sábado, 3 de marzo de 2018

ENSAYOS / ESSAIS

REDESCUBRIENDO A UN FILÓSOFO HÍBRIDO: GEORGES CANGUILHEM



Francisco Vázquez García

Universidad de Cádiz
francisco.vazquez@uca.es
Recibido: 26-12-2013; Aceptado: 07-01-2014.

Cómo citar este artículo/Citation:
Vázquez García, Francisco (2014), Redescubriendo a un filósofo híbrido: Georges Canguilhem, Asclepio, 66 (2): p065, doi: http://dx.doi.org/10.3989/asclepio.2014.29

Copyright: © 2014 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.

La obra del filósofo y médico francés Georges Canguilhem (Castelnadaury 1904- Marly le Roy 1995) conoce en la actualidad un extraordinario revival. Este se produce tanto a escala nacional francesa como internacional, y con un radio interdisciplinar, involucrando a especialistas de las más diversas materias (genetistas, ecólogos, neurocientíficos, biotecnólogos, médicos, sociólogos, psicólogos, historiadores de las ciencias, filósofos). 

Este despegue del interés se inició poco antes de su fallecimiento, y queda testimoniado en la multiplicación de coloquios sobre su pensamiento, monografías en forma de libros o de números de revista, traducciones de sus escritos a diversas lenguas y centros de investigación y documentación que llevan su nombre (Le Blanc, 2003, p. 9; Debru, 2004, pp. 28-29).



Hasta mediados de la década de 1990, Canguilhem era considerado un filósofo relevante pero “menor” (Bouveresse, 2011, p. 8), destacando por el magisterio que ejerció sobre pensadores más conocidos, como Michel Foucault, Pierre Bourdieu o Louis Althusser y su círculo. Más que un filósofo en el pleno sentido de la palabra, se le consideraba como un autor con una obra relativamente reducida, muy confinada en el terreno específico de la historia de la medicina y de las ciencias de la vida, encuadrado en la denominada “escuela de epistemología histórica francesa” (Cavaillés, Koyré, Bachelard, Foucault). Los estudios existentes, poco numerosos hasta los años noventa, lo presentaban como heredero del tipo de historia de las ciencias forjada por Gaston Bachelard (a quien sucedió en 1955 como director del Institut d’Histoire des Sciences et des Techniques de la Sorbonne) y como maestro de Michel Foucault, cuya tesis de Estado dirigió en 1961. Su propia contribución como epistemólogo e historiador de la medicina y la biología, quedaba así un tanto desdibujada entre el análisis bachelardiano de las ciencias físicas y químicas, y los estudios “arqueogenealógicos” de Foucault sobre las ciencias humanas.

Esta situación comenzó a cambiar radicalmente a partir de 1994. En esa fecha, la editorial neoyorkina Zone Books publicó una extensa antología de textos suyos (Delaporte, 1994), dando así a conocer su obra al público anglosajón, pues hasta entonces sólo se habían vertido al inglés dos textos de Canguilhem, On the normal and the pathological (1978) e Ideology and rationality in the history of life sciences (1998). De hecho, el público norteamericano, cuya tradición en epistemología estaba dominada por la filosofía analítica, importada a través de Wittgenstein y de los exiliados del Círculo de Viena,[1] sólo se había interesado por Canguilhem a través del magisterio que este había ejercido sobre Michel Foucault, cuyos textos conocían un verdadero “boom” en Estados Unidos, desde la década de los ochenta. Pero lo novedoso de esa antología es que contenía una completísima bibliografía crítica sobre Canguilhem, realizada por su discípulo Camille Limoges.

Pues bien, en esa bibliografía se incluía a la referencia a más de 100 trabajos de Canguilhem, publicados entre 1926 y 1939, la mayoría artículos de revista y recensiones (en algunos casos firmados con seudónimo), pero también tres libros, uno de ellos un manual (Traité de logique et de morale, 1939, redactado junto a Camille Planet); en los otros casos se trata de escritos breves. El primero, redactado junto a Félicien Challaye, vio la luz en 1932, con el título La paix sans aucune réserve. El segundo fue encargado en 1935 por el Comité de Vigilances des Intellectuels Antifascistes y se tituló Le fascisme et les paysans. La casi totalidad de ese corpus había pasado desapercibida para la crítica, que rutinariamente databa hasta entonces la primera obra de Canguilhem en 1943, su tesis de medicina, defendida en la Universidad de Strasbourg, replegada en Clermont Ferrand durante la ocupación. Se titulaba Essai sur quelques problémes concernant le normal et le pathologiqie. El propio Canguilhem, por otro lado, siempre había guardado silencio sobre esa primera etapa intelectual suya. Se ponía así al descubierto un “Canguilhem perdido” (Braunstein, 2011), un “Canguilhem antes de Canguilhem” (Braunstein, 2000), de modo que la que se estimaba como su opera prima era en realidad una investigación de madurez.

La bibliografía publicada por Camille Limoges puso sobre la pista a toda una serie de investigadores, empezando por Jean François Braunstein, y continuando con una larga serie de estudiosos (Yves Schwartz, Elisabeth Roudinesco, Dominique Lecourt, Pierre Macherey, Xavier Roth, François Dagognet, François Delaporte, Guillaume Le Blanc, Claude Debru, Camille Limoges, Gilles Renard, Guillaume Pénisson, Cyryaque Ebissienine)[2] que, desde la segunda mitad de los noventa, han iniciado una reinterpretación a fondo del legado filosófico de Georges Canguilhem. Este proceso culminó recientemente con el inicio de la publicación de sus Oeuvres Complètes (5 volúmenes previstos), por la editorial Vrin. El primer tomo, que vio la luz en 2011, contiene precisamente ese “corpus de juventud”, Écrits philosophiques et politiques 1926-1939, con la inclusión de varias introducciones y estudios realizados por algunos de los especialistas que se han mencionado.

