sábado, 30 de diciembre de 2017

Los Predicables: Lógica aristotélica




LOS PREDICABLES

Predicables

(del latín “praedicabilia”.) Clases de predicado en la lógica aristotélica. Aristóteles, en los Tópicos, enumera cuatro predicados: género, especie, carácter propio y carácter accidental. Porfirio, comentador de Aristóteles, añade a esta enumeración la diferencia específica. Los predicables se contraponen a los nombres singulares, dado que estos últimos, a diferencia de los primeros, no pueden ser predicados. En Aristóteles, la teoría de los predicables está ligada a la teoría sobre los géneros de “enunciado” - categorías (praedicamenta).

Diccionario filosófico · 1965:372
http://www.filosofia.org/enc/ros/pr5.htm

Géneros del predicado en la lógica aristotélica. 
Aristóteles cuenta cuatro predicables: género, especie, carácter propio y carácter casual. Los predicables se contraponen a los nombres singulares, ya que estos últimos, a diferencia de los predicables, no pueden ser predicados.
Diccionario de filosofía · 1984:345

Definición 
Los predicables son las cinco maneras en que un concepto puede ser dicho de sus inferiores o de los sujetos a los que se enlaza.

A cualquier sujeto o universal lógico son atribuibles tres conexiones esenciales (Género, Especie y Diferencia específica o especificidad) y dos accidentales (Propiedad y Accidente).

Por ejemplo, Juan es esencialmente primate (género)*, humano (especie) y racional (diferencia específica), tiene un sentido del humor que le es propio y ha nacido accidentalmente en Úbeda.
*Nota bene: Obsérvese que la palabra "género" la empleamos aquí en un sentido distinto a cuando hablamos del "género masculino", "femenino" o "epiceno".

Predicables esenciales 
Por Género entendemos un predicable esencial: aquella noción o concepto universal que puede ser atribuido a distintas especies, agrupándolas por su esencia o naturaleza común en una sola clase de entidades. Así, el chimpancé, el orangután, el gorila y el gibón, pertenecen al mismo género (primate) que el ser humano, estos monos póngidos, junto con otros constituyen la clase lógica (el género) de los animales a los que podemos llamar primates.

Podemos discernir entre géneros próximos y géneros remotos, según hemos visto al estudiar en clase el árbol de Porfirio. Córdado o Animal son géneros más remotos respecto de ser-humano que homínido (género próximo que agrupa a especies como el neandertal, el cromañón y el hombre de la isla de Flores, entre otros).

La definición esencial de una especie o de un sujeto incluye el género y la diferencia específica. Cfr. la foto. La mosca zángano es una Eristalis (género) tenax (especificidad).
Todo género puede ser considerado como una especie respecto de un concepto de mayor extensión y menor comprensión. Así, los hongos son una especie de seres vivos y las rúsulas son una especie de hongos, o los diptera son una especie de insecta, etc.

Por Especie entendemos el concepto universal dicho de muchos que diferen individualmente (los individuos). Mesa, silla o armario son especies de muebles. La especie (species, idea) es la forma o estructura que determina el ser esencial de una entidad... Roco es un perro, Babieca fue un caballo, Alfa centauro es una estrella. La especie contesta a la pregunta qué es, nombra la esencia completa de un sujeto.

Por Diferencia Específica o Especificidad entendemos la noción o el concepto universal que expresa la calidad, intensión o nota, que nos permite distinguir diferentes especies de un mismo género. Por ejemplo, el orden taxonómico de los dípteros (moscas y mosquitos) es una "especie" de insectos ("orden", dicen los entomólogos) que tiene por diferencia específica el número de alas (dos).

Predicables accidentales
Llamamos Propiedad o Propio a la noción universal que predicamos necesariamente de una especie, siempre y de todos sus individuos. Es una propiedad necesaria de los dípteros (moscas y mosquitos) que sus alas posteriores estén atrofiadas en halterios claviformes. Son propiedades universales del ser humano su capacidad para la risa, el llanto o la compasión. Prueba de que estas características son necesarias para la preservación de la condición humana es que consideramos inhumanos o deshumanizados a quienes no las ejercitan.

Se debe distinguir entre propiedades genéricas y propiedades específicas. Así, por ser una mosca, la Eristalis tenax de la foto tiene sólo dos alas y halterios claviformes, sin embargo es una propiedad específíca de esta mosca que su larva acuática respire gracias a un largo tubo telescópico en forma de cola de rata.

Llamamos Accidente al universal que predicamos de un sujeto o de una especie de un modo que no es ni esencial ni necesario. Un accidente es una característica inteligible que puede desaparecer sin que el sujeto pierda su condición específica. Así, Juan puede ser ciego o cortarse el pelo al cero sin que por ello deje de ser Juan (nombre propio), ni se pierda su condición de ser humano.
http://filosofayciudadana.blogspot.pe/2009/01/los-predicables.html

Predicables esenciales

 La palabra predicable se deriva del griego categorema que significa: predicado, atributo, y del latín predicable, que significa: lo que se puede atribuir, es decir, afirmar. Los predicables son la manera de efectuar la predicación, es decir, la atribución de un predicado a un sujeto. Los predicables son: el género, la especie, la diferencia específica, lo propio y el accidente.

Los predicables esenciales desde el punto de vista de la extensión

La clasificación de los conceptos en especies y géneros desde el punto de vista de su extensión.
- Género: Es el concepto que agrupa a las especies que tienen algo en común.
- Especie: Es el concepto que agrupa a los entes de la misma esencia. 

ejemplos:

El predicable género: consiste en que el concepto predicado tenga más extensión que el sujeto al que se atribuye la predicación, ejemplo:
-       La espada es un arma à  GÉNERO
-       La cama es un mueble à GÉNERO

El predicable especie: ofrece un concepto que se predica con menos extensión que el sujeto al que se refiere a la predicación, ejemplo:
-       Algunos animales son perros à ESPECIE
-       Algunos mexicanos son veracruzanos à ESPECIE

Comparto el articulo de la Enciclopedia Britanica:

Predicable
LOGIC
WRITTEN BY: The Editors of Encyclopædia Britannica

Predicable, in logic, something that may be predicated, especially, as listed in Boethius’ Latin version of Porphyry’s Isagoge, one of the five most general kinds of attribution: genus, species, differentia, property, and accident. It is based upon a similar classification set forth by Aristotle in the Topics (a, iv–viii), which has “definition,” however, in place of “species.”

Aristotle treated only statements of the form “A is B,” in which subject and predicate are both universal. He noted that in every true statement of this type the predicate either is convertible with the subject (i.e., “B is A” follows from “A is B”) or else it is not. If the predicate is convertible and states its essence, then it is the definition of the subject; whereas if it is convertible but does not state the essence, it is a property of the subject. On the other hand, if the predicate is not convertible with the subject but is part of the definition, it is the genus or differentia of the subject, for a definition always consists of genus and differentia. Finally, if the predicate is not convertible and is not part of the definition, it is an accident of the subject.

Some Aristotelian examples may be briefly mentioned. In the true statement “Man is a rational animal,” the predicate is convertible with the subject and states its essence; therefore, “rational animal” is the definition of man. The statements “Man is an animal” and “Man is rational,” while true, are not convertible; their predicate terms, however, are parts of the definition and hence are the genus and differentia of man. On the other hand, the statement “Man is capable of learning grammar” is true and convertible; but “capable of learning grammar” does not state the essence of man and is therefore a property of man. The true statement “Man is featherless” offers an example of an accident. Its predicate is not convertible with its subject, nor is it part of the definition; accordingly, it expresses only an accidental characteristic of man.

