martes, 1 de noviembre de 2016

Personalidad anética y Sociedad anómica

Personalidad anética

Bitácora: PERCY C. ACUÑA VIGIL

Según Kurt Schneider, en su libro "La personalidad psicopática" (1923), la personalidad anética es un trastorno de personalidad.


El anético corresponde al antisocial. Psicópata anético o desalmado. Denominado así por carecer de ética. Sus relaciones personales son escasas y no establece relaciones cálidas y tiernas. Delinque constantemente y no se arrepiente de sus delitos. Desde pequeños son crueles con sus compañeros del colegio y con los animales.

Bitácora: PERCY C. ACUÑA VIGIL

La palabra no pertenece al griego clásico, sino que es un neologismo que ha tenido auge en el siglo veinte. El término es acuñado en el primer tercio del siglo XX, exactamente en el período de entreguerras, para indicar la situación psicopática de la carencia de ética. Este significado psicológico es el más común y difundido a lo largo de su joven historia, pero no han faltado nuevas interpretaciones que han enriquecido su contenido, sobre todo de carácter filosófico, y de ahí se ha difundido al ámbito del derecho y de la politología.


Según el psiquiatra Kurt Schneider, en su libro "La personalidad psicopática" (1923), la personalidad anética es un trastorno de personalidad en la que el individuo se muestra incapaz de adaptarse a la vida social y de conciliar con ella sus propios instintos y sus propias tendencias. Se trata la psicopatía de una anormalidad y no de una degeneración, que presenta dos variedades:

 1. Las Fundamentales: hipertímicas (exceso de vitalidad y proyectos sin realización), depresivas y de inseguridad (senttimientos de culpa y desconfianza en sí mismo), fanáticas y fóbicas (delirios megalómanos) y explosivas (exceso de proyección del sujeto hacia el exterior).

 2. Las Atímicas: donde el sujeto carece totalmente de sentido moral, social y de culpa; las abúlicas (influenciabilidad, falta de reacción) y las asténicas (incapacidad de concentración mental, deficiencia de memoria, etc.). Actualmente se diferencia la psicopatía, la psicosis y la psiconeurosis.


De este modo en Schneider lo anético no coincide plenamente con la personalidad psicopática sino solamente con una de sus variedades, a saber, la psicopatía atímica, donde el individuo carece totalmente de sentido moral.

De la psiquiatría la noción pasó sin dificultad a la filosofía, al derecho y a la politología gracias a la obra del filósofo Flores Quelopana. Gustavo Flores Quelopana, le ha dado una dimensión antropológico-filosófica para explicar el tipo humano imperante en la sociedad capitalista posmoderna donde gravita el "todo vale", el egoísmo y el mercantilismo, como signo de una civilización decadente que abandonó la razón, el humanismo y los valores trascendentes (El imperio posmoderno del hombre anético, Lima 2004). En el vocabulario filosófico es todavía nuevo el uso del término "anético".


Anético es el término que se acuña por primera en la bibliografía filosófica peruana en la obra Imperio Postmoderno del Hombre Anético, donde es empleado para denominar al acto moral por medio del cual la mentalidad moderna convierte al hombre en una criatura sin absoluto. Este acto moral del hombre anético pertenece a una época en que se completa el proceso de extinción de lo divino y tras perder el nexo ontológico entre Dios y la Criatura, pierde también su propia condición de criatura. Lo anético no afecta la capacidad humana de sentir lo divino, sino su voluntad de lo divino. Por eso, remarca Flores que el lema del hombre anético ya no es “Dios ha muerto”, sino “El hombre ha muerto”. Con la muerte de Dios el hombre anético, que coincide con el “todo vale” de la época postmoderna, sepulta algo muy esencial de su ser, a saber, el contacto con lo Absoluto. El anetismo también señala el tránsito del pensamiento contemporáneo de la cultura de la increencia a la cultura del nihilismo, pero se trata de un nihilismo integral, como nunca antes visto en la historia universal

Justamente refiriéndose a la obra del filósofo limeño Flores Quelopana el término ha tenido fortuna y repercusión también en el derecho, donde el Dr. Ñique de la Puente sostuvo en su tesis de doctorado "El humanismo jurídico en San San Marcos" (Lima 2004) que el anetismo es el principal problema que afronta el humanismo contemporáneo.

Por su parte, el politólogo Francisco Miró Quesada Rada, también refiriéndose a la obra de Flores Quelopana ha destacado la importancia de la categoría del "hombre anético" para comprender el fenómeno del neoliberalismo (Filosofía del neoliberalismo, El Comercio 29-12-03) enfatizando la idea de que la sociedad anética maneja a los seres humanos como una cosa entre las demás cosas.

Bitácora: PERCY C. ACUÑA VIGIL

Sociedad anómica

No hace falta ser un entendido para aceptar que nuestra sociedad tiene un serio problema de anomia, es decir, con el cumplimiento de las normas y que ello se extiende desde lo mas encumbrado del poder hasta los habitantes de viviendas precarias. Los ejemplos son innumerables: actos de corrupción protagonizados por encumbrados miembros del gobierno y empresarios, cortes de calles y rutas llevados a cabo por individuos de las clases sociales mas pobres, robos con gran violencia, generalizada violación de las normas de tránsito, episodios de aguda violencia callejera y en el fútbol, etc. Esta comportamiento anómico se agudizó progresivamente con la descomposición social ocurrida desde la llegada de los Españoles al Perú en 1532, con los efectos de las reformas Borbónicas que se mantuvieron durante casi 300 años creando patrones de conducta desviada y posteriormente con el desastre a partir de 1821.

