domingo, 12 de agosto de 2018

RESILENCIA

RESILENCIA



La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas. Sin embargo, el concepto ha experimentado importantes cambios desde la década de los 60. 

En un principio, se interpretó como una condición innata, luego se enfocó en los factores no sólo individuales, sino también familiares, comunitarios y, actualmente, culturales. Los investigadores del siglo XXI entienden la resiliencia como un proceso comunitario y cultural, que responde a tres modelos que la explican: un modelo «compensatorio», otro «de protección» y por último uno «de desafío».1 Asimismo, la resiliencia es la capacidad de tener éxito de modo aceptable para la sociedad, a pesar de un estrés o de una adversidad que implica normalmente un grave riesgo de resultados negativos.

Etimología
Resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar». El término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que a pesar de sufrir situaciones estresantes no son afectadas psicológicamente por ellas.

La palabra resiliencia designa la capacidad del acero para recuperar su forma inicial a pesar de los golpes que pueda recibir y a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse para deformarlo. La palabra proviene del latín resalire, "saltar y volver a saltar", "recomenzar".
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Historia
El término resiliencia se ha utilizado de formas diversas. Entre los psicólogos, Emmy Werner, en 1995 se refiere a tres usos generales del término resiliencia: buen desarrollo a pesar de alto riesgo social; mantención de las competencias pese al estrés continuo; y recuperación después del trauma.

Emily Hunter, en 1999, conceptualiza la resiliencia como un continuo entre dos polos: «resiliencia menos que óptima» y «resiliencia óptima». En el caso de adolescentes sometidos a riesgo psicosocial que responden en forma menos que óptima, este tipo de respuesta incluye «tácticas violentas de supervivencia, comportamientos de alto riesgo y abandono social y emocional», y que el pronóstico más probable es que sean adultos mal adaptados.

Michael Rutter, entre 1999 y 2000, define resiliencia como la resistencia relativa al riesgo psicosocial, sin necesariamente esperar un resultado positivo, sino más bien enfocado en la forma o proceso en que la persona enfrenta el riesgo. Rutter desarrolló sus estudios a partir de tres áreas de investigación: el estudio de poblaciones de alto riesgo como la de los hijos de padres con enfermedades mentales; los estudios sobre temperamento realizados en la década de los 60 y el estudio de las diferencias a nivel individual para enfrentar las distintas situaciones de vida.

Suniya Luthar, entre el 2000 y el 2006, define resiliencia como una adaptación positiva pese a la adversidad, enfatizando los dos elementos que la constituyen: la adversidad significativa y la adaptación positiva, lo cual lleva a la conclusión de que la resiliencia sólo se mide indirectamente a través de estos elementos. Esta idea es compartida por varios investigadores.

El psiquiatra y psicoanalista Boris Cyrulnik divulgó este concepto que extrajo de los escritos de John Bowlby. Es un término que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original. Por ejemplo un arco que se dobla para lanzar una flecha, o los juncos bajo la fuerza del viento.

Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por estos. Actualmente, la resiliencia se aborda desde la psicología positiva, la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos, y no en sus debilidades y patologías, como lo hace la psicología tradicional. El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término «entereza». Es superar algo y salir fortalecido y mejor que antes.

La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos (Instituto Español de Resiliencia).

Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de estrés, como por ejemplo el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, a prolongadas enfermedades temporales, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas.

Podría decirse que la resiliencia es la entereza más allá de la resistencia. Es la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso.

Entonces se podría decir que la resiliencia es "un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contexto de gran adversidad", por consiguiente veamos cada termino que integra este concepto como por ejemplo:

Adversidad: Hace referencia a que el individuo logre una adaptación positiva a pesar de estar o haber pasado por una situación de adversidad (vivir en la pobreza).

Adaptación positiva: Hace referencia a que el individuo llega alcanzar expectativas sociales asociadas a una etapa de desarrollo y cuando en esta etapa no ha tenido signos de desajustes.

Proceso dinámico: Hace referencia a la interacción dinámica entre múltiples factores de riesgo y factores resilientes, los cuales pueden ser familiares, bioquímicos, fisiológicos, cognitivos, afectivos, biográficos, socioeconómicos, sociales y/o culturales.

Procesos resilientes:

 Gracias a la experiencia y aprendizaje de las personas hemos podido ver y experimentar el cambio de la palabra resiliencia a procesos resilientes. Esto es debido a que no es considerada como capacidad sino como proceso que engloba multitud de factores. Cuando una persona está pasando por una situación extrema o delicada influye familia, entorno, situación económica, amistades y, como no, la misma persona

Es por esto que nunca hablamos de la capacidad de una persona sino de una consecución de sucesos en el cual intervienen varias personas y elementos para conseguir salir reforzado de esa situación y, por lo tanto, aprender de ello. Esa persona ha llevado a cabo un proceso resiliente.

Referencias

 Fleming, John; Ledogar, Robert J (octubre de 2008). «Resilience, an Evolving Concept: A Review of Literature Relevant to Aboriginal Research» [Resiliencia, un concepto en evolución: revisión de la literatura relevante sobre la investigación aborigen]. Pimatisiwin (en inglés) 6 (2): 7-23. PMID 20963184. Consultado el 31 de enero de 2017.

 Cyrulnik, B. (2010) La resiliencia: estado de la cuestión. La resiliencia: resistir y rehacerse. Editorial Gedisa.  1ra Ed. Pp.17-27.

 Kotliarenco, María Angélica; Cáceres, Irma; Fontecilla, Marcelo (julio de 1997). Estado de Arte en Resiliencia. Organización Panamericana de la Salud. Consultado el 31 de enero de 2017.