Porphyry gave the following examples of predicable relationships in which the subject is “man”: of genus, animal; of differentia, rational; of property, risible; and of accident, white.

https://www.britannica.com/topic/predicable


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LOS PREDICABLES ESENCIALES DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA COMPRENSIÓN
Diferencia específica: un concepto se predica como diferencia específica respecto de un sujeto cuando se refiere a las notas esenciales, mediante las cuales dicho sujeto se diferencia de las otras especies; ejemplo:
-       la silla es para sentarse
-       la cama es para acostarse
-       el reloj mide el movimiento de rotación de la Tierra.

Lo Propio:  El predicable propio

El llamado propio o propiedad es un concepto que al ser predicado de un sujeto, alude a una nota que para éste es exclusiva y característica, aunque no sean un constitutivo esencial; ejemplos:
Género: animal                                            Género: polígono                                      
Especie: hombre                                          Especie: triángulo
Dif.especifica: racional                                 Dif. Específica: tres lados
Propio: social                                              Propio: sus ángulos suman 180º

Lo propio en sí: Representa el enunciado de una cualidad que se desprende directamente de la esencia, que le pertenece a toda la especie y a todos los individuos de la especie. sin embargo, no es tan fácil delimitar en todos los casos lo propio de la especie como los accidentes del individuo. Por esta razón, el mismo Aristóteles denomina propios también a las determinaciones accidentales, éstas reciben el nombre de lo propio respecto a otro: Representan el enunciado de una cualidad que no se desprende directamente de la esencia, pero que le puede pertenecer a la clase de tres maneras, a saber:


El predicable accidente
El predicado llamado accidente es un concepto que menciona una nota que no es indispensable para el sujeto de la proposición. La nota que tiene el carácter de accidente, de ordinario es separable, pero puede darse el caso que sea permanente, ejemplo:
               -       La mesa es café
               -       La puerta es de madera

La manera correcta de realizar la predicación es siguiendo la siguiente fórmula:

Especie =Género próximo + diferencia específica
La silla  es   un mueble   para       sentarse
 La cama es  un mueble   para       acostarse
El hombre es un animal   -->         racional

https://sites.google.com/site/filomat7/predicables-esenciales/predicables-esenciales

Definición: 
Los predicables son las distintas maneras de predicar o atribuir lo entendido (un concepto) a la realidad.
. Género: Predicable que expresa una parte de la esencia común con otros.
. Especie: Predicable que expresa toda la esencia.
. Diferencia específica: Predicable que expresa una parte de la esencia propia o específica.
. Propiedad: Predicable que expresa una característica no esencial pero que se deriva necesariamente de la esencia.
. Accidental: Predicable que expresa una característica que ni es esencial ni se deriva necesariamente de la esencia.

 Los predicables.
La aceptación de distintos tipos de conceptos implica un pequeño problema: que los conceptos se relacionan unos con otros de diversas formas a la hora de pensar.  Los predicables surgen cuando hacemos juicios, o sea, atribuimos una idea a otra y, por lo tanto,  son ideas universales reflejas. 

Ahora bien, dicha atribución, desde un punto de vista gramatical, está formada por un sujeto, verbo y predicado. V.g. “Mi primo es divertido”; a la idea “mi primo” le atribuimos por medio del verbo “ser” la idea “divertido”. No obstante, “divertido” también puede ser mi perro, un chiste de mi vecino o el ritmo de la banda Café Tacuba. ¿Entonces, de qué modo hacemos la predicación? ¿Cómo se relaciona la idea de divertido con mi primo?

Los conceptos, de acuerdo a sus propiedades (comprensión y extensión), se vinculan entre ellos de varias formas. Un concepto puede ser más amplio que otro y éste a su vez subordinado a una idea más amplia: “divertido”, en cierto sentido, es más amplio que “primo”.  "Divertido" abarca a más seres, pero se subordina a "primo", al ser su predicado. 

 O bien, un concepto se puede referir a una condición general e invariable de un objeto o bien a una condición específica y variable. Por ejemplo, el concepto “color” es atribuible a todos los perros, pero mi “Firulais” es blanco. Los  primos son “hijos de los hermanos de alguno de mis padres”,  pero algunos primos son “divertidos”, otros “aburridos”, etc. Precisamente a las maneras en que se relacionan los conceptos entre sí, cuando se atribuyen unos a otros (modos de predicación) se les llama predicables.  En otras palabras, un predicable es un concepto que se puede predicar de algo.
 Hay dos tipos de predicables: esenciales y no esenciales.[1] Los esenciales apuntan principalmente hacia la extensión de los conceptos; en cambio, los no esenciales se concentran en la comprensión.

Los predicables esenciales
Cuando vimos la ley de la extensión y comprensión de los conceptos, vimos que había ideas de mayor o menor extensión que otras. ¿Recuerdas? Golosina es más extensa que chicle.
Los predicables esenciales son tres: género, especie y diferencia específica.

Al concepto que agrupa varios tipos de seres a partir de una característica común (nota distintiva) de sus esencias, se le llama género.   Golosina agrupa varios tipos de dulces. Al concepto que agrupa a los seres de un mismo tipo (es decir seres que comparten completamente la misma esencia), se le llama especie. En este caso pensemos en “chicle”. Hay un tercer elemento que distingue las especies de un mismo género: la diferencia específica. En ella se da una característica propia de una especie nada más. Algunas especies de golosina son chicles, paletas, pastillas de sabores,  etc. Los chicles se distinguen del resto por estar hechos de una resina blanda altamente masticable de sabor agradable.

Precisamente a aquello que hace la distinción le llamamos diferencia o noción diferencial.  En otras palabras, el género es un concepto universal que comprende a varias especies, a partir de una o unas cuantas características esenciales; la especie es también un concepto universal, pero, a diferencia del género, abarca a entidades que comparten en su totalidad la misma esencia y no nada más una o unas cuantas  de sus propiedades; y, finalmente, la diferencia es un concepto que se refiere a una nota de la esencia de un objeto, la cual permite distinguir una especie de otras, dentro de un mismo género o bien, delimitar una idea genérica.

Un género no necesariamente tiene como inmediatamente inferior a una especie, sino puede tener a otro género debajo de sí y así sucesivamente hasta llegar a una especie. Así pues, habrá: géneros  supremos  (que no están subordinados a otros), géneros ínfimos (que no contienen a ningún otro género) y géneros subalternos (aquellos que están contenidos en uno superior y que poseen otros géneros inferiores).  En el siguiente ejemplo se ve al género supremo hasta arriba, sus géneros ínfimos y algunas de sus especies debajo de éste, y las nociones diferenciales de éstos aparecen entre paréntesis:

Perros[2]
 Pequeños           Medianos              Grandes               Gigantes
                (hasta 25.4 cm) (de 27.9 a  50.8 cm) (de 53.3 a 73.6 cm) (más de 76.2 cm)
                     Chihuahueño            Chow chow               Afgano                  Gran danés

Otro ejemplo, “batería”, “teclado”, “guitarra”, “bajo”, “saxofón” vendrían a ser especies subordinadas a sus respectivos géneros: "instrumento de viento", "instrumento de cuerdas" e "instrumento de percusiones". Estos géneros, a su vez, se subordinan al género “instrumento musical”. Las razones que hacen distintos a los géneros entre sí y a las especies dentro de un género, constituirían las diferencias o nociones diferenciales.

