagner. En esta época  redacta "El origen de la tragedia a partir del espíritu de la música". Las primeras preferencias de Nietzsche en el terreno de la filosofía giran en torno al idealismo hegeliano, pero el pensador que en esos momentos influye en él con más fuerza es Arthur Schopenhauer. Su teoría se halla bajo el influjo del innatismo y la crítica de Schopenhauer al racionalismo hegeliano e intenta por caminos similares a los de aquél (la voluntad y la intuición) superar sus conclusiones pesimistas (la voluntad de vivir). [ ]

Una segunda, después de haber renunciado a la cátedra de Basilea, en la que su modo de vida modesto y austero se ve perseguido por sus problemas de salud. Es sobre todo en esta época donde se desarrolla su interés por la cultura griega, que tiene importancia fundamental en su filosofía. Estudia la obra de Platón y Aristóteles, y siente especial predilección por las figuras de Sócrates y Heráclito.

En el año 1881, publicó sus libros "Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales" y la primera parte de "La gaya ciencia", en donde cada vez demostraba con mayor ímpetu la moral establecida en esa época y criticaba duramente a las ideas de las masas, asegurando que pocas personas podían lograr pensar por sus propios medios.

Una tercera etapa, de madurez, se extendería hasta su internamiento en un hospital en Basilea en 1889, bajo síntomas de locura. En la segunda mitad de los 80, es el periodo en el que escribe la mayor parte de sus mejores obras: Así habló Zaratustra (1883-1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los dioses (1888), El Anticristo (1888), Ecce Homo (1889) y La voluntad de poder (1901).

Sin embargo a través de estos períodos late una perfecta unidad y un sistema filosófico. Genialidad estética y espíritu trágico,  música y desmesura son las categorías con las cuales construye su sistema. [ ]

 

Obra filosófica

La doctrina filosófica de Nietzsche poética y personal, es existencial. Nietzsche ejerció mucha influencia sobre la literatura alemana, así como sobre la literatura europea y la teología. Sus conceptos han sido discutidos y ampliados por varios filósofos alemanes como Karl Jaspers, Martin Heidegger, y Martin Buber, el teólogo germano-estadounidense Paul Tillich, y los escritores franceses Albert Camus y Jean-Paul Sartre, entre muchos otros.

Su pensamiento influyó poderosamente en el nacionalsocialismo (presentándose como la realización de la moral del superhombre) y en tendencias izquierdistas radicales (en cuanto parte de un absoluto comenzar de nuevo). 

La proclama de Nietzsche "Dios ha muerto" fue utilizada por teólogos radicales posteriores a la II Guerra Mundial (en especial por los estadounidenses Thomas J. J. Altizer y Paul van Buren) en sus intentos por adecuar el cristianismo a las décadas de 1960 y posteriores. La «muerte de Dios» que anuncia el filósofo deja al hombre sin la mezquina seguridad de un orden trascendente, y por tanto enfrentado a la lucha de distintas voluntades de poder como único motor y sentido de la existencia.

Su consideración del predominio de los instintos vitales sobre la razón es también un precedente fundamental del vitalismo. Como crítico de la cultura occidental, Nietzsche considera que su sentido ha sido siempre reprimir la vida (lo dionisíaco) en nombre del racionalismo y de la moral (lo apolíneo).

La distinción entre lo apolíneo y lo dionisiaco en la cultura griega y, a través de ella, en toda la cultura occidental, es resuelta por Nietzsche acentuando el último elemento, entendido como afirmación de la vida, como voluntad de vivir. Esta voluntad tiene como consecuencia una crítica del filisteismo cultural que Nietzsche extiende a la cultura burguesa y satisfecha, a la vida que no se resigna a vivir en peligro.

La filosofía, que desde Platón ha transmitido la imagen de un mundo inalterable de esencias, y el cristianismo, que propugna idéntico esencialismo moral, terminan por instaurar una sociedad del resentimiento, en la que el momento presente y la infinita variedad de la vida son anulados en nombre de una vida y un orden ultra terrenos, en los que el hombre alivia su angustia.

Su labor hermenéutica se orienta a mostrar cómo detrás de la racionalidad y la moral occidentales se hallan siempre el prejuicio, el error o la mera sublimación de los impulsos vitales.

Todo su trabajo apunta a la crítica de la sociedad europea, para la elaboración de su propia filosofía.

Su constante polémica contra la moral , lo que llama «moralina» es resultado de un análisis apasionado de la sociedad europea, de los valores que ve encarnados en el cristianismo, el socialismo y el igualitarismo democrático. Para Nietzsche todos estos valores son formas de una moral que debe ser superada con el valor supremo de la vitalidad ascendente, la voluntad de vivir y por la voluntad de poder.