 Martínez, I. & Vásquez, A. (2006). La resiliencia. La resiliencia invisible. Infancia, inclusión social y tutores de vida. Editorial Gedisa. 1ra. Ed. Pp 30-31.

 Werner, Emmy E (junio de 1995). «Resilience in Development» [Resiliencia en el desarrollo]. Current Directions in Psychological Science (en inglés) (Sage Publications, Inc) 4 (3): 81-85. doi:10.1111/1467-8721.ep10772327. Consultado el 31 de enero de 2017.

 Rutter, Michael (mayo de 1999). «Resilience concepts and findings: implications for family therapy» [Concepto de resiliencia y sus hallazgos: implicancias para la terapia familiar]. Family therapy (en inglés) 21 (2): 119-144. doi:10.1111/1467-6427.00108. Consultado el 1 de febrero de 2017.

 Luthar, Suniya S (2006). «Resilience in development: A synthesis of research across five decades» [Resiliencia en el desarrollo: un resumen de la investigación de cinco décadas]. En Cicchetti, Dante;

Cohen, Donald J. Developmental psychopathology: Risk, disorder, and adaptation [Psicopatología del desarrollo: Riesgo, desorden y adaptación] (en inglés) (Tercera edición). Hoboken, NJ, US: John

Wiley & Sons Inc. pp. 739-795. Consultado el 31 de enero de 2017.

Según el diccionario de la RAE, acepción de 3.ª, «entereza» es ‘fortaleza, constancia y firmeza de ánimo’.

¿Cómo enfrenta la gente los eventos difíciles que cambian su vida? ¿Cómo reacciona a eventos traumáticos como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, una enfermedad difícil, un ataque terrorista y otras situaciones catastróficas?

Generalmente, las personas logran adaptarse con el tiempo a las situaciones que cambian dramáticamente su vida y que aumentan su estado de tensión. ¿Qué les permite adaptarse? Es importante haber desarrollado resiliencia, la capacidad para adaptarse y superar la adversidad. 

https://es.wikipedia.org/wiki/Resiliencia_(psicolog%C3%ADa)

Resiliencia ecológica: 

Es el término empleado en ecología de comunidades y ecosistemas para indicar la capacidad de estos de absorber perturbaciones, sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad; pudiendo regresar a su estado original una vez que la perturbación ha terminado.1 Por regla empírica general, se ha observado que las comunidades o los ecosistemas más complejos —que poseen mayor número de interacciones entre sus partes—, suelen poseer resiliencias mayores, ya que existe una mayor cantidad de mecanismos autoreguladores.

La capacidad de resiliencia de un ecosistema está directamente relacionada con la riqueza de especies y el traslado de las funciones ecosistémicas. Es decir, que un sistema en el cual sus integrantes tengan más diversidad y número de funciones ecológicas, será capaz de soportar de mejor manera una perturbación específica.

La resiliencia se define como la capacidad de un sistema para retornar a las condiciones previas a la perturbación. Para calcularla en un intervalo determinado de tiempo se realiza el cociente entre las medidas antes y después de la perturbación de cualquier variable descriptora del ecosistema.

Resiliencia en el diseño de paisajes

Se entiende el diseño de paisajes como el diseño intencional de edificaciones, paisajes, comunidades y regiones siendo responsables de las vulnerabilidades que presentan. Para el Instituto del Diseño Resiliente, ocupar la resiliencia en los diseños implica enfocarse en lo práctico, en las soluciones aterrizadas. Para el diseño de paisaje es común aplicar el análisis de los elementos que conforman el sistema al que llamamos paisaje cultural tomando en cuenta las variables tanto ambientales como sociales-culturales que los modifican, ya que entendemos al paisaje como algo dinámico. Si bien la cultura es la que moldea al planeta transformando las fronteras es entonces el territorio el medio por el cual estas culturas humanas se consolidan, según Carl O. Sauer.

Desde los años 1970 el arquitecto paisajista escocés, Ian L. McHarg replanteó el diseño y planeación de paisaje con la recuperación del genius loci8 ligado directamente con la valoración de los elementos sujetos a un cambio, a la temporalidad.

Para el Instituto del Diseño Resiliente, estos elementos se miden en principios que fungen como la directriz que el diseñador sigue para lograr identificar, conocer y aplicare este tipo de diseño en sus métodos para llevar a cabo algo que brinde un beneficio ambiental y social.

Pérdida de la resiliencia

Un sistema que posee resiliencia es aquel que, cuando se ve sujeto a una alteración, sigue existiendo y funcionando esencialmente de la misma manera. El funcionamiento de los ecosistemas es lo que permite la prestación de muchos de los servicios que el medio ambiente le brinda a la economía. Los factores que fomentan a la resiliencia de un ecosistema dan paso a una sostenibilidad. Un ecosistema puede ser resistente respecto a un tipo de alteración pero no a otro. Sin embargo, destacamos que parece haber un consenso respecto a que las reducciones de la biodiversidad —perdida de poblaciones— en un ecosistema se deben considerar amenazas a la resiliencia. De lo que se desprende que la pérdida de biodiversidad debe ser considerada una amenaza a la sostenibilidad.

Tanto la extracción de recursos como la acumulación de residuos participan en la pérdida de biodiversidad. Es decir, estos dos aspectos constituyen una amenaza para la sostenibilidad en cuanto a las consecuencias que acarrean para la resiliencia de los ecosistemas.