En el próximo apartado veremos los predicables no esenciales. Esto se basa en la idea de que en el mundo real existe algo que es una cosa en sí misma (substancia) y algo que existe dependiendo de esa cosa (accidente metafísico). En consecuencia, una chamarra es una sustancia, pero su color o su tamaño es un accidente. La relación entre substancia y accidente es muy estrecha. Tan estrecha que, para algunos medievales, como Berengario de Tours (1000-1088), los accidentes no pueden existir sin las sustancias.

Ahora bien, los predicables esenciales (género, especie y diferencia) lo mismo se aplican a las sustancias, que a los accidentes.  De esta manera, el color rojo de mi chamarra,  puede convertirse en el género “rojo” que abarque a todas las chamarras de ese color como una especie suya, mientras que otra especie de tal género podría ser “manzana”. 

Los predicables no esenciales
Son aquellos modos de predicar un concepto de acuerdo a la relación de necesidad o contingencia que éste guarda con el objeto que representa.

¿Qué significa lo anterior?  Que los predicables no esenciales están interesados en las cualidades del objeto. Si una cualidad -que ya está expresada en el concepto- es permanente e invariable en el objeto (necesidad), el predicable se llama propio;[3]  pero si la cualidad puede o no estar en el objeto, se llama accidente lógico. “Las vacas son herbívoras”. “Herbívoras” es un concepto que le atribuye una cualidad fundamental a las “vacas”. Para ser una vaca, entre otras cosas es necesario ser herbívoro. 

Pero, qué tal, si nos topamos con  Susana y descubrimos que: “ella es vegetariana”. No es una cualidad necesaria el que Susana sea vegetariana. En cualquier momento ella podría comer carne y seguiría siendo Susana.  La cualidad es contingente (variable) y, por lo tanto, el predicado "vegetariano" es un accidente.  Los accidentes lógicos pueden ser de tres tipos, de acuerdo a su relación con la esencia. Por lo tanto, tenemos los accidentes: según la esencia; fuera de la esencia;  contrarios a la esencia.  Los accidentes según la esencia muestran una propiedad a la que tiende la naturaleza de un objeto.  Entonces tenemos que “salud” es un accidente, según la esencia del cuerpo humano, ya que éste tiende a ella.

Los accidentes fuera de la esencia son aquellos que muestran cualidades de los objetos originadas azarosamente,  por ejemplo, que  Juanito Pérez (sustancia)  sea “médico” (accidente), es una propiedad que, en cierta forma, las circunstancias lo llevaron a adquirirla y no propiamente la naturaleza. Por último, los accidentes contrarios a la esencia se refieren a propiedades que van en contra de la tendencia natural de un objeto, entonces que  si Christopher Reeves, el primer actor de Superman,  tenía como cualidad estar paralítico, esta es contraria a la tendencia humana de moverse. 

Las categorías
Los predicables también reciben el nombre de categoremas.[4] Como ya vimos, son modos de expresar conceptos. Ahora bien, independientemente del modo en que se predican, estos conceptos, cuando se aplican a un buen número de seres, se les llama categorías.[5] Ya no se trata aquí de la relación entre dos conceptos en un enunciado, si no de la aplicación  de un concepto a cierta cantidad de seres en la realidad. En otras palabras, a los  conceptos universales se le conoce también como categorías o predicamentos.[6] La idea “cuchara” se convierte en una categoría cuando la aplicamos a todas  las cucharas de la realidad y los psicólogos cognitivos llegan todavía más  lejos, porque definen –y por lo tanto identifican- a los conceptos como categorías. Sin embargo, hay de categorías a categorías. La idea “ser” es una categoría mucho más amplia que la de “cucaracha”,  pues la primera se aplica prácticamente a todas las cosas, mientras que la segunda se restringe a cierto tipo de adorables insectos.

Las categorías aristotélicas
Aristóteles, pensó que existían diez categorías básicas que no sólo constituían meros conceptos, sino que también reflejaban la estructura de la realidad.[7] Serían algo así como los cimientos que sostienen al edificio de la lógica.

Estas categorías aristotélicas, son de dos tipos: una se llama substancia (y la única categoría que abarca lleva ese nombre) y la otra se llama accidente y abarca las otras nueve categorías restantes.

Como ya lo esbocé un poco antes, la substancia es un concepto que se refiere a todos los seres que existen en sí mismos, mientras que el accidente alude a los seres que únicamente existen en otros  seres. Ejemplo: “La bicicleta es ligera”. “Bicicleta” es un concepto que se refiere a una substancia, pues una bicicleta existe en sí, pero lo “ligero” existe sólo en una substancia, por lo tanto es un accidente, ya que requiere de otro ser (en este caso la bicicleta) para existir; es decir, las cosas (substancias) pueden ser ligeras, sin embargo la ligereza fuera de ellas es imposible.

A continuación, enumeraremos y explicaremos la lista completa de las diez categorías: una substancia y nueve accidentes. Tales son las siguientes:

1.      Substancia. Como ya dije, es una categoría que señala aquellos entes que existen en sí mismos[8]. Ejemplos: Garfield, carro, animal, campana, huracán, Carlos Monsivais,[9] etc.
2.      Cantidad. Es el accidente que indica lo que es divisible de la substancia.[10] Ej.  Una naranja es divisible en dos mitades, el peso de un marrano es divisible en kilogramos, etc.
3.      Cualidad o calificación. Es el accidente que denota una propiedad o característica de una cosa como estimable o desestimable, es decir,  siempre bajo una calificación.[11] Ej. La  fruta es sabrosa,  el colorín es tóxico.
4.      Relación o relativo. Es el accidente que muestra un atributo de una cosa como similar o distinta frente a un ente diferente. Nos muestra cómo se vincula un ser con otros, sea por comparación o sea porque, efectivamente, guardan una relación.[12] Ej.  Chabelo es alto (se es alto en función de algo, porque, al lado de una jirafa es chaparro); la torre latinoamericana es famosa (implica que está en relación con la gente).  
5.      Acción o “hacer”. Es el accidente que muestra una actividad que realiza la substancia. Ej. El bateador hizo un cuadrangular.
6.      Pasión o “ser afectado”. Es el accidente que indica el efecto que sufre la substancia de una acción ajena.[13] Ej. El bateador es golpeado por la bola.
7.      Tiempo. Es el accidente que categoriza la duración de la substancia en la existencia. Ej. El niño tiene ocho años.[14]
8.      Lugar. Este accidente nos enseña la ubicación de la substancia en el espacio. Ej. La mochila está en el salón.
9.      Situación. Da la disposición de las partes de la sustancia  en un lugar. Ej. Supongamos que la mochila está en el salón (accidente de lugar), la situación sería que la mochila está recargada sobre la pared al lado de mi pupitre.
10.  Pertenencia o hábito. Refiere a una cierta “posesión” de la substancia de la cual ésta puede prescindir. Ej. Volvamos a pensar en aquella mochila, pues además de estar recargada sobre la pared, al lado de mi pupitre, dentro del salón, trae amarrada a una de sus correas un zapato de bebé, o sea, una posesión externa.