Todas estas iniciativas desplegadas a raíz del descubrimiento del “Canguilhem perdido”, han llevado a replantear por completo el significado de su obra. Canguilhem ya no es tenido en cuenta simplemente como un historiador de la biología y la medicina, ni siquiera como un epistemólogo de estas disciplinas. Hoy se le considera como un filósofo en el pleno sentido de esta palabra, de modo que, no sólo se pone al descubierto su pretensión de fundar una antropología filosófica (Saint-Sernin, 1996, Le Blanc, 2002, Debru, 2004) a partir de las disciplinas biomédicas, sino su vocación de filósofo práctico. Es decir, los aspectos morales y políticos (e incluso estéticos) aparecen como los elementos nucleares de su programa filosófico, desde un fuerte compromiso con los valores universales de la justicia y la igualdad.

El análisis de este dilatado itinerario juvenil, hasta hace poco desconocido y que llega prácticamente a la cuarentena de Canguilhem, se ha llevado a cabo en dos trabajos recientes. El primero es una obra colectiva, publicada en 2013, que recoge los trabajos presentados en el Coloquio “Un entre-deux-guerres philosophique: la formation de Georges Canguilhem”, celebrado en París VIII, el 14 y 15 de junio de 2012. El segundo recoge la tesis doctoral de Xavier Roth sobre la génesis del pensamiento de Canguilhem, recientemente editada por Vrin.




En el primer caso se recoge casi una veintena de trabajos realizados por estudiosos procedentes de los cinco continentes. Su denominador común es la exploración de los escritos del Canguilhem joven, evitando al mismo tiempo la tentación de explicar toda la obra posterior del filósofo partiendo de esa etapa inicial.

Los coordinadores del volumen distribuyen las distintas intervenciones en seis grandes secciones temáticas. La primera (“Philosopher”) incluye dos aportaciones (Macherey, Vauday), dedicadas a dilucidar los rasgos de la actividad filosófica en el joven Canguilhem. Macherey insiste en que la filosofía constituye para Canguilhem una tarea normativa, no destinada a producir verdades sino a considerar el valor de la verdad (la ciencia) en relación con otros valores (la técnica, el arte, la moral, etc). La instancia desde la que se ejerce ese examen normativo sería para el primer Canguilhem, formado en el idealismo kantiano de sus maestros (Alain, Lagneau), el espíritu. Pero desde finales de la década de los treinta, este sería reemplazado por la vida. Aquí se entiende el perfil híbrido del filosofar de Canguilhem, no centrado en pensar a partir de los grandes autores de la tradición filosófica, sino del material suministrado por saberes ajenos a la Historia de la Filosofía. Vauday, por su parte, subraya las coincidencias tempranas de filosofía y medicina en el joven Canguilhem. En ambos casos se trata, no de enunciar grandes leyes explicativas, sino de diagnosticar, de evaluar condiciones siempre singulares.

La segunda sección (“Pacifisme et Résistance”) se dirige más bien hacia la trayectoria política del pensador de Castelnaudury. ¿Cómo explicar su tránsito, mediada la década de 1930, desde el pacifismo de Alain hacia el compromiso con la Resistencia? Renzi Ragghianti indaga las bases del pensamiento político de Alain y rastrea su dilatada presencia en los textos del primer Canguilhem. Georges Navet, por otro lado, muestra de qué modo una filosofía rebelde contra la sumisión a los hechos, en línea con Alain, pero al mismo tiempo sensible respecto a las singularidades históricas, frente al esencialismo de Alain, condujo a Canguilhem hacia la Resistencia.

La tercera sección (“Le Penseur et le Saltimbanque”) incluye una serie de colaboraciones que conectan las decisiones políticas del primer Canguilhem con su temple filosófico como formador del juicio. Laurence Cornu relaciona el viraje intelectual del joven pensador, matriculándose en la Facultad de Medicina cuando era profesor de filosofía en un liceo de Toulouse, con su inflexión política, renunciando al pacifismo. En ambos casos se constata una toma de partido por las fuerzas que resisten a la muerte, una opción por la vida humana, concretada en el compromiso médico y antifascista. Emmanuel Péhau muestra de qué modo el servicio militar funcionó en Canguilhem como una experiencia crucial, que a contrario, le puso al descubierto las exigencias de una vida realmente humana, afrontada como conquista de uno mismo mediante la forja del propio juicio. Didier Moreau cierra este apartado con un artículo que desentraña con minuciosidad la pedagogía filosófica del Canguilhem temprano. Esta apuntaba a elevar la experiencia humana hacia el ideal de justicia, más allá de toda apelación a una naturaleza dada en el hombre.

La cuarta sección (“Contre le culte du fait: critique de la psychologie et des sciences humaines”) contiene un conjunto de aportaciones centradas en el diálogo del joven Canguilhem con las ciencias del hombre, y en particular en su confrontación con la psicología. Jean François Braunstein, uno de los mejores conocedores de la obra canguilhemiana, reconstruye, mediante el estudio de los textos de juventud, la génesis de los argumentos de Canguilhem (epistémicos y morales) frente a la psicología del comportamiento. Se recomponen así las continuidades y deslizamientos que conducirán a las influyentes intervenciones de madurez, de 1956 y 1980 respectivamente, donde el filósofo francés se despacha contra esta disciplina.

Alejandro Bilbao, por su parte, pone de manifiesto cómo el psicoanálisis, a diferencia de la psicología conductista, gozaba de la estima de Canguilhem, cuya antropología de lo negativo no dejaba de coincidir con las aportaciones freudianas. Rachid Dehdouh insiste en este mismo asunto, trayéndolo a la actualidad. Hoy en día, el psicoanálisis y la psicología cognitiva escaparían a la crítica canguilhemiana, que ve en la psicología una “escuela de sumisión a los hechos”. Aurore Jacquard da término a este apartado contrastando las críticas de la psicología realizadas respectivamente por Canguilhem y Lacan. Ambas parecen abrir un mismo modo de pensar la subjetividad, situado más allá de la psicología introspectiva y del conductismo.