La resiliencia es una medida de la magnitud de los disturbios que puede absorber un sistema para pasar de un equilibrio a otro. De otra forma se argumenta que las actividades económicas son sostenibles solamente si los ecosistemas que soporten la vida, y de los cuales son dependientes, tienen un adecuado nivel de resiliencia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Resiliencia_(ecolog%C3%ADa)

https://medium.com/age-of-awareness/visionaries-of-regenerative-design-iv-ian-l-mcharg-1920-2001-ea6da90b1958

miércoles, 4 de julio de 2018

lunes, 25 de junio de 2018

Volker Halbach, Axiomatic Theories of Truth, Cambridge:

Volker Halbach, Axiomatic Theories of Truth, Cambridge: Cambridge University Press, 2011, ix+365pp



The work under review provides the first book-length study wholly devoted to its topic and will be indispensable both to those already at work on axiomatic theories of truth and to students seeking to enter the field. Let me begin by locating that field within the wider area of truth studies.

Halbach begins by distinguishing definitional theories, which attempt to fill in the blank in 'Something is true if and only if _____' without using the word 'true,' and axiomatic theories, which attempt to characterize truth by listing various principles about it. But an even more important distinction is between what may be called soft and hard approaches.

Examples of soft definitional theories are the traditional coherence, pragmatist, and correspondence theories. What goes into the blank for them (e.g. 'it coheres with other beliefs into a significant whole') is generally something at least as much in need of clarification as for the notion of truth itself. 




The first hard definitional theory was that of Alfred Tarski, who attempted to fill in the blank with something mathematically rigorous since his goal was to make the notion of truth palatable to mathematicians; the most influential subsequent hard definitional theory has been Saul Kripke's, which stimulated the development of others. Soft theories tend to seek complete generality and to be unconcerned with paradoxes (and to take propositions to be the primary truth-bearers).

Hard theories tend to restrict themselves to fragments of language and to arise out of attempts to deal with the liar paradox (and to take sentences to be the primary truth-bearers). The soft/hard distinction can be made not only among definitional theories but also among axiomatic theories.

Crispin Wright's pluralism, for instance, which attempts to characterize the role of truth through informal 'platitudes,' could in principle be called a soft axiomatic theory, even if in practice the label 'axiomatic theory' tends to be limited to the hard kind. Halbach's topic in this book, one to which he has made many contributions in the journal literature, is such hard axiomatic theories.

In practice, the bulk of his attention is given to a single test situation, the one that has been most studied. Here one is concerned with truths about natural numbers and exploits Gödel's coding of sentences by numbers. One starts with the first-order language L0 of arithmetic with variables for natural numbers and symbols for operations like addition and multiplication and adds a predicate T for 'is the code number of a true sentence,' thus obtaining an expanded language L1. One takes the theory in L0 known as Peano arithmetic PA, and adds axioms for T to obtain some truth theory X. 

The main technical problems addressed are, in jargon, the existence and characterization of ω-models for various X, and the determination for various X of its proof-theoretic strength. (An ω-model for X would be a model in which the variables range over the genuine natural numbers and the addition and multiplication symbols denote the genuine addition and multiplication operators on them. X counts as proof-theoretically stronger than Y if X can prove the consistency of Y, as Y itself generally cannot by Gödel's second incompleteness theorem.) A feature of this situation is that one can always construct a liar sentence A in L1, for which one can prove A ↔ ~T«A», where «A» is the numeral for the code number of A. 

Thus no consistent X can prove the so-called Tarski biconditionals A ↔ T«A» for all sentences of L1. Halbach divides the theories he considers into two kinds: typed, in which T applies only to sentences of L0, and untyped, in which T applies also to sentences of L1 involving T itself. The book is in four chapters, devoted to miscellaneous preliminaries, typed theories, untyped theories, and concluding mainly philosophical reflections, and running to about 30, 80, 150, and 50 pages, respectively.

The wealth of material presented cannot be adequately summarized in the space available here. I can at most note some highlights. Tarski took the ability to prove the Tarski biconditional for every sentence of L0 as his  criterion of 'material adequacy' for a truth definition, but did not think that one could rest content with the Tarski biconditionals alone, since they do not allow us to prove such composition principles as 'A conjunction is true if and only if both conjuncts are true.' 

The first substantial result discussed, Theorem 8.12, is one that has been stated without full proof by several authors and has been proved in different ways by several other logicians, namely, that simply adding the composition principles for formulas of L0 as one's only truth axioms, produces a conservative extension of PA: In other words, any sentence of L0 provable in the indicated truth theory was provable already in PA.




Since the Tarski biconditionals are implied by the composition principles, it follows that adding just them would also produce a conservative extension. Unfortunately, the proof in the book is flawed (according to a private communication from the author to the present reviewer). The conservativeness result is an indication that even typed truth theories can have points of interest.

Still, almost twice as much space is given to untyped theories, which have drawn the most attention in the literature. The study of these begins with one that turns out (applying a criterion due to Vann McGee) not to have any ω-models, the Friedman-Sheard theory FS. Its axioms include the composition principles (for the whole of L1, not just L0, since we are in the untyped realm now), as well as the rules of T-introduction and T-elimination, permitting inference from A to T«A» and from T«A» to A.

Though one has these rules, one has neither A → T«A» nor T«A» → A, and adding either one would result in inconsistency. The proof that FS itself is consistent involves a clever application of aspects of the Gupta-Herzberger revision approach to truth.