De acuerdo con Thelenmburg, las categorías aristotélicas expresan la estructura gramatical de una oración: la sustancia corresponde al sustantivo; la cualidad, la cantidad y tiempo al adjetivo;  el lugar al adverbio; la relación corresponde tanto al adjetivo, como al adverbio, la acción y la pasión al verbo;  el hábito y el sitio al participio.

http://supermileto.blogspot.pe/2014/12/los-predicables.html


viernes, 29 de diciembre de 2017

PRAGMA





PRAGMA


Una de las dimensiones de la semiótica es la llamada pragmática.

La semiótica consiste en el estudio de la relacion entre los signos y los sujetos que usan los signos, y en este contexto la pragmatica es definida como el estudio de las significaciones.

Charles Morris. (1938) Foundations of the Theory of signs.
__. Languaje and Behavior (1946)
R. Carnap. (1942). Introduction to semantics.

R.M. Martin. (1959). Towards a systematics Pragmatics.


Voy a referirme en primera instancia a la etimologia de la palabra griega, luego haré una referencia al uso que le daban los griegos, para luego describir cómo se emplea el término en la actualidad.






Las referencia etimológicas:

Pragma: a de Thayer's Greek Lexicon

STRONGS NT 4229: πρᾶγμα
πρᾶγμα, πράγματος, τό (πράσσω), from (Pindar), Aeschylus, Herodotus down, the Sept. chiefly for דָּבָר

a. that which has been done, a deed, an accomplished fact: Luke 1:1; Acts 5:4; 2 Corinthians 7:11; Hebrews 6:18.

b. what is doing or being accomplished: James 3:16; specifically, business (commercial transaction), 1 Thessalonians 4:6 (so Winers Grammar, 115 (109); others refer this example to c. and render in the matter (spoken of, or conventionally understood; cf. Green, Gram., p. 26f)).

c. a matter (in question), affair: Matthew 18:19; Romans 16:2; specifically, in a forensic sense, a matter at law, case, suit (Xenophon, mem. 2, 9, 1; Demosthenes, 1120, 26; Josephus, Antiquities 14, 10, 17): πρᾶγμα ἔχειν πρός τινα (A. V. having a matter against, etc.), 1 Corinthians 6:1.

d. that which is or exists, a thing: Hebrews 10:1; πράγματα οὐ βλεπόμενα, Hebrews 11:1 (see ἐλπίζω).*,

ed, a matter
Original Word: πρᾶγμα, ατος, τό
Part of Speech: Noun, Neuter
Transliteration: pragma
Phonetic Spelling: (prag'-mah)
Short Definition: a thing done, a matter
Definition: a thing done, a deed, action; a matter, an affair.

prágma , "accomplishing by regular practice") – properly, the habit needed to accomplish what is necessary, i.e. in a practical, reliable way.
pragmateuomai/prágma ("everyday business") always has incalculable eternal worth when done in faith (by God's inworked persuasions).

Thayer's Greek Lexicon

STRONGS NT 4229: πρᾶγμα
πρᾶγμα, πράγματος, τό (πράσσω), from (Pindar), Aeschylus, Herodotus down, the Sept. chiefly for דָּבָר

Thayer's Greek Lexicon

STRONGS : πρᾶγμα

πρᾶγμα, πράγματος, τό (πράσσω), from (Pindar), Aeschylus, Herodotus down, the Sept. chiefly for דָּבָר

a. that which has been done, a deed, an accomplished fact: Luke 1:1; Acts 5:4; 2 Corinthians 7:11; Hebrews 6:18.

b. what is doing or being accomplished: James 3:16; specifically, business (commercial transaction), 1 Thessalonians 4:6 (so Winers Grammar, 115 (109); others refer this example to c. and render in the matter (spoken of, or conventionally understood; cf. Green, Gram., p. 26f)).

c. a matter (in question), affair: Matthew 18:19; Romans 16:2; specifically, in a forensic sense, a matter at law, case, suit (Xenophon, mem. 2, 9, 1; Demosthenes, 1120, 26; Josephus, Antiquities 14, 10, 17): πρᾶγμα ἔχειν πρός τινα (A. V. having a matter against, etc.), 1 Corinthians 6:1.

d. that which is or exists, a thing: Hebrews 10:1; πράγματα οὐ βλεπόμενα, Hebrews 11:1 (see ἐλπίζω).*,

http://biblehub.com/greek/4229.htm


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Polibio empleo el termino pragmatikos para describir su propia historia pragmática, que trata de los hechos, de los asuntos humanos. Considera que es la única que puede enseñar a los hombres a cómo comportarse en cuanto miembros de la comunidad.

Los romanos emplearon el termino pragmaticus para referirse a asuntos humanos, especialmente políticos y no a leyendas, sueños, deseos, imaginaciones, etc.

En este sentido el adjetivo pragmático se refiere también al sentido de  "habil", "experimentado". Se refiere al hombre de leyes, a quién sabe pensar en lo útil.

Kant empleó varias veces este término, se refirió al conocimiento pragmático que es útil para la vida, del mismo modo que Polibio. Se refirió a sanciones pragmáticas con un sentido jurídico, derivadas de una autoridad.

En relacion a los fines Kant establece (en Crítica de la razón pura) que las condiciones para alcanzarlos son hipotéticamente necesarias y que esta creencia puede ser subjetivamente suficiente (creencia contingente) y la denomina creencia pragmática

En La Paz perpetua se refirió Kant a los principios prágmáticos cuando estan destinados a regular el uso de un medio para alcanzar un determinado fin.

En la actualidad el término 'pragmático' en filosofía suele emplearse para calificar una idea dentro de una forma cualquiera de pragmatismo, o para caracterizar cualquier predicado en la  pragmática como rama de la semiótica .

El 'pragmatismo' se ha desarrollado especialmente en USA y en Inglaterra, pero ha influido en forma individual en otros países en la obra de Bergson, Spengler, Simmel, e incluso en Nietzsche.


J. Dewey

El pragmatismo anglo-norteamericano incluye, entre otros,  la obra de William James y C. S. Peirce, John Dewey George Herbert Mead 



Referencia a los tipos de amores que tenían los griegos, uno de ellos era el Pragma

Today's coffee culture has an incredibly sophisticated vocabulary. Do you want a cappuccino, an espresso, a skinny latte, or maybe an iced caramel macchiato?

G. H. Mead

C. S. Peirce

W. James

Eros involved a loss of control that frightened the Greeks.

The ancient Greeks were just as sophisticated in the way they talked about love, recognizing six different varieties. They would have been shocked by our crudeness in using a single word both to whisper "l love you" over a candlelit meal and to casually sign an email "lots of love."
So what were the six loves known to the Greeks? And how can they inspire us to move beyond our current addiction to romantic love, which has 94 percent of young people hoping—but often failing—to find a unique soul mate who can satisfy all their emotional needs?

1. Eros, or sexual passion
The first kind of love was eros, named after the Greek god of fertility, and it represented the idea of sexual passion and desire. But the Greeks didn't always think of it as something positive, as we tend to do today. In fact, eros was viewed as a dangerous, fiery, and irrational form of love that could take hold of you and possess you—an attitude shared by many later spiritual thinkers, such as the Christian writer C.S. Lewis.
Eros involved a loss of control that frightened the Greeks. Which is odd, because losing control is precisely what many people now seek in a relationship. Don't we all hope to fall "madly" in love?