El quinto apartado (“Les valeurs de la vie, la médécine, la biologie”) se sitúa ya en el momento del desplazamiento canguilhemiano desde el idealismo hacia el vitalismo. Mazarine Pingeot enfatiza la importancia del artículo de Canguilhem sobre Descartes y la técnica (1937), tanto para la interpretación de la obra cartesiana como para la elaboración de una filosofía que recalca la precedencia de la técnica sobre la ciencia. Cristina López, por su lado, evoca a Foucault para explicar por qué el vitalismo de Canguilhem rompe los márgenes de la filosofía del sujeto. Esta constituye un obstáculo para comprender los nexos que vinculan a la vida misma, en sus bases moleculares, con el conocimiento biológico. Lucie Rey se retrotrae sin embargo a la obra del cirujano René Leriche, mostrando, más allá de las críticas de las que fue objeto por parte de Canguilhem, la filiación spinozista de ambos pensadores. Elena Donato, finalizando este bloque, en uno de los trabajos más interesantes del volumen, reconstruye la teoría canguilhemiana de la creación, insinuada ya en la década de 1930, y pone al descubierto una subyacente estética en el pensamiento de Canguilhem.

Los ensayos que componen la sexta y última sección (“Canguilhem, historien des sciences”), lidian ya con problemas que nos devuelven la imagen de un Canguilhem más familiar, epistemólogo e historiador de las ciencias. Todos ellos relacionan los planteamientos canguilhemianos con los de autores próximos. Pierre Cassou-Nogués, por ejemplo, considera que las tesis de Estado y complementaria, defendidas por Jean Cavaillès en 1938, inauguran esa radical conversión histórica del kantismo, que la propia epistemología de Canguilhem prosiguió, con sus propios medios, en el ámbito de las ciencias de la vida. François Delaporte traslada la discusión desde Cavaillès hasta Foucault. Polemiza con la lectura de Canguilhem efectuada por Étienne Balibar.

Según este, la diferencia foucaultiana entre “estar en la verdad” y “decir la verdad”, deforma, para uso propio, lo que habían sugerido Koyré y Canguilhem a propósito de Galileo. Delaporte desmiente a Balibar; Foucault comprendió y se atuvo perfectamente al distingo que realizó su maestro. Abundando en la pista foucaultiana, Monique David-Ménard encuentra el eje que vincula el quehacer filosófico de Canguilhem y de su discípulo de Poitiers, con la epistemología kantiana. Del mismo modo que el pensador de Königsberg, sus modernos secuaces franceses articulan el filosofar a partir de un doble movimiento: el gesto escéptico, poniendo al descubierto las ilusiones con las que debe romper la razón para constituirse, y el gesto crítico, trazando los límites dentro de los cuales conceptos (Canguilhem) y enunciados (Foucault) funcionan dibujando una forma de racionalidad específica.

Aunque todos los estudios reunidos en el volumen comparten el mismo interés por redefinir el alcance filosófico de Canguilhem a partir de la interpretación de su obra de juventud, queda patente la dispersión temática que preside el conjunto. Esto no sucede en la monografía publicada por Xavier Roth. Producto de una tesis doctoral defendida en 2010, bajo la tutela de Claude Debru y Camille Limoges, en su investigación se asiste a la gestación de Canguilhem como uno de los grandes filósofos del siglo XX.

En efecto, Canguilhem se ocuparía de los problemas clásicos de la filosofía, pero esa condición de filósofo quedaría encubierta por los medios intelectuales utilizados, sustentados en estudios de historia de la ciencia y epistemología, sumamente circunscritos y específicos. De ahí lo enigmático de una obra aparentemente modesta que ha influido decisivamente en pensadores de la talla de Foucault, Bourdieu o Althusser; lo sorprendente de un autor ocupado con asuntos teóricos muy especializados y poco dado a efusiones sobre las vivencias y el compromiso, que sin embargo se involucró hasta los tuétanos en la Resistencia. De ahí también lo chocante de una reflexión sobre la medicina que, pese a remitir a un saber biomédico periclitado en muchos sentidos (el de las décadas de 1940 y 1950), sigue conservando una extraordinaria vigencia y actualidad.

Semejante condición paradójica es el punto de partida del trabajo de Roth. Este introduce el problema realizando una introducción general a la filosofía de Canguilhem. Esta se identifica en lo esencial con una historia de las ciencias asentada a su vez en una filosofía de la medicina que afronta la vida como creación de valores. El cometido del libro consiste en trazar la génesis de este concepto vertebral; el de “normatividad biológica”. Sin negar las fuentes biomédicas alemanas de esta noción en Canguilhem (Goldstein sobre todo, pero también Uexküll, Herxheimer, Von Weiszacker, Jaspers), se insiste en que el encuentro fecundo con la tradición teutónica sólo fue posible a partir de la previa formación filosófica recibida.

Se tratará entonces de restaurar esa herencia filosófica viendo cómo la categoría de “normatividad vital” y por extensión, todo el proyecto teórico de Canguilhem, se arraigan y a la vez se separan de aquélla. Ese legado en el que se formó Canguilhem es el del neokantismo francés, conformado principalmente en torno a la dinastía compuesta por Lachelier, Lagneau y Alain. No se trata sólo de unos textos, sino de todo un “estilo de pensamiento” (Fleck), lo que se conoce como el “análisis reflexivo”. En la primera parte de su estudio, Roth delimita los perfiles y los jalones de este estilo, a través de un conocimiento exhaustivo de la producción juvenil de Canguilhem, tanto la publicada como la inédita, y de la difícil familiaridad con las obras de sus antepasados teóricos. Analiza así el modo en que la conversión antropológica de la epistemología kantiana marcó decisivamente las disposiciones filosóficas de Canguilhem.

Lagneau y Alain impulsaron un filosofar emplazado en la estela de Kant, que consistía en preguntarse, ante toda experiencia dada (perceptiva, cognitiva, técnica, artística, etc.), cuáles eran sus condiciones trascendentales de posibilidad. Estas quedaban fundadas, en último término, sobre la actividad sintética del espíritu, identificada con la facultad de juzgar, esto es, con la posición de valor que unifica lo dado y que está presente, según estos autores, ya en el nivel de la percepción. Alain le dio a la analítica trascendental kantiana un giro decididamente moral. El juicio denotaba la dignidad del sujeto, cuyo empeño era la ordenación, esto es, la evaluación de una materia de suyo caótica e indiferente. Se consagraba así la oposición entre el espíritu y el mundo. Todo el énfasis en la condición normativa del quehacer filosófico, toda la rebelión frente al determinismo de cualquier índole, presentes en Canguilhem, encuentran aquí su raíz. Roth efectúa, con minuciosidad de orfebre, la reconstrucción de los vericuetos conceptuales y personales que vinculaban al joven Canguilhem con esta herencia del kantismo francés.