The heart of the book, however, lies in its treatment of theories for which the well-known Kripke construction provides models. There is some coverage of the work of Andrea Cantini on versions of the Kripke construction involving the van Fraassen supervaluation scheme, but the bulk of the coverage is given to theories based on the better-known version involving the Kleene strong trivalent scheme. The so-called KripkeFeferman theory KF describes the common properties of all fixed points "from the outside" (using classical logic). 

A variant PKF describes them "from the inside" (using classical logic). Theorem 16.31, representing joint work of Halbach and Leon Horsten, gives an exact determination of the proof-theoretic strength of PKF, showing it to be significantly weaker than KF, whose proof-theoretic strength had earlier been determined by Feferman. Another variant (suggested by the reviewer), describing "from the outside" the minimal fixed point specifically, is also discussed; it can be shown to be, unsurprisingly, of much higher proof-theoretic strength.

https://www.princeton.edu/~jburgess/HalbachReview.pdf
Link:  On the nature of truth

El deflacionismo de Richard Rorty. El concepto clásico de verdad.

El deflacionismo de Richard Rorty: 

El concepto clásico de verdad.



La primera pregunta antes de abordar el tema del deflacionismo de Richard Rorty comienza por indagar sobre el concepto de verdad, una respuesta es la definición clásica del término, la que propuso Platón en su diálogo “Teeteto” y que define a la verdad como una creencia verdadera justificada. Dicha definición fue reformulada en la década de los 40 y 50 por Chisholm y Ayer, y se estructura lógicamente de la siguiente manera: Un individuo S conoce la proposición P, si y solo si: a) P es verdadera, b) S cree que P, y c) La creencia de S en P está justificada.

Precisamente, esta última parte es la más importante porque debería llevarnos a preguntar que hace que una creencia sea justificada, una respuesta la encontramos en Aristóteles quien en su teoría de la significación y en su ontología considera a la verdad como correspondencia entre la creencia o la proposición que tenemos en nuestra mente y los hechos que acontecen en la realidad.

Sin embargo, dicho concepto de conocimiento será puesto a prueba en 1963 cuando Edmund Gettier publique su artículo “¿Es el conocimiento creencia verdadera justificada?” y haga ver que tal definición presentaba una falla. Pero si es así, cómo queda el criterio de correspondencia que justifica que el conocimiento sea una creencia verdadera justificada.

La teoría deflacionista de la verdad.



Como hemos visto hasta ahora, el concepto de verdad fue netamente correspondentista. Sin embargo, con el tiempo se daría un vuelco total apareciendo propuestas que llevarían a tratar de eliminar dicho concepto. Para entender ello García Zarate nos habla de tres momentos claves en la Filosofía: El giro ontológico, el giro epistemológico y el giro lingüístico. El primero es denominado como pre-kantiano y corresponde al periodo griego hasta la edad moderna, donde la preocupación iba por la fundamentación de todo lo existente, el ser. En cambio, el segundo momento, es denominado kantiano y corresponde a la edad moderna, donde la preocupación iba a tornarse hacia el proceso del conocimiento, siendo  el mayor referente el filósofo alemán Inmanuel Kant y cuya influencia llegará hasta el siglo XX. Finalmente, el giro lingüístico, considerado post-kantiano se concentrará en el análisis del lenguaje.

Este giro lingüístico tendría sus aspectos positivos como el desarrollo de los estudios referidos al significado del lenguaje, dado que establecieron una relación entre lenguaje, pensamiento y realidad, por lo que  estudiar el lenguaje iba más allá que un simple análisis de proposiciones. Sin embargo, también tuvo un aspecto negativo y es que los positivistas lógicos buscaban extirpar la metafísica clásica de la filosofía.

Ahora bien, en este momento post-kantiano se van a generar los debates sobre la verdad, los cuales giraban en torno a dos presupuestos básicos: la naturaleza sustantiva de la verdad y el rol sustantivo de la verdad. El primero consiste en considerar que la verdad es naturalmente una palabra metafísicamente cargada, es decir que la verdad es un criterio que permite relacionar la mente con la realidad, las proposiciones con el mundo. El otro supuesto se refiere a considerar que la verdad tiene un rol explicativo dentro de la investigación científica.

Así los debates puede clasificarse en dos subtipos: el primer subtipo abordó solo el segundo supuesto y el segundo subtipo abordó ambos. El primero se dio dentro de los positivistas lógicos, que debatieron sobre el rol sustantivo de la verdad en las investigaciones científicas, debate que concluiría con el planteamiento de Tarski y su planteamiento del lenguaje-objeto y metalenguaje. Según este planteamiento una proposición entrecomillada correspondería al lenguaje-objeto, mientras que todo lo que se predique de esta correspondería al metalenguaje. Así, Tarski logra establecer esta correlación entre mente y realidad entrecomillando la oración que referencia a una proposición que se encuentra en nuestra mente y dejando sin comillas a la oración que hace referencia a la realidad. Lo que podemos ver en el siguiente ejemplo: “La nieve es blanca” es verdadera, si y solo si la nieve es blanca. Cabe señalar que el predicado “es verdadera” se considera como un predicado de verdad.

El segundo subtipo de debate ocurre entre dos bandos: los sustantivistas y los deflacionistas. Los primeros defienden los dos supuestos señalados anteriormente, es decir afirman el rol sustantivo de la verdad y su naturaleza sustantiva. En cambio, los deflacionistas rechazan ambos supuestos puesto que la verdad es metafísicamente ligera, en el sentido que no establece ninguna correspondencia entre las proposiciones y la realidad, y que puede ser determinada por el análisis del uso del predicado de verdad, esto es una clara influencia de las filosofías del giro lingüístico.