2. Philia, or deep friendship
The second variety of love was philia or friendship, which the Greeks valued far more than the base sexuality of eros. Philia concerned the deep comradely friendship that developed between brothers in arms who had fought side by side on the battlefield. It was about showing loyalty to your friends, sacrificing for them, as well as sharing your emotions with them. (Another kind of philia, sometimes called storge, embodied the love between parents and their children.)
We can all ask ourselves how much of this comradely philia we have in our lives. It's an important question in an age when we attempt to amass "friends" on Facebook or "followers" on Twitter—achievements that would have hardly impressed the Greeks.
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3. Ludus, or playful love
This was the Greeks' idea of playful love, which referred to the affection between children or young lovers. We've all had a taste of it in the flirting and teasing in the early stages of a relationship. But we also live out our ludus when we sit around in a bar bantering and laughing with friends, or when we go out dancing.
Dancing with strangers may be the ultimate ludic activity, almost a playful substitute for sex itself. Social norms may frown on this kind of adult frivolity, but a little more ludus might be just what we need to spice up our love lives.

4. Agape, or love for everyone
The fourth love, and perhaps the most radical, was agape or selfless love. This was a love that you extended to all people, whether family members or distant strangers. Agape was later translated into Latin as caritas, which is the origin of our word "charity."
C.S. Lewis referred to it as "gift love," the highest form of Christian love. But it also appears in other religious traditions, such as the idea of mettā or "universal loving kindness" in Theravāda Buddhism.
There is growing evidence that agape is in a dangerous decline in many countries. Empathy levels in the U.S. have declined sharply over the past 40 years, with the steepest fall occurring in the past decade. We urgently need to revive our capacity to care about strangers.

5. Pragma, or longstanding love
Another Greek love was the mature love known as pragma. This was the deep understanding that developed between long-married couples.
Pragma was about making compromises to help the relationship work over time, and showing patience and tolerance.

The psychoanalyst Erich Fromm said that we expend too much energy on "falling in love" and need to learn more how to "stand in love." Pragma is precisely about standing in love—making an effort to give love rather than just receive it. With about a third of first marriages in the U.S. ending through divorce or separation in the first 10 years, the Greeks would surely think we should bring a serious dose of pragma into our relationships.

6. Philautia, or love of the self
The Greek's sixth variety of love was philautia or self-love. And the clever Greeks realized there were two types. One was an unhealthy variety associated with narcissism, where you became self-obsessed and focused on personal fame and fortune. A healthier version enhanced your wider capacity to love.
How Should We Live by Roman Krznaric.
This article is based on the author's new book, How Should We Live? Great Ideas from the Past for Everyday Life.

The idea was that if you like yourself and feel secure in yourself, you will have plenty of love to give others (as is reflected in the Buddhist-inspired concept of "self-compassion"). Or, as Aristotle put it, "All friendly feelings for others are an extension of a man's feelings for himself."

The ancient Greeks found diverse kinds of love in relationships with a wide range of people—friends, family, spouses, strangers, and even themselves. This contrasts with our typical focus on a single romantic relationship, where we hope to find all the different loves wrapped into a single person or soul mate. The message from the Greeks is to nurture the varieties of love and tap into its many sources. Don't just seek eros, but cultivate philia by spending more time with old friends, or develop ludus by dancing the night away.

Moreover, we should abandon our obsession with perfection. Don't expect your partner to offer you all the varieties of love, all of the time (with the danger that you may toss aside a partner who fails to live up to your desires). Recognize that a relationship may begin with plenty of eros and ludus, then evolve toward embodying more pragma or agape.

The diverse Greek system of loves can also provide consolation. By mapping out the extent to which all six loves are present in your life, you might discover you've got a lot more love than you had ever imagined—even if you feel an absence of a physical lover.

It's time we introduced the six varieties of Greek love into our everyday way of speaking and thinking. If the art of coffee deserves its own sophisticated vocabulary, then why not the art of love?

http://www.yesmagazine.org/happiness/the-ancient-greeks-6-words-for-love-and-why-knowing-them-can-change-your-life

Consultar mi Blog: FILOSOFÍA

Empirismo lógico y Prágmatismo:

jueves, 28 de diciembre de 2017

“Athene noctua”: FILOSOFÍA




La lechuza, estrictamente llamada “Athene noctua” es un ave rapaz de la familia de los “Strigidae” o estríngidos. El nombre de la especie viene del verbo latino “stringere” que significa “agarrar, oprimir, comprimir, coger, atrapar” en razón, de que la forma de ataque de estas aves, es “atrapando y comprimiendo fuertemente con sus garras”.

Es factible que el verbo “estreñir y restringir” tengan la misma raíz, al menos la significación de los fonemas [s], [t], [r] dan la idea de un “algo firme [st] que agosta y comprime [tr]. Piensa en la semántica de “tristeza” en que los sonidos [tr] dicen de algo que se quiebra; tal que bien puede entenderse que la tristeza, y esta hermosa ave, al capturar, oprimen, y al oprimir, quiebran…Camina  sobre hojas o ramas secas ¿no es acaso el sonido del quebrantamiento el que escuchas?…Esta lechuza, cuyo nombre “Athene noctua” – la ateniense nocturna – es símbolo de la sabiduría – simpliciter – y de la filosofía – individualiter – por tres razones: 

PRIMERA RAZON. Era el ave que simbolizaba, y acompañaba a Palas Athenea, Diosa de la Sabiduría, que es descripta, ya en la Odisea como aquella que tiene “ojos de lechuza” u ojos brillantes, ya que el adjetivo griego “brillante” – glaukós – tiene la misma raíz que el sustantivo glaux, que significa “lechuza”. Por ende el brillo de los ojos o del rostro de Athenea, o Minerva en la mitología romana, implica perspicacia, luminosidad, patencia del ser, penetración, lumbre difusiva. 

De allí que Athenea, en la misma Odisea, sea llamada también “optiletis”, es decir de vista aguda. En ese sentido la relación entre la lechuza – en tanto símbolo – y Athenea, en tanto divinidad, conforman – casi – una sinécdoque, es decir, una comprensión simultánea entre el símbolo y lo simbolizado. De allí que la lumbre de la Inteligencia Divina de Athenea, partenogénita de Zeús, símbolo a su vez de la unidad de naturaleza y del no concurso de temporalidad, al punto que ella es engendrada, no creada, se simboliza con la mirada perspicua de la lechuza que puede ver en el seno de la noche. 