El concepto de voluntad de poder, perteneciente ya a sus obras de madurez, se interpreta no tanto en un sentido biológico como hermenéutico: son las distintas versiones del mundo, o formas de vivirlo, las que se enfrentan, y si Nietzsche ataca la sociedad decadente de su tiempo y anuncia la llegada de un superhombre, no se trata de que éste posea en mayor grado la verdad sobre el mundo, sino que su forma de vivirlo contiene mayor valor y capacidad de riesgo.

El superhombre es el que vive en constante peligro, el que por haberse desprendido de los valores de una sociedad decadente hace de su vida esfuerzo y lucha. Tiene la moral del señor, opuesta a la moral del esclavo y del rebaño. Los valores de la vida ascendente son la virtú, el orgullo, la satisfacción por el riego, el amor a lo lejano, valores que ha rechazado la cultura presente.

La doctrina que ha dado lugar a numerosas interpretaciones es la del eterno retorno, según la cual la estructura del tiempo sería circular, de modo que cada momento debería repetirse eternamente.

Aunque a menudo Nietzsche parece afirmar esta tesis en un sentido literal, ello sería contradictorio con el perspectivismo que domina su pensamiento, y resulta en cualquier caso más sugestivo interpretarlo como la idea regulativa en que debe basarse el superhombre para vivir su existencia de forma plena, sin subterfugios, e instalarse en el momento presente, puesto que si cada momento debe repetirse eternamente, su fin se encuentra tan sólo en sí mismo, y no en el futuro.

El medio para sobrellevar esta doctrina es la trasmutación de todos los valores y sólo por ella cobra una significación adecuada.

Influencia afectiva

 



Nietzsche conoció a Lou Andreas-Salomé en 1882, quien ejerció influencia vital en él.  "Así habló Zaratustra" su gran poema filosófico nació como fruto del desengaño y la frustración por este amor imposible.

"Zaratustra" salvó de la locura a Nietzsche durante unos años. Tras la ruptura con Lou, habló de suicidarse; sacó fuerzas de flaqueza, rechazó la posibilidad de cualquier otro amor e intentó transmutar en fuerza interior su soledad. Seis años después se derrumbaría. A partir de 1889 su locura sería irreversible, murió el 25 de agosto de 1900.

Salomé fue una escritora prolífica, y escribió algunas novelas, obras y ensayos; fue también una creativa feminista. Tuvo un papel importante también en la vida de hombres claves de su tiempo: el periodista alemán Georg Lebedour, el poeta austro-húngaro Rainer Maria Rilke, y los psicoanalistas Sigmund Freud y Viktor Tausk, entre otros. Da cuenta de muchos de ellos en su libro Lebensrückblick.




Biografía de Nietzsche
 Referencia: Stanford enciclopedia
 Wicks, Robert, "Friedrich Nietzsche", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2011 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = .
 

Referencia:
Leiter, Brian, "Nietzsche's Moral and Political Philosophy", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2011 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = .
 

Biografía de Lou Andreas Salomé
Nietzsche
Lou Andreas Salomé
Lou Andreas Salomé 2

Andanzas de Salomé




Werner Ross, Friedrich Nietzsche: El águila angustiada: una biografía, paidos, iberica, 1994


Sin duda una de las más controvertidas y polémicas de la historia cultural europea, la figura de Friedrich Nietzsche continúa siendo también una de las más misteriosas y oscuras. Y ello hasta el punto de que, por ejemplo, sólo hoy empieza a aceptarse mayoritariamente que el olvido y el desprecio de sus teorías que se produjo al final de la segunda guerra mundial no respondió tanto, como muchas veces se ha dicho, al hecho de que su pensamiento pudiera haber servido de base parta el desarrollo del fascismo, como al clima de optimismo conformista que invadió entonces la escena europea: nada más contraproducente para ese período de reconstrucción que el vitalista nihilismo nietzscheano.

Por ello, el Nietzsche que acaba emergiendo de su libro es, sí, el angustiado aspirante a lo sublime que todos conocemos pero también el más influyente representante de esa descomunal crisis de la cultura burguesa occidental que estalló a finales del siglo pasado y continúa vigente aún hoy en día. Nietzsche, de este modo, deja de ser por fin el filósofo quizá peor interpretado de la historia, para convertirse en un pensador extraordinariamente moderno, un creador complejo y atormentado cuyas intuiciones aún se cuentan entre las más fructíferas del debate filosófico actual.

El turbulento universo nietzscheano, termina encauzándose en los límites de un apasionante relato biográfico y -situado en el contexto de la efervescencia cultural europea de la época- revelándose finalmente en su justa medida: la de una filosofía y una vida más allá de toda regla, más allá de cualquier sistema.

Video sobre Nietzsche y Freud


Nietzsche und Freud!


Nietzsche!


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