Esta sociedad así construida, tiene como herencia resultado un Estado anémico, con gran debilidad para conducirla a un situación de civilidad. Un estado cuya principal característica es recaudar y gastar pero incapaz de que ese gasto tenga una efecto benéfico proporcional a su volumen. El caso educativo es un ejemplo muy claro: una gran inversión educativa en el sector público con resultados mediocres para ser generosos. Pero también esta incapacidad se expresa en las carencias de los organismos estatales para asegurar sanidad del medio ambiente, protección al consumidor, servicios de transporte adecuados, protección de la vida y pertenencia de las personas, etc. Y al hablar de Estado no me refiero solo al Poder Ejecutivo sino también al Judicial, en el que junto a magistrados y fiscales ocupados en evitar que la selva se torne mas feroz, existen aquellos que enmarañan la administración de justicia cuando no son socios activos de la corrupción. Todo ello en el marco de un sistema de legislación cuya pretensión de modernidad y vanguardismo choca con el primitivismo social y la incapacidad estatal.

La consecuencia de esta anomia social y anemia estatal es la proliferación de todo tipo de delitos y de impunidad produciendo realimentación entre ellos: las bajas probabilidades de ser castigado o recibir castigos leves es un poderoso impulsor de la repetición y extensión de la transgresión. Los intentos frecuentes de linchamiento no son sino una reacción enfrentada con las normas por parte de una sociedad que poco las respeta en respuesta a la percepción de falta de castigo al transgresor.



El tema del neoliberalismo es inevitable en el quehacer de la enseñanza filosófica, las ideas que se exponen en el siguiente artículo pueden servir para aclarar algunos conceptos.
El Comercio 29-12-03
Filosofía del neoliberalismo

Francisco Miró Quesada Rada Politólogo

El joven filósofo y profesor de la Universidad Ricardo Palma Alfonso Jaguande DAnjoy ha publicado un interesante ensayo, con prólogo de Francisco Miró Quesada Cantuarias, sobre el neoliberalismo. Destaco este hecho porque si bien las justificaciones o críticas a este liberalismo remozado por lo general provienen de economistas, politólogos, juristas y psicólogos peruanos, en nuestro medio es escasa la producción filosófica sobre esta materia.
El ensayo se refiere a lo que es el liberalismo como concepción del mundo, es decir, en cuanto ideología que justifica una manera de proceder, pero también de ver el mundo y la vida.Para Jaguande los principios rectores del neoliberalismo no son diferentes, al menos en lo esencial a la teoría liberal del siglo XIX, que tiene una pléyade de importantes exponentes como por ejemplo John Stuart Mill y Jeremías Bentham.
Este liberalismo reafirma la concepción idealista de libertad y es a partir de ella que justifica la libertad industrial, proclama la libre concurrencia, sin limitaciones, que se expresa en la ausencia total de reglamentación en las relaciones capital-trabajo.
Jaguande explica que el neoliberalismo aplica estas categorías privilegiando al capital sobre el trabajo y el predominio del mercado sobre cualquier otra actividad humana.
Sostiene que hay un trasfondo ideológico de raíz fundamentalmente economicista que simplifica la idea de cultura y por ende del ser humano a las reglas de mercado. Esta idea se impone subliminalmente como pensamiento único. Es solo a través del mercado, la libre competencia, las privatizaciones y las desregulaciones que se puede mejorar la condición humana. Esta generalización y simplificación condiciona el pleno desarrollo humano al mercado.
De esta manera, el neoliberalismo se convierte en un determinismo que es precisamente una concepción criticada por los mismos liberales. Nuestras vidas están determinadas por el mercado y no podemos salir de este destino inexorable. Se produce entonces un nuevo encantamiento, que no es el de la razón, la justicia, la divinidad, la verdad científica, sino las relaciones de mercado.
Lo ideológico del neoliberalismo, del entender del doctor Jaguande, consiste en esconder una realidad y en deformarla, porque crea un velo teórico a un hecho innegable como es el aumento de la pobreza en la mayoría de las naciones, la marginación y exclusión social que se ha expandido en el mundo precisamente por aplicarse las recetas económicas neoliberales.
De esta manera, el ser humano se convierte en una pieza adicionada al proceso productivo, el que como una máquina puede ser desechado cuando no se adecúa a las reglas establecidas por el mercado, situación que otro filósofo peruano, Gustavo Flores Quelopana, califica de anética; es decir, sin ética, porque el hombre de la cultura técnica no es inmoral sino amoral, anético, ya que se conduce valorando a los demás seres humanos con el mismo criterio con que valoramos las máquinas, apreciándolos según la utilidad que reportan a la sociedad.
La crítica filosófica del neoliberalismo, del profesor Jaguande, abre un nuevo espacio para la reflexión sobre este fenómeno ideológico que se nos presenta como verdad absoluta y que sin embargo reduce toda la vida humana a la competencia y a la producción.


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