Ahora bien, el deflacionismo se vio influenciado por dos tradiciones del giro lingüístico: la filosofía del lenguaje ideal y la filosofía del lenguaje ordinario. La primera tradición consiste en señalar que el lenguaje natural no permite resolver los problemas de la filosofía sino que los enreda, por tanto es necesario llevarlo a un lenguaje formal para a partir de allí resolver los problemas filosóficos o descubrir que son pseudo-problemas, esta es la posición de Russell en su teoría de las descripciones definidas y del primer Wittgenstein, e influyó en la teoría deflacionista de la redundancia de Ramsey, motivo por el cual ellos plantean que el uso del predicado de verdad no es necesario pues la proposición formal ya hace referencia a un objeto existente en la realidad. La otra tradición es la de la filosofía del lenguaje ordinario, según esta lo que se busca es resolver problemas filosóficos a través del estudio de las prácticas comunes en el uso del lenguaje ordinario, dicha tradición tuvo una gran influencia en la teoría deflacionista performativa de Strawson.

El deflacionismo de Richard Rorty.
Dentro de este ambiente de debates sobre la verdad es que se forma la figura de Richard Rorty, filósofo norteamericano cuya filosofía tendrá tres momentos: analítico, hermenéutico y pragmático. Incluso afirmará que su filosofía es un neo-pragmatismo que se sostiene en cuatro puntos: el rechazo del uso explicativo de la verdad, el rechazo a la filosofía entendida como teoría del conocimiento, planteamiento de un nuevo modelo fisicalista no reduccionista y planteamiento de una comunidad lingüística como entorno cultural.



En cuanto al rechazo del uso explicativo de la verdad, Rorty se encuentra dentro del grupo de los deflacionistas porque rechaza los dos supuestos del sustantivismo. Para ello se apoya en un planteamiento de Donald Davidson, que consiste en considerar a la verdad como absoluta e inalcanzable dado que lo único que fundamenta nuestras proposiciones son otras proposiciones, pero estas como expresiones de lenguaje se caracterizan por ser relativas y porque nunca podrán ser un nexo entre el conocimiento y la realidad. Davidson considera que la teoría correspondentista de la verdad, vinculado a la relación de verificación se produce como consecuencia de asumir una relación de representación entre el sujeto y el mundo, ya que de no existir esta relación no habría la necesidad de verificar si las expresiones que representan el mundo son verdaderas o falsas.

Otro punto a considerar, es su rechazo a la filosofía entendida como teoría del conocimiento que se produce por un error en el pensamiento de la filosofía occidental y consiste en considerar a la mente como un espejo de la naturaleza, es decir que nuestra mente contiene representaciones exactas de la realidad, de lo dado por los sentidos o la sensibilidad kantiana. Sin embargo, tomando los planteamientos de Wilfrid Sellars respecto al mito de lo dado, que consisten en que para percibir la realidad no basta con la información obtenida a través de los sentidos, sino que anteriormente a ello, debimos aprender un lenguaje, lo que hace que nuestros conocimientos sean de naturaleza proposicional (lingüística), mientras que la realidad es ontológica (no lingüística) por lo que el conocimiento no puede fundamentarse en la realidad sino en otras proposiciones contenidas en su comunidad lingüística.

Por otro lado, Rorty considera que la teoría del conocimiento se encontraría dentro del modelo post-kantiano de relación entre el yo y el mundo, donde se establecen que el yo se encuentra estructurado en tres niveles: el yo interior, el yo intermedio y el yo exterior. De esta manera, el yo interior es el que tiene las creencias y deseos de los otros niveles, mientras que el yo intermedio se compone de las creencias y deseos necesarios o estructurales que constituye el nivel exterior, y el yo exterior que se compone de las creencias y deseos contingentes o empíricos. Asimismo, este yo dividido en tres niveles se relaciona con el mundo a través de cuatro formas: relación de verificación, relación de representación, relación de constitución y relación de causalidad. La primera es una relación unidireccional del mundo exterior al yo exterior, y es eliminada con los planteamientos de Davidson, como hemos visto anteriormente.

La relación de representación es de naturaleza unidireccional y está dirigida del yo exterior al mundo exterior, y Rorty la elimina tomando como base un planteamiento de Pearce que consiste en considerar a las creencias como medio para adaptarse o manejar la realidad o diferentes situaciones, dejando de lado la concepción de creencia como representación exacta de la realidad.

Finalmente, la relación de constitución que también es de naturaleza unidireccional y que está dirigida del yo intermedio al mundo exterior, su eliminación implicará la eliminación del límite entre el yo exterior y el intermedio, y esto porque dicha relación implica la separación entre verdades necesarias y contingentes, división entre esquema y contenido. Para ello Rorty considera las críticas de Quine al empirismo lógico, que consiste en eliminar las diferencias ya mencionadas para pasar de un enfoque internalista a uno externalista, es decir, ya no nos preguntamos por lo que pasa en el interior de la mente del sujeto sino que lo consideramos como un todo y pasamos a un enfoque externalista de este, donde solo podemos ver su conducta respecto a sus creencias.

De esta manera, Rorty rechaza a la filosofía como teoría del conocimiento y plantea en su lugar un modelo fisicalista no reduccionista que mantiene la relación bilateral de causalidad entre el yo y el mundo exterior, por un lado, y por el otro establece una relación de justificación entre la red de creencias y deseos del sujeto, dejando de fundamentar la verdad del conocimiento en la realidad. Este punto nos lleva a preguntarnos por la forma en que se establece dicha red de creencias y deseos, y como estas pueden fundamentar la verdad de nuestros conocimientos.