Tras esta primera parte en la que se da cuenta de la filiación de Canguilhem con sus maestros kantianos y se ofrecen las primeras pistas sobre sus desplazamientos respecto a este legado, se abre un capítulo de transición. En este se despliega una visión sintética del cambio experimentado en la trayectoria de Canguilhem. Este trastocamiento le llevaría a separarse del idealismo kantiano de formación sin dejar por ello de conservar, como instancias permanentes, algunos de sus motivos inspiradores. Una clave para comprender este cambio la suministra el comentario entusiasta de Canguilhem publicado a raíz de la aparición de Les mots et les choses (1966), de Michel Foucault.

En ese texto, el maestro parecía advertir en el libro del discípulo una explicación profunda de su propio tránsito desde el idealismo kantiano hasta el vitalismo. En el decurso de la episteme moderna, las condiciones de posibilidad de la experiencia dejaban de consistir en la unidad sintética de la apercepción, esto es, en la actividad juzgadora de un sujeto pensante, de un Cogito. Entre mediados de la década de 1930 y en el transcurso del siguiente decenio, Canguilhem llegó a identificar las condiciones a priori de la experiencia, ya no con el sujeto, sino con la vida afrontada como creación de valores. El Cogito dejaba así su lugar a un trascendental objetivo y empírico, la Vida, un proceso que Foucault había examinado en la mencionada obra, a escala del pensamiento occidental.



Pues bien, tras esta suerte de flashward que nos hace saltar hasta 1966, la segunda parte de la monografía de Roth se dedica a recomponer paso a paso, delimitando cuidadosamente sus distintas etapas, ese proceso de ruptura de Canguilhem respecto a su herencia kantiana. En realidad se trata de un desplazamiento, pues el problema nuclear se mantiene constante, y no es otro que el de la unidad de la experiencia. ¿Qué es lo que unifica la experiencia y sus distintos registros valorativos? El retrato que se efectúa de esta evolución dista de ajustarse a una imagen lineal. Si Lagneau había mostrado que el entendimiento como facultad teórica se subordinaba al juicio como decisión evaluadora, Canguilhem iba a subrayar, tras el largo rodeo reflexivo de los años treinta sobre la precedencia de la técnica y la creación, que la medicina constituye un saber normativo, sustentado en el acto de juzgar, que se corresponde a su vez con la propia actividad normativa del viviente.

Este viraje del entendimiento al juicio y del juicio a la acción, tiene también su vertiente práctico-política. Canguilhem fue un fiel seguidor del pacifismo de Alain, pero la nueva deriva hacia lo concreto –que el filósofo de Castelnaudary compartía con su unidad generacional, hacia la primacía de la acción respecto a los principios teóricos, le llevó a desarrollar una sensibilidad por las singularidades históricas de la que su maestro carecía. 

Aquí se sitúan el interés y a la vez las reticencias de Canguilhem respecto al marxismo, que llegaron a su momento más intenso en 1935, con la publicación de Le fascisme et les paysans, y que Roth examina con mucho detenimiento. Aquí se localiza, asimismo, la proximidad vivida por Canguilhem en Toulouse, con los republicanos españoles y su experiencia del fascismo y la guerra. Esto sería decisivo, según Roth, no sólo en la biografía política de Canguilhem, con la renuncia al pacifismo, sino también en el modo de plantear el problema de la unidad de la experiencia. Aquí se entroniza también el encuentro con Cavaillès y la decisión de involucrarse activamente en la Resistencia.

En su exposición, Roth considera cruciales para marcar la distancia de Canguilhem con Alain, las reflexiones del primero sobre la técnica y la creación, publicadas en los últimos años treinta y comienzos de los cuarenta. La técnica, guiada por exigencias vitales, implica desbordar la voluntad de verdad dictada por el entendimiento; se funda en ficciones, en errores que sólo ex post facto serán denunciadas por el pensamiento científico. Esta prioridad del error y de la ficción era inadmisible en el programa filosófico de Alain y del análisis reflexivo. El paso siguiente consistirá en identificar la vida y sus necesidades (“exigencias del viviente”) como raíz de ese movimiento de construcción y destrucción de ficciones, que en último término caracterizará a la historia de las ciencias biológicas. En esta pendiente, Canguilhem se encontrará con la epistemología bachelardiana y su primado del “error”, la “rectificación” y la “ruptura epistemológica”. Por otro lado, la identificación de la “vida” como actividad sintética ordenadora de la experiencia cobrará forma en el concepto clave de “normatividad vital”.

Roth reconstruye con rigor y meticulosidad esta travesía, deslindando los principales debates, las convergencias y las divergencias, revisando algunos tópicos (la relación del tronco Alain-Canguilhem con el vitalismo de Bergson) y polemizando sobre otros (poniendo en tela de juicio la sobredimensionada influencia de Goldstein, de Marx o de Nietzsche sobre Canguilhem). Se trata sin duda de una historia internalista, centrada en delimitar las filiaciones y las transformaciones conceptuales (sobre todo en el eje constituido por Lagneau, Alain y Canguilhem), pero que no deja de evocar la relación de éstas con las alteraciones en la biografía política de Canguilhem y con la atmósfera cultural y social del momento. Sería no obstante conveniente completar el estudio histórico-conceptual de Roth con un estudio sociogenético que explorara a fondo la formación del habitus filosófico de Canguilhem en el entrecruzamiento de los universos sociales e intelectuales, al modo en que Moreno Pestaña (2006) lo hizo con Foucault. Pero esa es otra tarea.