SEGUNDA RAZÓN: la lechuza sale a cazar en el abismo nocturno, es decir en la ausencia de luz solar. De este modo es símbolo de la sabiduría y de la filosofía, que en el seno de la opacidad del mundo de los hechos y de los entes opacos, atraviesa el noctámbulo cielo de las cosas a fin de “cazar al ser metafisico”, es decir, a fin de captar la luminosidad de lo inteligible. En la simbología cristiana-católica la lechuza es perfeccionada por el águila, que siendo la única ave capaz de mirar de cara al sol, se convierte en símbolo de la teología, tal que la noche de los entes es recorrida por el vuelo de la filosofía que sana las almas y las inteligencias – aún en la noctambulidad entitativa – al proferir el ser inteligible escondido en los entes;

recuerda aquí a Heidegger…”El ser gusta estar en el ocultamiento” 
o aquel famoso fragmento de Heráclito “la naturaleza gusta ocultarse”…

A su vez, en la simbología litúrgica de los Obispos, patentizada en los antiguos Pontificales, se pedía que el prelado ingresara a la Catedral haciendo ruido con el báculo – el cayado – (sonitu gravi con sonido grave, afirmaba el Pontifical Romano), pues en la tarde de los tiempos, caído el hombre en el pecado original, tal como las ovejas al anochecer, no pueden ver, es decir, pierden la visión de la Divina Esencia, tal como las ovejas pierden la visión de las esencias, requieren el sonido de la Palabra Eterna del Padre, es decir la Manifestación del Verbo o Segunda Persona de la Trinidad que torne audible lo hecho inaudible por el pecado.

El pastor, en el símbolo, golpea su cayado en las piedras a fin de que las ovejas escuchen su presencia, y conformen junto a él un solo aprisco, así el Obispo, con el sonido del báculo que simboliza la potestad sacra y magisterial del Obispo (por ello tiene su cátedra, de allí catedral) anuncia a los hombres postlapsados o caídos la presencia redentora del Verbo de cuya verdad el Obispo es defensor, garante y maestro. Fíjate que la naturaleza de los símbolos míticos se asocian a la “visión”, los cristianos a la “audición”, de allí que el Dios cristiano sea dicho como causa ejemplar de toda proporción, fundamento de la audición celeste y armónica, y por ello el Geómetra Celeste.



TERCERA RAZÓN: la lechuza tiene el poder de girar su cuello – casi – en rotación total, por ende su mirada es panóptica…Símbolo perfecto de la filosofía que todo lo ve, y que aún desde la noche de los entes, contempla el destello del Ser; por ello, en el proemio el poema de Parménides (siglo V a.C), el filósofo es llamado “aner eidota fota“, el “varón de mirada luminosa”…Pero esta tercera razón permite vislumbrar otro símbolo, a saber: si la filosofía – como la lechuza – todo lo ven en un solo acto, implica, por una parte el punto de la evidencia, es decir, la inmediatez de la visión del Ser, y por otro, que al verlo todo, quita la posibilidad de la nada, es decir de lo ininteligible, de lo que no puede ser visto ni oído, el no-ser absoluto, que en cuanto tal, es lo impensable, pues como decía el gran Parménides, el SER ES – el NO-SER NO ES…

por el Prof. José María Boetto
https://isfdnsfatima.wordpress.com/sobre-el-realismo-y-el-idealismo/la-lechuza-y-la-filosofia/

domingo, 20 de agosto de 2017

¿Qué es lo contemporáneo? (Giorgio Agamben, 2008)

¿Qué es lo contemporáneo?
(Giorgio Agamben, 2008)



1. La pregunta que quisiera inscribir en el umbral de este seminario, es:
“¿De quién y de qué cosa somos contemporáneos? Y, sobre todo, ¿qué significa ser contemporáneo?” En el curso del seminario nos sucederá de leer textos cuyos autores distan de nosotros muchos siglos y otros más recientes o recientísimos: pero en cada caso, esencialmente deberemos llegar a ser contemporáneos de estos textos. El “tempo”1 de nuestro seminario es la contemporaneidad, exige ser contemporáneos de los textos y de los autores que se examina. Tanto su rango como su éxito pueden medirse por su —por nuestra— capacidad de estar a la altura de esta exigencia.

Una primera, provisoria, indicación para orientar nuestra búsqueda de una respuesta nos viene de Nietzsche. En un apunte de sus cursos en el Collège de France, Roland Barthes lo compendia del siguiente modo: “Lo contemporáneo es lo intempestivo”.

En 1847, Friedrich Nietzsche, un joven filólogo que había trabajado hasta entonces sobre textos griegos y había antes alcanzado una imprevista fama con El nacimiento de la tragedia, publica Unzeitgemässe Betrachtungen, las “Consideraciones intempestivas”, con las cuales pretende rendir cuenta de su tiempo, tomar posición respecto al presente. ”Intempestiva esta consideración es”, se lee al inicio de la segunda, “Consideración”, “porque busca comprender como un mal, un inconveniente y un defecto algo de lo cual la época está, justamente, orgullosa, es decir, su cultura histórica, porque pienso que somos todos devorados por la fiebre de la historia y debemos al menos rendir cuenta de ello.” Nietzsche sitúa su pretensión de “actualidad“, su “contemporaneidad” respecto al presente, en una desconexión y en un desfasaje. Pertenece verdaderamente a su tiempo, es verdaderamente contemporáneo aquel que no coincide perfectamente con él ni se adecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual; pero, justamente por esta razón, a través de este desvío y este anacronismo, él es capaz, más que el resto, de percibir y aferrar su tiempo.

Esta no-coincidencia, esta desincronía, no significa, naturalmente, que contemporáneo sea aquel que vive en otro tiempo, un nostálgico que se sienta más en casa en la Atenas de Pericles o en la París de
Robespierre y del Marqués de Sade que en la ciudad y en el tiempo que le fue dado vivir. Un hombre inteligente puede odiar a su tiempo, pero entiende en cada caso pertenecerle irrevocablemente, sabe de no poder escapar a su tiempo. 1
1 N.T.: mantengo aquí el término “tempo”, en lugar de traducirlo por “tiempo”, para mantener la noción rítmica puesta en juego por Agamben y alejar la posibilidad de una interpretación cronológica.

La contemporaneidad es, entonces, una singular relación con el  propio tiempo, que adhiere a él y, a la vez, toma distancia; más precisamente, es aquella relación con el tiempo que adhiere a el a través de un desfasaje y un anacronismo. Aquellos que coinciden demasiado plenamente con la época, que encajan en cada punto perfectamente con ella, no son contemporáneos porque, justamente por ello, no logran verla, no pueden tener fija la mirada sobre ella.

2. En 1923, Osip Mandel’stam escribe una poesía que se intitula “El siglo” (pero la palabra rusa vek significa también época). Esta contiene no una reflexión sobre el siglo, sino sobre la relación entre el poeta y su tiempo, es decir, sobre la contemporaneidad. No el “siglo”, sino, según las palabras que abren el primer verso, “mi siglo” (vek moi):

Mi siglo, mi fiera, ¿quién podrá
mirarte dentro de los ojos
y soldar con su sangre
las vértebras de dos siglos?

El poeta, que debía pagar la contemporaneidad con la vida, es aquel que debe tener fija la mirada en los ojos de su siglo-fiera, soldar con su sangre la espalda despedazada del tiempo. Los dos siglos, los dos tiempos, no son solamente, como se ha sugerido, el siglo XIX y el XX, sino también y, sobre todo, el tiempo de la vida del singular (recuerden que el latín saeculum significa en su origen el tiempo de la vida) y el tiempo histórico colectivo, que llamamos, en este caso, el siglo XX, cuya
espalda —aprendemos en la última estrofa de la poesía— está despedazada. El poeta, en cuanto contemporáneo, es esa fractura, es eso que impide al tiempo componerse y, a su vez, la sangre que debe suturar la rotura. El paralelismo entre el tiempo — y las vértebras— de la criatura y el tiempo —y las vértebras— del siglo constituye uno de los temas esenciales de la poesía:

Hasta que la criatura vive
Debe llevar las propias vértebras,
Las olas bromean
con la invisible columna vertebral.
Como tierno, infantil cartílago
Es el siglo recién nacido de la tierra.
El otro gran tema —también este, como el precedente, una imagen
de la contemporaneidad— es aquel de las vértebras despedazadas del
2
siglo y de su soldadura, que es obra del singular (en este caso, del
poeta):

Para liberar al siglo en grillos
Para dar inicio al nuevo mundo
Es necesario con la flauta reunir
Las rodillas nudosas de los días.