Así, Rorty nos hablará de la comunidad lingüística y del consenso, refiriendo que la verdad se obtendrá ya no por una contrastación entre conocimiento y realidad, sino por la utilidad o inutilidad de este conocimiento, es decir por consenso. En otras palabras, aquello que es aceptado socialmente por una comunidad de individuos es considerado verdadero, una vez que esto haya ocurrido dicho acuerdo pasa a formar parte de la comunidad lingüística y de esa manera este estará conectado a nuestra red de creencias y deseos.

Referencias:
Del castillo, R. (2015). Rorty y el giro pragmático. Barcelona, España: Bonalletra Alcompas S.L.
Dupré, B. (2010). 50 cosas que hay que saber sobre Filosofía. Madrid, España: Editorial Planeta S.A.
Rorty, R. (2001). La filosofía y el espejo de la naturaleza. Recuperado de http://www.olimon.org/uan/rorty-la-filosofia-y-el-espejo-de-la-naturaleza.pdf
Gettier, E. (1963). ¿Es el conocimiento una creencia verdadera justificada? Análisis (23), 121-123.

Recuperado de:
 http://www.unizar.es/arenas/tc/Gettier-Es_el_conocimiento_creencia_verdadera_justificada.pdf

Tarski, A. (1999).
La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica. A Parte Rei (6), 1-30. Recuperado de http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/tarski.pdf

Ibáñez, E. (2010). Relativismo y verdad en la cultura filosófica y científica contemporánea. Recuperado de http://www.enduc.org.ar/enduc4/trabajos/t033-c17.pdf

Garcia, O. (2006). Deflacionismo y filosofía. Escritura y pensamiento 9(18), 33-52. Recuperado de http://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/letras/article/view/7852/6837

Alvarez, A. (2002). Biología como antidualismo: La epistemología de Rorty. A parte Rei (20), 1-30. Recuperado de http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/asunrorty.pdf

Garcia, J. (2012). ¿Es consistente la concepción rortyana del conocimiento? Daimon. Revista Internacional de Filosofía (55), 171-185. Recuperado de
http://revistas.um.es/daimon/article/view/140912

Link

CEZARY CIEŚLIŃSKI The Epistemic Lightness of Truth: Deflationism and its Logic



CEZARY CIEŚLIŃSKI
The Epistemic Lightness of Truth: Deflationism and its Logic

Miguel Leon Untiveros
Siguiendo a (Burguess & Burguess, Truth, 2011), el deflacionismo, es un grupo de concepciones filosófica a cerca de la verdad que se caracteriza por sostener tres puntos:
Aplicar el predicado de verdad a algo es equivalente a simplemente decirlo (principio de equivalencia).
El principio de equivalencia es suficiente para dar cuenta del significado predicado de verdad.
Una concepción del significado de "verdadero" es una concepción suficiente de la naturaleza de la verdad.
El año pasado se publicó el texto The Epistemic Lightness of Truth. Deflationism and its Logic de Cezary Cieśliński (Cambridge University Press, 2017) con el cual el autor se propone contribuir al programa deflacionista:​
 The Epistemic Lightness of Truth. Deflationism ...
​Asimismo, este año, salió una crítica (via una reseña) a la obra antes indicada, elaborada por el conocido filósofo Leon Horsten (Universidad de Bristol), quien ha trabajado el tema de la verdad. En su reseña el profesor Horsten presenta una serie de críticas al libro de Cieśliński, las cuales se puede consultar en la siguiente dirección:

http://ndpr.nd.edu/news/the-epistemic-lightness-of-truth-deflationism-and-its-logic/

Esperamos que el material sea de su interés.

Atentos saludos,

𝔐𝔦𝔤𝔲𝔢𝔩 𝔄𝔫𝔤𝔢𝔩 𝔏𝔢𝔬𝔫 𝔘𝔫𝔱𝔦𝔳𝔢𝔯𝔬𝔰 

Cezary Cieśliński, The Epistemic Lightness of Truth: Deflationism and its Logic, Cambridge University Press, 2017, 298 pp., $99.00, ISBN 9781107197657.
Reviewed by Leon Horsten, University of Bristol




Deflationist views about truth hold that truth is somehow a metaphysically light and insubstantial notion -- unlike the concept of set, for instance. Many philosophers and philosophical logicians today believe that truth-theoretic deflationism is on the right track. 

But the devil is in the details. The aim of deflationism is to articulate a theory of truth that accurately and in a detailed way describes the logical behavior of the concept of truth and that also captures a deep sense in which truth is a metaphysically light notion. In fact, it seems to me that deflationists about truth need not claim that the deflationist conception of truth is the only viable one. They could agree with [Field 1994] that besides the concept of deflationary truth there is also a more substantial concept of truth -- one might call this the scientific concept of truth -- that is worth investigating logically and philosophically.

Cieśliński aims to contribute to the deflationist programme. He subjects a variety of formal truth theories to logico-philosophical scrutiny. For each theory that is reviewed in this way, he investigates both what its logical properties are and whether it can be said to properly capture the right deflationist perspective. Throughout the book, logical and philosophical considerations are closely intertwined.

As is fairly common in the literature on truth-theoretic deflationism, from a logical perspective, Cieślińskifocuses on axiomatic truth theories. Within this class, he is interested mostly in theories of typed truth, and he discusses only theories formulated in classical logic. A background theory of syntax of course always needs to be adopted. As is standard in the field, Cieśliński mostly adopts Peano Arithmetic (PA) as the background theory of syntax.