Los dos textos comentados pueden servir de acicate para una recuperación hispánica de la obra de Canguilhem. De hecho ya existen algunos signos del renovado interés por su obra en los países de lengua española. Desde hace unos pocos años, la editorial bonaerense Amorrortu, está publicando las principales obras de madurez del filósofo, aún no vertidas en nuestra lengua,[3] y comienza también a proliferar la literatura secundaria. En nuestro país, quitando el caso aislado de algunos historiadores de la medicina (Laín Entralgo y sobre todo Felipe Cid), este autor sólo empezó a interesar a partir de la década de los 70, leído desde la exégesis que hacían de él los discípulos del filósofo marxista Louis Althusser como forjador de una epistemología de bases materialistas. Posteriormente, las referencias a Canguilhem han venido sobre todo de parte de los comentaristas españoles de la obra de Foucault, dado el eco extraordinario que ha conocido en nuestro país el pensamiento de este último. Curiosamente, una filosofía como la de Canguilhem, identificada explícitamente con un “vitalismo racionalista”, que tantas similitudes guarda, en su filosofía de la vida como “aventura”, de la técnica, del perspectivismo, de la ética “deportiva” (Braunstein, 2011: 118) y en su antropología, con el “raciovitalismo” de Ortega y con la filosofía médica de Laín Entralgo (Montiel, 2008), no ha sido hasta ahora estudiada en España por sí misma. Ya es hora de que esto cambie.


AGRADECIMIENTOS
Este trabajo se ha realizado gracias a la financiación de la Dirección General de Investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación, dentro del proyecto “Vigilancia de fronteras, colaboración crítica y reconversión: un estudio comparado de la relación de la filosofía con las ciencias sociales en España y Francia (1940-1990)”, referencia FFI2010-15196 (subprograma FISO).

NOTAS 
[1]
Sobre la recepción británica y norteamericana de Canguilhem, véase respectivamente Gordon, 1998 y Grene, 2000. Sobre la recepción alemana, véase Schöttler, 2012.
[2]
Esto no confina la existencia de eminentes conocedores de la obra de Canguilhem al mundo francés. Conocidos filósofos anglonorteamericanos como los estadounidenses Paul Rabinow y Arnold Davidson, el canadiense Ian Hacking 1998 o el británico Nikolas Rose, han publicado trabajos sobre Canguilhem. Aparte de esto hay que mencionar los trabajos de estudiosos italianos (Cammelli, Bianco, Cutro, Paltrinelli) y alemanes (Mühle, Deuber-Mankowski) sobre su obra.

[3]
Escritos sobre la medicina (2004), Ideología y racionalidad en las ciencias de la vida (2005) y Estudios de historia y de filosofía de las ciencias (2009). Anteriormente estaban disponibles Lo normal y lo patológico (Buenos Aires, Siglo XXI, 1971, a partir de la edición francesa de 1966); La formación del concepto de reflejo en los siglos XVII y XVIII (Barcelona, Avance, 1975, hoy de difícil localización) y El conocimiento de la vida (Barcelona, Anagrama, 1976, a partir de la edición francesa de 1965).

BIBLIOGRAFÍA
Bouveresse, Jacques (2011), "Préface aux Oeuvres Complètes de Georges Canguilhem". En: Canguilhem, Georges, Oeuvres Complètes. Écrits philosophiques et politiques 1926-1939, pp. 7-69, Paris, Vrin.
Braunstein, Jean François (2000), "Canguilhem avant Canguilhem", Revue d’histoire des sciences, 53 (1), pp. 9-26.
Braunstein, Jean François (2011), "Introduction. Á la découverte d’un Canguilhem perdu". En: Canguilhem, Georges, Oeuvres Complètes. Écrits philosophiques et politiques 1926-1939, pp. 101-137, Paris, Vrin.
Debru, Claude (2004), Georges Canguilhem, Science et no science, Paris, Éditions Rue d’Ulm.
Delaporte, François (ed.) (1994), A vital rationalist. Selected writings from Georges Canguilhem, New York, Zone Books.
Gordon, Colin (1998), "Canguilhem: life, health and death", Economy and Society, 27 (2-3), pp. 182-189.
Grene, Marjorie (2000), "The philosophy of science of Georges Canguilhem: a transatlantic view", Revue d’histoire des sciences, 53 (1), pp. 47-64.
Le Blanc, Guillaume (2002), La vie humaine. Anthropologie et biologie chez Georges Canguilhem, Paris, PUF.
Le Blanc, Guillaume (2003), "Présentation". En: Le Blanc, G. (dir.), Lectures de Canguilhem. Le normal et le pathologique, pp. 9-16, Paris, ENS Éditions.
Montiel, Luis (2008), "Actualité de la philosophie de la médecine de G. Canguilhem, P. Laín et E. Rothschuh dans la formation des médecins". En: Fagot-Largeault, Anne; Debru, Claude; Morange, Michel; Han, Hee Jin (eds.), Philosophie et Médecine. En hommage á Georges Canguilhem, pp. 203-219, Paris, Vrin.
Moreno Pestaña, José Luis (2006), En devenant Foucault. Sociogénèse d’un grand philosophe, París, Éditions du Croquant.
Saint-Sernin, Bertrand (1996), "Une anthropologie biologique et historique", Cahiers Philosophiques, 69, pp. 57-65.
Schöttler, Peter (2012), "Sur la réception de ‘l’épistémologie française’ en Allemagne". En: AA.VV., Epistemology and History from Bachelard and Canguilhem tot today history of science, pp. 41-46, Berin, Max-Planck-Institut für Wissenschaftsgeschichte.
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La Exigencia

La Exigencia




La ‘exigencia’ es una palabra que en virtud de su finalidad se convierte en un deber para quien educa.  El exigir se convierte en un derecho -de quien demanda- y una obligación de parte del exigido. Utilizada en el ámbito de la educación, la exigencia contiene matices que le otorgan un significado positivo en razón del por qué y el para qué; es decir, en virtud de su finalidad se convierte en un deber para quien educa.  

La exigencia para mi es el día a día, es el modelo de conducta y es lo que guía mi tarea académica

La exigencia precede a la excelencia.
Solón (638 a. C.–558 a. C.) fue un poeta, reformador político, legislador y estadista ateniense, y se le considera uno de los Siete Sabios de la Antigua Grecia. No dejó escritas sus leyes y pensamientos, pero a través de sus discípulos, Platón entre ellos, podemos encontrar algunas de sus citas más relevantes: “Sin método, orden, voluntad, esfuerzo y sacrificio no son posibles ni el genio ni el triunfo”.

Esta máxima es mi guía y procuro que guíe la vida académica de mis alumnos. Constituye una pauta en mi filosofía de enseñanza.