Que se trate de una tarea impracticable —o, de todos modos, paradojal— está probado por la estrofa sucesiva, que concluye el poema. No solo la época-fiera tiene las vértebras despedazadas, sino vek, el siglo apenas nacido, con un gesto imposible para quien tiene la espalda rota, quiere volver hacia atrás, contemplar las propias huellas y, de este modo, muestra su rostro demente:

Pero se ha despedazado tu espalda
mi estupendo, pobre siglo.
Con una sonrisa insensata
como una fiera un tiempo flexible
te volteas hacia atrás, débil y cruel,
a contemplar tus huellas.

3. El poeta —el contemporáneo— debe tener fija la mirada en su tiempo.
¿Pero qué cosa ve quien ve su tiempo, la sonrisa demente de su siglo? Quisiera a este punto proponerles una segunda definición de la contemporaneidad: contemporáneo es aquel que tiene fija la mirada en su tiempo, para percibir no las luces, sino la oscuridad. Todos los tiempos son, para quien lleva a cabo la contemporaneidad, oscuros.

Contemporáneo es, precisamente, aquel que sabe ver esta oscuridad, que está en grado de escribir entintando la lapicera en la tiniebla del presente. ¿Pero qué significa “ver una tiniebla”, “percibir la oscuridad”?



Una primera respuesta nos es sugerida por la neurofisiología de la visión. ¿Qué cosa adviene cuando nos encontramos en un ambiente privado de luz, o cuando cerramos los ojos? ¿Qué es la oscuridad que entonces vemos? Los neurofisiólogos nos dicen que la ausencia de luz desinhibe una serie de células periféricas de la retina, llamadas of-cells, que entran en actividad y producen esa especie particular de visión que llamamos oscuridad. La oscuridad no es, por lo tanto, un concepto privativo, la simple ausencia de la luz, algo así como una no-visión, sino el resultado de la actividad de las of-cells, un producto de nuestra retina. Ello significa, si volvemos ahora a nuestra tesis sobre la oscuridad de la contemporaneidad, que percibir esta oscuridad no es una forma de inercia o de pasividad, sino que implica una actividad y una habilidad particular, que, en nuestro caso, equivalen a neutralizar 3 las luces que vienen de la época para descubrir su tiniebla, su oscuridad especial, que no es, de todos modos, separable de aquellas luces.

Puede decirse contemporáneo solamente quien no se deja enceguecer por las luces del siglo y alcanza a vislumbrar en ellas la pate de la sombra, su íntima oscuridad. Con esto, sin embargo, no tenemos aun la respuesta a nuestra pregunta. ¿Por qué alcanzar a percibir las tinieblas que provienen de la época debería interesarnos?
¿No es quizás la oscuridad una experiencia anónima y por definición impenetrable, algo que no está dirigido a nosotros y no puede, por ello, concernirnos? Al contrario, el contemporáneo es aquel que percibe la oscuridad de su tiempo como algo que le concierne y no deja de interpelarlo, algo que, más que toda luz, se dirige directamente a él.

Contemporáneo es aquel que recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo.

4. En el firmamento que observamos de noche, las estrellas resplandecen circundadas por una punzada tiniebla. Porque en el universo hay un número infinito de galaxias y de cuerpos luminosos, la oscuridad que vemos en el cielo es algo que, según los científicos, necesita una explicación. Es acerca de la explicación que la astrofísica contemporánea da de esta oscuridad que quisiera ahora hablarles. En el universo en expansión, las galaxias más remotas se alejan de nosotros a una velocidad tan fuerte, que su luz no logra alcanzarnos. Aquello que percibimos como la oscuridad del cielo, es esta luz que viaja velocísima en torno a nosotros y, sin embargo, no puede alcanzarnos, porque las galaxias de las cuales proviene se alejan a una velocidad superior a aquella de la luz.

Percibir en la oscuridad del presente esta luz que busca alcanzarnos y no puede hacerlo, ello significa ser contemporáneos. Por ello los contemporáneos son raros. Y por ello ser contemporáneos es, sobre todo, una cuestión de coraje: porque significa ser capaces no sólo de tener fija la mirada en la oscuridad de la época, sino también percibiren aquella oscuridad una luz que, directa, versándonos, se aleja infinitamente de nosotros. Es decir, aun: ser puntuales en una cita a la que se puede solo faltar.

Por esto el presente que la contemporaneidad percibe tiene las vértebras rotas. Nuestro tiempo, el presente, no es, de hecho, solamente el más lejano: no puede en ningún caso alcanzarnos. Su espalda está despedazada y nosotros estamos exactamente en el punto de la fractura. Por ello le somos, a pesar de todo, contemporáneos.

Comprendan bien que la cita que está en cuestión en la contemporaneidad no tiene lugar simplemente en el tiempo cronológico: es, en el tiempo cronológico, algo que urge dentro de él y lo transforma. Y esta urgencia es la intempestividad, el anacronismo que 4 nos permite aferrar nuestro tiempo bajo la forma de un “demasiado pronto” que es, también, un “demasiado tarde”, de un “ya” que es, también, un “no aun”. Y, a su vez, reconocer en la tiniebla del presente la luz que, sin jamás poder alcanzarnos, está perennemente en viaje en torno a nosotros.
5.

Un buen ejemplo de esta especial experiencia del tiempo que
llamamos la contemporaneidad es la moda. Aquello que define a la
moda es que ella introduce en el tiempo una peculiar discontinuidad
que lo divide según su actualidad o inactualidad, su ser o su no-sermás-a
la-moda (a la moda y no simplemente de moda, que se refiere
sólo a las cosas). Esta cesura, por cuanto sutil, es perspicua, en el
sentido de que aquellos que deben percibirla la perciben
indefectiblemente y de este modo atestiguan su estar a la moda; pero si
buscamos objetivarla y fijarla en el tiempo cronológico, ella se revela
inaferrable. Sobre todo la “hora” de la moda, el instante en el cual viene
a ser, no es identificable a través de un cronómetro. ¿Esta “hora” es
quizás el momento en el cual el estilista concibe el rasgo, la nuance que
definirá la nueva forma del vestido? ¿O aquel en el cual le confía al
diseñador y luego a la sastrería que le confecciona el prototipo? ¿O, más
bien, el momento del desfile, en el cual el vestido es llevado por las
únicas personas que están siempre y solamente a la moda, las
mannequins, que, sin embargo, justamente por ello, no lo están nunca
verdaderamente? Porque, en última instancia, el estar a la moda de la
“forma” o del “modo” dependerá del hecho de que las personas de carne
y hueso, distintas de las mannequins —esas víctimas sacrificiales de un
dios sin rostro— lo reconozcan como tal y lo efectúen en la propia ropa.