Given his deflationist perspective, it is only natural that the author is primarily interested in proof theoretically modest truth theories. Indeed, it is telling that Cieśliński takes the type-free compositional theory (CT) to be a strong truth theory (p. 186). All this is not to say that model-theoretic considerations are of little consequence in the book. On the contrary: one of the strengths of this monograph is that deep model-theoretic techniques and concepts (such as recursive saturation and satisfaction classes) are brought to bear on the axiomatic investigation of truth.

The book consists of three parts. Part I (three chapters) discusses disquotational truth theories. Part II (five chapters) is about compositional truth theories. Part III (two chapters) investigates the relation between deflationist truth and proof-theoretic reflection principles. At the end of each chapter, a very helpful concise summary is given of the chapter's main logical and philosophical outcomes.

It is natural to conjecture that a formalization of truth-theoretic deflationism should be given by a collection of Tarski-biconditionals. However, Tarski already showed that the full compositional behavior of truth cannot be derived from a disquotational basis alone. The failure of disquotational theories to entail general compositional principles such as

(*)       Ɐφ∈LPA[T(←φ)↔←T(φ)]

has come to be known as the generalization problem for deflationism (chapter 5).

The elementary compositional principles such as (*), taken together, form (in the context of PA with induction for the extended language) a natural axiomatic truth theory, called CT. 

Halbach and other philosophical logicians have in recent decades argued that variants and type-free analogs of CT have many virtues as truth theories. But at the same time, it has been hotly debated whether a deflationist is entitled to adopt them. In this philosophical debate, the notion of conservativeness plays a central role (chapter 9, chapter 11).

The problem is this. On the one hand, it is tempting to say that only conservative axiomatic truth theories deserve the label 'deflationist'. On the other hand, there are natural and widely accepted informal argumentation patterns that lead one from a background theory (PA), using truth-theoretic reasoning (such as is sanctioned by CT), to proof-theoretic reflection principles such as Con(PA) and the global reflection principle

Ɐφ∈LPA[BewPA(φ)→T(φ)],

which are independent of the background theory PA. In sum, it appears that truth is not conservative.

Cieśliński does not accept semantic conservativeness as a precondition for an axiomatic truth theory being deflationist (section 9.1). But he looks more favorably on adopting syntactic conservativeness (aka proof-theoretic conservativeness) as a constraint on deflationist truth theories (section 9.2). In view of this, Cieśliński displays a cautious preference for syntactically conservative compositional truth theories such as, for instance, the theory CT-, which is obtained from CT by restricting induction to formulas in which the truth predicate does not occur.

The main anti-deflationist arguments in the literature assert that proof-theoretic reflection principles can be justified using truth-theoretic principles (see for instance [Ketland 1999]). In an interesting move, Cieśliński takes steps in the opposite direction. In chapter 12, he shows how, against the background of a weak disquotational theory, stronger truth principles (such as induction for the extended language, and compositional truth principles such as (*)) can be derived from proof-theoretic reflection principles. The upshot of this is roughly that, modulo a weak disquotational background theory, proof-theoretic reflection principles can be taken to be equivalent to truth-theoretic principles. This constitutes an important new truth-theoretic insight.




Cieśliński believes that we typically can come to know, in other ways than by adopting new basic mathematical axioms, proof-theoretic reflection principles for mathematical theories that we already accept. However, given his deflationist commitments, he holds that this knowledge cannot come from a basic acceptance of a 'strong' truth theory such as CT. How, then, do we arrive from a modest, conservative truth theory as a starting point, to reflection principles for it (or, 'equivalently', to accepting a nonconservative truth theory)?

At this point, Cieśliński takes a cue from Feferman's doctrine of commitments that are implicit in accepting a theory [Feferman 1962]. He agrees with Feferman that by reflecting on our implicit commitments, we can come to accept reflection principles for a theory that we already accept. In this way, Cieśliński brings truth theory in contact with themes that are of major significance in the foundations of mathematics.

I believe that the epistemic process of reflection that is involved here is presently still ill-understood. (The best philosophical work on this subject, prior to Cieśliński's book, is [Franzen 2004].) Proof theorists have since the 1960s concentrated mostly on analyzing the output of the process of (iterated) reflection. But a good philosophical analysis of the process of reflection itself has hitherto been lacking.

In part III, Cieśliński takes first steps towards filling this gap. Central in his theory of implicit commitment is the notion of believability. The thought is that when a person reflects on the implicit commitments involved in her acceptance of a theory K, she comes to accept a theory of believability Bel(K) over K. Cieśliński explains how this process is structured, and he spells out Bel(K) as an axiomatic theory (p. 254). For instance, Bel(K) contains the principle

Ɐφ∈L[BewK(φ) → B(φ)],

where B is the believability predicate and L is the extended language containing the truth predicate and the believability predicate. It is then shown that if K is some conservative disquotational truth theory, Bel(K) proves the believability of compositional truth laws and of reflection principles for K. From the believability of compositionality of truth and of reflection, the agent then is entitled to infer to compositionality of truth and to reflection simpliciter, provided that there are no overriding reasons against doing so (section 13.5).

I cannot praise this book too highly. I predict that it will constitute indispensable reading for any researcher in the field (professional or postgraduate) for years to come. Many open problems are listed: many of them would constitute excellent subjects of a Ph.D. dissertation in philosophical logic; others set a research agenda that will keep a significant part of the next generation of researchers on axiomatic truth occupied.