La exigencia se entrena

Toni Nadal, el deportista, dice: en “Todo se puede entrenar”, explica como desde muy joven quiso creer en la cita de Solón. Decidió adoptarla y seguirla, y a través de ella, impregnar la filosofía de trabajo de Rafa Nadal desde que era niño. Hoy, puede resultar ventajista, utilizar su ejemplo, después de verle ganar su décimo título de Roland Garros. Sin embargo, sirve para mostrar el triunfo de todas esas virtudes que defendió Solón, y que acertadamente Toni Nadal decidió incorporar a su filosofía de vida y a su ética de trabajo.

Exigencia académica, es el conjunto de procedimientos y obligaciones a seguir tanto por educadores como alumnos, establecida por una institución educativa, con el fin de mejorar la calidad de la enseñanza y los resultados académicos.

Revisando el diccionario de la Lengua Española   ‘exigir’ tiene los siguientes significados: “Dicho de una cosa, pedir, por su naturaleza o circunstancia, algún requisito necesario. Sus sinónimos son: requerir, demandar, pedir, percibir, conminar, exhortar, invitar, reivindicar, interpelar. Necesitar, precisar. En inglés, el significado de exigir es to demand (demandar), to requiered (requerir) (Diccionario Internacional Schuster 1998). A su vez, demandar (del latín, demandare, confiar, encomendar) connota: “Pedir, rogar. Preguntar. Hacer cargo de algo y en derecho: Entablar una demanda”.

En un segundo análisis se puede convenir que todas las acciones antes apuntadas se relacionan con el significado del prefijo ‘ex’: “Fuera o más allá con relación al espacio y el tiempo”. Esto es, la exigencia es una respuesta a una proposición planteada desde fuera por alguien o por algo. Incluso cuando se torna en autoexigencia el valor o la meta se alcanzan, se consigue lo que de algún modo trasciende a la persona como modelo o ideal. 

Por tanto, la exigencia no es un fin en sí misma, tampoco es un medio, es una condición para conseguir un propósito.

¿Qué es lo exigible?
En principio, es exigible lo que es debido para uno y para los demás. 

Lo exigible es el desarrollo de las facultades superiores del hombre, que se van perfeccionando en la acción continua.  (…) Poseer hábitos perfectivos es la mejor manera de aprovechar el tiempo, es crecer” ([1]).

La tendencia a la perfección, la temporalidad y las carencias del hombre constituyen los predicamentos propios de la exigencia. ([4]).

Con la exigencia se procura acortar la distancia -nunca definitivamente- entre el ser y el obrar, removiendo desde fuera los principales obstáculos antropológicos que, según José María Barrio, son “la ignorancia y la falta de carácter” ([5]). La primera se remueve optimizando las habilidades y capacidades mediante un serio trabajo intelectual orientado a la búsqueda de la verdad. Y la falta de carácter se remueve promoviendo decisiones que se dirijan y se mantengan en el bien, siendo leales a los compromisos asumidos y fieles a los principios éticos y morales. El esfuerzo, la constancia, la fortaleza y el optimismo son algunos hábitos básicos a lograr para hacerse con la verdad y con el bien.

“En cierta manera cada uno somos lo que sean nuestros actos, y, por tanto, nuestros hábitos. Es así como la acción humana no sólo ‘sale’ hacia fuera sino que ‘regresa’ al propio sujeto cuyas facultades quedan mejor o peor dispuestas para la siguiente acción”. 

La ejemplaridad y el diálogo contribuyen mostrando rutas y alternativas para que la persona se autodetermine hacia su bien, pero sobre la base de la capacidad de pensar y obrar con criterios rectos y razonables, que son el objetivo fundamental de la exigencia. 

[1] Castillo Genera, “Filosofía”, Ed. Hemisferio, Perú, 2006, pág. 29.
[2] Sheed, F.,  “Sociedad y Sensatez”, Ed. Herder, España, 2da Ed. 1976. pág. 69.
[3] Sheed. F.,  ob. cit.  pág. 52.
[4] Cámere, Edistio, “Un dilema educativo: el método o la persona”, Signo Educativo, N°144, 2006.
[5] Barrio, José María, “Elementos de Antropología Pedagógica”, Rialp, España, 2ª ED. 2000, pág. 184.

martes, 27 de febrero de 2018

20 Important Philosophical Definitions

Ethical Realism
June 22, 2012

20 Important Philosophical Definitions
Filed under: philosophy — JW Gray @ 9:41 am
Tags: definition, dictionary, education, glossary, jargon, language, terminology, words

In this piece I will explain why philosophical terminology is important and I will present definitions for twenty important philosophical terms I think can help improve our thinking about various philosophical issues.

Why are philosophical terms important?

Language helps us think. Without language it would be a lot more difficult (or perhaps impossible) to understand what subatomic particles are, to be able to consider what the ultimate form of reality is, or to consider what theory of justification is best. Words and terms are some of the most important parts of language and can be very helpful tools for improving our thought.

Philosophical language (or jargon) has a lot to offer. Philosophers spend a lot of time making new distinctions and they find it both convenient and sometimes indispensable to use their specialized jargon. For example, David Hume discussed “matters of fact” (facts about the world known through observation/empirical evidence) and “relations of ideas” (things true by definition and known through understanding a language that do not help us understand the world itself). Hume thought all knowledge must consist of these two categories. Later Immanuel Kant realized that Hume assumed all knowledge was analytic a priori (nonempirical and true by definition) and synthetic a posteriori (empirical and not true by definition), but that made room for one more category. Kant thought there was a type of knowledge that Hume missed—the synthetic a priori (nonempirical knowledge that’s not true by definition). For example, Kant thought the truths of geometry could be known from a synthetic a priori justification.