El tiempo de la moda es, entonces, constitutivamente anterior a sí
mismo y, justamente por ello, también siempre en retardo, tiene
siempre la forma de un umbral inaferrable entre un “no aun” y un “no
más”. Es probable que, como sugieren los teólogos, ello dependa del
hecho que la moda, al menos en nuestra cultura, es una marca teológica
del vestido, que deriva de la circunstancia en que el primer vestido fue
confeccionado por Adán y Eva después del pecado original, en forma de
un taparrabo entrelazado con hojas de higo. (Por la precisión, los
vestidos que nosotros vestimos derivan no de este taparrabo vegetal,
sino del tunicae pellicae, de los vestidos hechos de pelos de animales
que Dios, según Gen. 3.21, hace vestir, como símbolo tangible del
pecado y de la muerte, a nuestros progenitores en el momento en el
cual los expulsa del paraíso.) En todo caso, cualquiera fuese la razón, el
“ahora”, el kairos de la moda es inaferrable: la frase “yo estoy en este
instante a la moda” es contradictoria, porque en el momento en el cual
el sujeto la pronuncia está ya fuera de la moda. Por ello, el estar a la
moda, como la contemporaneidad, comporta un cierto “desahogo”, un
cierto desfasaje, en el cual su actualidad incluye dentro de sí una
5
pequeña parte de su afuera, un matiz de démodé. De una señora
elegante se decía en París en el Ochocientos, en este sentido: “Elle est
contemporaine de tout le monde”.

Pero la temporalidad de la moda tiene otro carácter que la
emparienta a la contemporaneidad. En el gesto mismo en el cual su
presente divide el tiempo según un “no más” y un “no aun”, ella
instituye con estos “otros tiempos” —ciertamente con el pasado y,
quizás, también con el futuro— una relación particular. Ella puede “citar”
y, de este modo, ritualizar cualquier momento del pasado (los años ’20,
los años ’70, pero también la moda imperio o neoclásica). Ella puede
poner en relación aquello que ha inexorablemente dividido, rellamar,
re-evocar y revitalizar incluso aquello que había declarado muerto.
6. 
Esta especial relación con el pasado tiene también otra cara.

La contemporaneidad se inscribe, de hecho, en el presente
marcándolo sobre todo como arcaico y sólo quien percibe en lo más
moderno y reciente los indicios y las marcas de lo arcaico puede serle
contemporáneo. Arcaico significa: próximo al arké, es decir, al origen.

Pero el origen no está situado solamente en un pasado cronológico: es
contemporáneo del devenir histórico y no cesa de operar en él, como el
embrión continúa actuando en los tejidos del organismo maduro y el
niño en la vida psíquica del adulto. El desvío —y, al mismo tiempo, la
cercanía— que definen la contemporaneidad tienen su fundamento en
esta proximidad con el origen, que en ningún punto late con más fuerza
que en el presente. Quien ha visto por primera vez, llegando el alba del
mar, los rascacielos de New York, ha inmediatamente percibido esa
facies arcaica del presente, esa contigüidad con la ruina que las
imágenes atemporales del 11 de septiembre han vuelto evidentes para
todos.

Los historiadores de la literatura y del arte saben que entre lo arcaico y lo moderno hay una cita secreta, y no tanto porque las formas más arcaicas parezcan ejercitar sobre el presente una fascinación
particular, cuanto porque la clave de lo moderno está escondida en lo inmemorial y en lo prehistórico. Así, el mundo antiguo a su fin se dirige, para reencontrarse, hacia lo primordial; la vanguardia, que se ha perdido en el tiempo, sigue a lo primitivo y lo arcaico. Es en este sentido que se puede decir que la vía de acceso al presente tiene necesariamente la forma de una arqueología. Que no retrocede ya a un
pasado remoto, sino a cuanto en el presente no podemos en ningún caso vivir y, quedando no vivido, es incesantemente tragado desde el origen, sin jamás poder alcanzarlo. Porque el presente no es otra cosa que la parte de no-vivido en todo vivido y aquello que impide el acceso al presente es la masa de aquel en lo cual, por alguna razón (su carácter traumático, su excesiva cercanía) no hemos logrado vivir. La atención a 6 este no-vivido es la vida del contemporáneo. Y ser contemporáneos significa, en este sentido, volver a un presente en el cual nunca hemos estado.

7. Aquellos que intentaron pensar la contemporaneidad, pudieron
hacerlo sólo a costa de dividirla en más tiempos, de introducir en el
tiempo una esencial des-homogeneidad. Quien puede decir: “mi
tiempo”, divide el tiempo, inscribe en el una cesura y una
discontinuidad; y, sin embargo, justamente a través de esta cesura, esta
interpolación del presente en la homogeneidad inerte del tiempo lineal,
el contemporáneo hace actuar una relación especial entre los tiempos.

Si, como habíamos visto, es el contemporáneo que ha despedazado las
vértebras de su tiempo (o, de todos modos, ha percibido la falla o el
punto de rotura), él hace de esta fractura el lugar de una cita y de un
encuentro entre los tiempos y las generaciones. Nada más ejemplar, en
este sentido, que el gesto de Pablo, en el punto en el cual lleva a cabo y
anuncia a sus hermanos aquella contemporaneidad por excelencia que
es el tiempo mesiánico, el ser contemporáneo del mesías, que él llama
el “tiempo-de-ahora” (ho nyn kairos). No sólo este tiempo es
cronológicamente indeterminado (la parusia, el retorno de Cristo que
marca el fin es cierto y cercano, pero incalculable), sino que él tiene la
capacidad singular de poner en relación consigo cada instante del
pasado, de hacer de cada momento o episodio del relato bíblico una
profecía o una prefiguración (typos, figura, es el término que Pablo
prefiere) del presente (así Adán, a través del cual la humanidad ha
recibido la muerte y el pecado, es “tipo” o figura del mesías, que lleva a
los hombres la redención y la vida).

Ello significa que el contemporáneo no es solamente aquel que, percibiendo la oscuridad del presente aferra la inamovible luz; es también aquel que, dividiendo e interpolando el tiempo, está en grado de transformarlo y de ponerlo en relación con los otros tiempos, de leer de modo inédito la historia, de “citarla” según una necesidad que no proviene en algún modo de su arbitrio, sino de una exigencia a la cual no puede no responder. Es como si aquella invisible luz que es la oscuridad del presente, proyectase su sombra sobre el pasado y éste, tocado por ese haz de sombra, adquiriese la capacidad de responder a las tinieblas del ahora. Es algo del género que debía tener en mente Michel Foucault, cuando escribía que sus indagaciones históricas sobre el pasado son solamente la sombra traída de su interrogación teórica del presente. Y Walter Benjamin, cuando escribía que el índice histórico contenido en las imágenes del pasado muestra que éstas llegarán a la legibilidad sólo en un determinado momento de su historia. Es de nuestra capacidad de escuchar esa exigencia y aquella sombra, de ser contemporáneos no solo de nuestro siglo y del “ahora”, sino también de 7 sus figuras en los textos y en los documentos del pasado, de la que dependerán el éxito o la insignificancia de nuestro seminario.

Traducción: Ariel Pennisi
Revisión: Adrián Cangi