The book is a cross between a research monograph and a postgraduate textbook. In a sentence, it can be described as the book one needs to read next after reading Volker Halbach's Axiomatic Theories of Truth[Halbach 2015]. It picks up where Halbach's book leaves off; it contains a superb treatment of recent developments in the field and leads the reader into subjects and problems that are likely to dominate research in the field in the next decade. Two features deserve to be highlighted. First, the book contains a superior discussion of recent proof-theoretic work on 'weak' axiomatic theories of truth. The interest in these theories has been growing rapidly over the last decade -- the Warsaw school has been instrumental in this development -- and our knowledge about such theories has greatly increased. Cieśliński gives an outstanding exposition of the results in this area: the proofs of the results are beautiful, clear, and well-structured. But he also explains the importance of these results for truth-theoretic deflationism. Secondly, Cieśliński introduces the reader to the relation between axiomatic truth theory and proof-theoretic reflection principles. This, too, is in my view an area that will expand rapidly over the coming years, and for good reasons.

Cieśliński is in general cautious in the philosophical claims that he makes. Nevertheless, there are a couple of points where I am not completely persuaded by his arguments.

First, in his discussion of deflationism in chapter 9, Cieśliński takes a different stance to syntactic conservativity than to semantic conservativity. Even though he does not believe that it can be convincingly argued that syntactic conservativity of truth theories is implicit in traditional forms of truth-theoretic deflationism that can be found in the literature, he asserts that ''none of what has been said here entails that syntactic conservativity cannot function as a new explication of the lightness of truth, proposed with full awareness that its connection with the tradition is loose'' (p. 170; see also p. 173). Concerning semantic conservativity, Cieśliński's judgment is harsher (p. 154):

I have failed to find good arguments for the semantic conservativity demand. Moreover, it seems to me that attempts to explain why semantic conservativity should matter are at odds with some basic tenets by adherents of the 'lightness of truth' doctrine . . .

I will now argue that Cieśliński does not quite give semantic conservativity a run for its money.

The basic difficulty that Cieśliński sees with requiring semantic conservativity is that ''arguments for semantic conservativity seem to take the notion of intended model for granted'' (pp. 172-173). Appeal to an intended model is (rightly) taken by Cieśliński to be against the spirit of deflationism (p. 147).

But it seems to me that one of the arguments in favor of the semantic conservative requirement that Cieśliński discusses looks rather promising. Playing the devil's advocate, he gives the following argument on behalf of semantic conservativity (p. 151):

There is a final move which should be considered. It involves declaring from the start that the very notion of an intended model is incomprehensible and that all models are on an equal par . . . all models matter.

Cieśliński argues against this view in the following way. Taking PA as a background theory, a semantically conservative truth theory over PA considers Con(PA), for instance, no more acceptable than its negation. But models making Con(PA) true are simply wrong, so not all models are on a par (p. 152). In response to this, one might see ←Con(PA) as just one more arithmetical statement, true in some models, false in others. But Cieśliński resists this line of reasoning, saying (p. 153):

I am ready to assume that we have access to the domain of syntactic objects of our language -- to our `real-life' formulas, sentences, terms, proofs, and so on. When describing syntactic properties of these objects, we discover that it is possible . . . to describe them as numbers . . . 
With this approach, the sentence Con(PA) can be said to 'express' the consistency of Peano arithmetic . . . because of the way it is built, in a close parallel with a natural consistency statement.

The problem with this line of reasoning, in my view, is that it is tantamount to appealing to the notion of intended model, which was to be avoided at all cost. If some proofs were of non-standard length -- and who is to say that they are not? -- then how do we know that some of them could not be proofs of the inconsistency of Peano arithmetic?

To demand semantic conservativity would seem to be in harmony with some of the other claims that Cieśliński makes. For instance, he holds that ''the notion of truth is to be characterized by means of simple axioms . . . which play the role of meaning postulates'' (p. 146; see also p. 22). If one is claiming of a notion that it has certain properties by semantic convention, then it seems that adding the appropriate meaning postulates to the background theory should be a semantically conservative extension of the background theory. Moreover, accepting semantic conservativeness as a constraint on truth theories would not significantly affect the overall structure of Cieśliński's argument. It is true that semantic conservativeness rules out pretty much all truth theories with full induction for the extended language, and even many compositional theories with induction only for arithmetical formulas, such as CT-, for instance (p. 149). There may, therefore, be pragmatic reasons for not imposing semantic conservativity as a constraint on truth theories. But Cieśliński's main theorems concerning believability extensions Bel(K) (such as theorem 13.4.17 and theorem 13.4.18) concern background theories K that are semantically conservative.

The second point concerns Cieśliński's theory of implicit commitment in Part III. Briefly, I am not convinced that the process of reflection involves explicitly accepting the theory of believability over that background theory that Cieśliński proposes. More work needs to be done to motivate that this is what happens in reflection. An alternative account that does not involve explicit acceptance of laws concerning believability is given in [Horsten and Leigh 2017]. But this account suffers from the same weakness. What is still lacking, and what the subject sorely needs, is a careful phenomenological analysis of the process of reflecting on one's implicit commitments.

REFERENCES
Feferman, S. Transfinite recursive progressions of formal theories. Journal of Symbolic Logic 27(1962), pp. 259-316.
Field, H. Deflationist views of meaning and content. Mind 103(1994), pp. 249-285.
Franzen, T. Inexhaustibility. A non-exhaustive treatment. A.K. Peters, 2004.
Halbach, V. Axiomatic Theories of Truth. Second Edition. Cambridge University Press, 2015.
Horsten, L. and Leigh, G. Truth is simple. Mind 216(2017), pp. 195-232.
Ketland, J. Deflationism and Tarski's paradise. Mind 108(1999), pp. 69-94.