Twenty important philosophical terms

a posteriori – Latin for “from the later.” A posteriori statements or beliefs are justified entirely by observation. (e.g. “Human beings are mammals.”) The opposite of a priori.

a priori – Latin for “from the earlier.” A priori statements or beliefs are justified (at least in part) by something other than observation. Many philosophers agree that things that are true by definition have an a priori justification. (e.g. “All bachelors are unmarried.”) The opposite of a posteriori.

analytic – Analytic statements or beliefs that are true because of their meaning. (e.g. “All bachelors are unmarried.”) The opposite of “synthetic.”

synthetic – Statements that cannot be true by definition. Instead, they can be true because of how they relate to something other than their meaning, such as how they relate to the world. For example, “humans are mammals” is synthetic and can be justified through empirical science. “Synthetic” is the opposite of “analytic.”

categorical imperative – An imperative is a command or requirement. Categorical imperatives are overriding commands or requirements that don’t depend on our desires, and are rational even if we’d rather do something else. For example, it is plausible that we have a categorical imperative not to run around punching everyone in the face just for entertainment. The mere fact that someone might want to do it does not make it morally acceptable. Categorical imperatives are often contrasted with “hypothetical imperatives.”

hypothetical imperative – Imperatives are commands or requirements. Hypothetical imperatives are those we are required to do in order to fulfill our desires or goals. For example, if you are hungry, then you have a hypothetical imperative to get some food to eat. “Hypothetical imperatives” are often contrasted with “categorical imperatives.”

coherentism – The view that we start with various assumptions and such assumptions are justified as long as they are part of a coherent world view (mutually supported by other beliefs). It is often claimed that an assumption is justified through coherence if it is useful as part of an explanation. 

Observation itself is meaningless without assumptions, and observation appears to confirm our assumptions as long as our observations are consistent with them. For example, my assumption that a table exists can be confirmed by touching the table. Some philosophers argue that coherentism should be rejected because it legitimizes “circular reasoning,” which we ordinarily recognize as being a fallacious form of justification.

foundationalism – The view that there are privileged or axiomatic foundational beliefs that need not be proven. The source of privileged beliefs could be from self-evidence, non-inferential reasoning, non-empirical intuitive evidence, or perhaps even beliefs based on certain experiences. 

Foundationalism is one possible solution to the problem of justification requiring an infinite regress or circular reasoning. If everything we know needs to be justified from an argument, then we need to prove our beliefs using arguments on and on forever, or we need to be able to justify beliefs with other beliefs in a circular mutually supportive fashion; but foundationalism requires us to reject that everything we know must be justified with an argument (or argument-like reasoning).

emergence – (1) Epistemic emergence refers to our inability to know how to reduce one phenomenon into another. For example, chemistry is epistemically emergent insofar as we don’t know how to reduce it to physics—the laws of physics seem insufficient to predict the behavior of all chemical reactions. (2) Metaphysical emergence refers to when something is “greater than the sum of its parts” or the irreducible existence of a phenomenon that exists because of an underlying state of affairs. For example, some scientists and philosophers think that the mind is an emergent phenomena that exists because of brain activity, but the mind is not the same thing as brain activity.

reductionism – (1) Relating to identity theories or identity relations. For example, scientists think that water is identical with H2O. (2) The view that something is nothing but than the sum of its parts parts. Some philosophers think that particles and energy (the reality described by physics) is the only real part of the universe and everything else is actually “nothing but” physical reality as described by physicists. Moral reductionists think that moral reality is actually nothing but non-moral facts of some other sort.

instrumental value – The usefulness of something. For example, knives have instrumental value for cutting food.

intrinsic value – Something with value just for existing. We might say happiness is “good for its own sake” to reflect that it is good without merely being useful to help us attain some other goal. If something is intrinsically good, then it is something we should try to promote. For example, if human life is intrinsically good, then all things equal, saving lives would plausibly be (a) rational, (b) a good thing to do, and (c) the right thing to do.

logical possibility – (1) The status of a proposition or series of propositions concerning the rules of formal logic—logically contingent (non-impossible) statements could be true, logically necessary statements have to be true (are tautologies), and logically impossible statements have to be false (because they form a contradiction). For example, it is logically contingent that the Earth exists. (2) A synonym for “logical contingence.” We might say that “it’s logically possible that the Earth exists” rather than that it’s “logically contingent.”

metaphysical possibility – (1) A range of modal categories concerning reality as it exists assuming that the laws of nature could have been different. The range includes metaphysical contingence, possibility (non-impossibility), necessity, and impossibility. Metaphysical possibility can be described as the status of a statement or series of statements considering all possible worlds—A statement is metaphysically contingent if it’s true in some possible worlds and false in others, possible if is true in some possible worlds, metaphysically necessary if it is true in all possible worlds, and metaphysically impossible if it’s false in all possible worlds. For example, some philosophers argue that “water is H2O” is a metaphysically necessary statement. Assuming they are right, if we found a world with something exactly like water (tastes the same, boils at the same temperature, and nourishes the body) but it is made of some other chemical, then it would not really be water. (2) The status of a statement being metaphysically possible (non-impossible) as opposed to a range of modal categories. This status of possibility refers to what could be true or necessarily true about reality assuming that the laws of nature could have been different. A statement is metaphysically possible if it is “true in at least one possible world.” For example, it is metaphysically contingent that the H2O exists because there is at least one possible world where it exists—the one we exist in.

matters of fact – Empirical statements concerning the physical world. They can be known to be true or false from observation. For example, “All dogs are mammals” is a matter of fact. David Hume believed the only statements that could be justified were “matters of fact” and “relations of ideas.”

relations of ideas – Statements that can be justified by (or true in virtue of) understanding the definitions of words. For example, “All bachelors are unmarried” is a relation of idea, and we can justify the fact that it’s true by appealing to the definitions of words. David Hume thought the only statements that could be justified are “relations of ideas” and “matters of fact.”

objective ought – Preferable behavior of a person while considering few (or no) constraints on the person’s knowledge. What we objectively ought to do is often thought to be based on the actual effects our behavior has. For example, utilitarians often say that we ought to do whatever maximizes happiness, even if we have no idea what that is. A person might try to help others by sharing food and accidentally give others food poisoning, and utilitarians might say that the person objectively ought not to have done so, even though the person might have done what was likely to help others from her point of view. “Objective ought” is often contrasted with “subjective ought.”

subjective ought – What we ought to do with consideration of the knowledge of the person who will make a moral decision. What we subjectively ought to do is based on what is reasonable for us to do given our limited understanding of what will happen. For example, some utilitarians say we ought to do whatever we have reason to think will likely maximize happiness. We might say that a person who gives food to a charity is doing what she ought to do as long as it was very likely to help people and very unlikely to harm them, even if many of the people who eat the food have an unexpected allergic reaction. “Subjective ought” is often contrasted with “objective ought.”

reference – (1) The objects that terms refer to. The terms “morning star” and “evening star” have different meanings, but they both have the same reference (Venus). Gottlob Frege contrasted “reference” with “sense.” (2) A source of information used for citations. (3) Someone who can vouch for your qualifications.

sense – (1) What Gottlob Frege called “sinn” to refer to the meaning or description of a word. For example, “the morning star” and “the evening star” both have different senses, but refer to the same thing. Gottlob Frege contrasted “sense” with “reference.” (2) The ability to understand. For example, we might talk about someone’s good sense. (3) To perceive. For example, we might say that we sense people in the room when we can see them. (4) An ability of perception; such as sight, sound, touch, taste, and smell.

Referencia

Glosario de filosofía

Glosario

Obras completas de Platón

Obras completas de Platón
Patricio de Azcárate · Madrid 1871-1872 · 11 volúmenes



«Biblioteca Filosófica. Obras completas de Platón, puestas en lengua castellana por primera vez por D. Patricio de Azcárate, socio correspondiente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de la Historia.» Tomo 1: Medina y Navarro Editores, Hortaleza 39, Madrid 1871, XLV + 301 + 6 págs. Tomo 2: 351 + 8 págs. Tomo 3: Medina y Navarro Editores, Arenal 16, 349 + 10 págs. Tomo 4: 473 págs. Tomo 5: 367 págs. Tomo 6: Madrid 1872, 293 págs. Tomo 7: 289 págs. Tomo 8: 213 págs. Tomo 9: 314 págs. Tomo 10: 293 págs. Tomo 11: 375 págs. Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo (tomo 1: Espíritu Santo 35, triplicado; desde tomo 4: Capellanes 5, principal.)
     facsímiltexto
IntroducciónIntroducción
Noticias biográficasNoticias biográficas
Sobre el orden de los diálogosSobre el orden de los diálogos
Diálogos socráticos · primera serie: tomos 1 y 2
Eutifrón o de la santidadEutifrón o de la santidad · argumento
Apología de SócratesApología de Sócrates · argumento
Critón o el deberCritón o el deber · argumento
El primer Alcibiades o de la naturaleza humanaEl primer Alcibiades · argumento
Carmides o de la sabiduríaCarmides o de la sabiduría · argumento
Laques o del valorLaques o del valor · argumento
Protágoras o los sofistas
El primer Hipias o de lo bello
Menexenes o la oración fúnebre
Ion o de la poesíaIon o de la poesía · argumento
Lisis o de la amistadLisis o de la amistad · argumento
Fedro o de la bellezaFedro o de la belleza · argumento
Diálogos polémicos · segunda serie: tomos 3 y 4
Filebo o del placerFilebo o del placer · argumento
Teetetes o de la ciencia
Eutidemo o el disputadorEutidemo o el disputador · argumento
El sofista o del ser
Parménides o de las ideas
Menon o de la virtud
Cratilo o de la propiedad de los nombres
Diálogos dogmáticos · tercera serie: tomos 5 y 6
Fedón o del almaFedón o del alma · argumento
Gorgias o de la retórica
El banquete o del amorEl banquete o del amor · argumento
El político o de la soberanía
Timeo o de la naturaleza
Critias o la Atlántida
La República o El Estado · tomos 7 y 8
Argumento de la República
Libro primero
Libro segundo
Libro tercero
Libro cuarto
Libro quinto
Libro sexto
Libro séptimo
Libro octavo
Libro noveno
Libro décimo
Las Leyes · tomos 9 y 10
Argumento de las Leyes
Libro primero
Libro segundo
Libro tercero
Libro cuarto
Libro quinto
Libro sexto
Libro séptimo
Libro octavo
Libro noveno
Libro décimo
Libro undécimo
Libro duodécimo
Obras varias, diálogos apócrifos o dudosos, cartas, fragmentos, &c. · tomo 11
Segundo Hipias o de la mentira
El segundo Alcibíades o de la oraciónEl segundo Alcibíades · argumento
Teages o de la ciencia
Hiparco o del amor a la ganancia
Los rivales o de la filosofía
Timeo de Locres, del alma del mundo...Timeo de Locres · argumento
Epinomis o el filósofo
Minos
ClitofonClitofon · argumento
Axioco
De lo justo
De la virtud
Erixias
Cartas
Definiciones
Poesías
Testamento

Se hace necesario e imprescindible advertir que, con criterios actuales, el texto de Platón ofrecido en español por Patricio de Azcárate Corral (1800-1886) deja mucho que desear: debe mucho a ediciones francesas, es anterior a las ediciones críticas en griego hoy reconocidas, contiene errores, &c. Sin embargo la meritoria labor de Patricio de Azcárate permitió que pudiera leerse, por primera vez en español, toda la obra de Platón (lo que no pudo hacerse hasta fecha tan tardía como 1871-1872). Y como las versiones de Azcárate han sido reproducidas una y otra vez a lo largo del siglo XX, y se siguen reproduciendo en el siglo XXI, de hecho varias generaciones de lectores en lengua española han conocido a Platón, para bien y para mal, a través de la labor de don Patricio. Aunque sólo fuera por esa razón ya merecería la pena verter el texto de Platón publicado en Madrid por Azcárate a formato electrónico y reproducir los originales impresos en facsímil. El crítico tendrá así a mano el principal punto de partida de las ediciones posteriores de Platón en lengua española.
Esta edición contó con 500 suscriptores, cuya relación se fue publicando en las páginas finales de los tres primeros tomos (en el primero los suscriptores 1 a 238; en el segundo los suscriptores 1 a 370; en el tercero los suscriptores 1 a 500). Parece que una vez alcanzada tal cantidad de abonados se cerró la suscripción, pues se hace figurar la siguiente nota: «Completa ya la lista anterior, en los próximos tomos publicaremos las vacantes que ocurran y los nombres de los nuevos suscriptores que entren a cubrirlos.» De cualquier modo en los tomos 4 a 11 no volvió a figurar información alguna sobre los suscriptores. Se puede consultar un mapa con la distribución de esos 500 suscriptores por provincias.

http://www.filosofia.org/cla/pla/azcarate.htm