domingo, 2 de noviembre de 2014

Plotino

Zeferino González (1831-1894)
Obras del Cardenal González
Historia de la Filosofía
Tercer periodo de la filosofía griega
§ 115
Plotino



Plotino, el representante principal y más genuino del aspecto filosófico del neoplatinismo, nació en Lycópolis, en los primeros años del siglo tercero de la Iglesia. Después de escuchar las lecciones de varios filósofos, y últimamente las de Anmonio Saccas en Alejandría, se trasladó a Roma, y allí enseñó el neoplatonismo hasta su muerte, acaecida en 270. Su escuela fue muy concurrida, acudiendo a ella de todas las provincias del Imperio, y convirtiéndose en centro de resistencia y de guerra contra la religión cristiana, cuyos misterios, cuyos principios de igualdad entre todos los hombres, y cuya universalidad de doctrina para todos, se avenía mal con el orgullo y las tradiciones de la Filosofía pagana. Porfirio, el confidente y el discípulo predilecto de Plotino, recogió y ordenó los escritos de su maestro, distribuyéndolos en seis Enneadas, cada una de las cuales contiene nueve libros o tratados. Estos escritos han llegado afortunadamente hasta nosotros, y nos ponen en situación de conocer y juzgar la Filosofía de Plotino con más acierto y seguridad que la de otros filósofos antiguos. He aquí su resumen:


a) Dios es una cosa incomprensible e innominable para nosotros: es todo lo que existe y nada de lo que existe; contiene en sí toda la realidad, pero no es una esencia determinada; de aquí se infiere que el nombre menos impropio que le podemos atribuir es el de Uno. [486] Es, pues, la unidad absoluta, necesaria, inmutable, infinita; pero no es la unidad numérica, es la unidad universal en su perfecta simplicidad. Este Unum abstracto y universalísimo está sobre todas las cosas, sobre todas las ideas y perfecciones que podemos concebir: siendo, como es, el principio y el ser de todas las cosas, no es ni bondad, ni libertad, ni pensamiento, ni voluntad, sino que es superior a todo esto, y hasta es superior al ser. El Uno no es el ser, no es la inteligencia: es superior al uno y a la otra; está sobre toda acción, sobre toda determinación, sobre todo conocimiento; no es ni movimiento, ni quietud, ni alma, ni inteligencia, ni siquiera cosa individual o determinada: neque illud, neque hoc dicere fas est {167}.

En suma: el Dios de Plotino parece coincidir con el Absoluto de Schelling; es la unidad superior (super haec omnia sit) a todas las cosas, inclusas la esencia y la vida (non essentia, non vita); unidad que entraña en su fondo todas las esencias, que lleva en su seno todas las formas específicas, sin ser ninguna de ellas, sin ser realidad concreta: es el Unum anterior y [487] superior, en el cual coexisten y se identifican los contrarios: es la realidad neutra y uniforme, o, mejor dicho, informe, superior a toda determinación y forma: ipsum (Unum) secundum se uniforme, imo vero informe, super omnem existens formam.

b) Del Unum absoluto emana la Inteligencia suprema, la cual constituye el segundo principio de las cosas. Su emanación del Unum se verifica sin acción propiamente dicha y sin volición de éste; es una emanación espontánea y necesaria, a la manera que la luz emana del sol.

Los pasajes en que Plotino habla de este segundo principio, son obscuros y hasta contradictorios; resultando de aquí su gran diversidad de opiniones por parte de sus intérpretes y de los histotiadores de la Filosofía, cuando se trata de fijar su origen y su esencia. En nuestro sentir, la Inteligencia suprema significa y representa una primera evolución del Unum absoluto, por medio de la cual éste pasa del estado inconsciente al conocimiento consciente de sí mismo como realidad absoluta y universal, y como principio de los seres y del mundo por medio de las Ideas contenidas, o, digamos, identificadas con la Inteligencia suprema. Sólo de esta manera, sólo tomando la Inteligencia en este sentido, se puede comprender lo que de ella dice el filósofo neoplatónico, a saber: que la Inteligencia es a la vez el objeto concebido, el sujeto que concibe y la acción de concebir.

c) En pos de la Inteligencia, que con la Unidad absoluta constituye la dyada primitiva, viene el Alma universal, para constituir, en unión con los dos anteriores, la famosa triada de Plotino. «El Alma [488] universal, nos dice éste, es el tercer principio subordinado a los otros dos: esta alma es el pensamiento, la palabra, una imagen de la Inteligencia, el ejercicio de su actividad; porque la Inteligencia no obra sono por el pensamiento, sin embargo, este pensamiento es indeterminado todavía, porque es infinito.» La explicación, como se ve, deja mucho que desear en cuanto a claridad; pues no es fácil concebir en qué se distingue el Alma universal de la Inteligencia, si aquélla es el pensamiento de ésta, sobre todo después de haber afirmado que en la Inteligencia el sujeto cognoscente y la acción de conocer son una misma cosa. 

Acaso Plotino quiso significar que el Alma universal es la causa eficiente inmediata del mundo visible, el principio organizador inteligente del Universo inferior. En otros términos: para Plotino, toda actividad, toda fuerza, toda vitalidad pertenece al orden intelectual, es pensamiento, y radican en el Alma universal y en la Inteligencia suprema, emanaciones primordiales e indivisibles del Unum, pues éste permanece en toda su integridad y pureza (semper integrum restat atque illibatum), a pesar de esta doble emanación.

d) En relación y armonía con esta doctrina, Plotino enseña que la materia de que se compone el mundo visible es privación de ser más bien que ser verdadero. Este mundo material carece de verdadera realidad, según el filósofo neoplatónico; porque la verdadera realidad pertenece al mundo inteligible, al mundo divino de las Ideas, las cuales constituyen las esencias de las cosas. El mundo inteligible, compuesto de genios inteligentes o de espíritus, penetra, mueve y vivifica al mundo material, el cual es como una imitación (illius [489] imitatio), un reflejo de aquél.

Las Ideas, realizadas y como encarnadas en las cosas, mediante las formas que producen en éstas, constituyen su esencia íntima y son el origen y la razón suficiente de su movimiento y vida. Por consiguiente, la Idea, el pensamiento está dentro de todos los seres; palpita dentro de todas las cosas; comunica vida y movimiento a toda realidad: toda realidad es pensamiento (Hegel), y toda esencia real es racional. Todas las Ideas, que son inmanentes en la Inteligencia, se imprimen y son participadas por los seres que constituyen el mundo visible, por medio de la acción productora y plástica del Alma universal.

La materia, que forma parte de los cuerpos, es lo que se aleja más del Ser o del Unum, la participación más imperfecta de las Ideas, el último reflejo de la acción plástica del Alma universal; su extensión y solidez la alejan y separan de la materia ideal, de la cual se distingue específicamente, y con la cual sólo tiene cierta analogía remota. Considerada en sí misma, carece de realidad y tiene mucho de no ser: toda la realidad y ser que en ella se manifiestan, proceden de las formas, las cuales, a su vez, son derivaciones de las Ideas. 

De aquí es que el mundo ideal y el mundo sensible forman diferentes categorías, y apenas son comparables sino en sentido de semejanza análoga, y no de semejanza específica. Y esto es tanta verdad, que aun las formas mismas del mundo corpóreo, a pesar de que son participaciones directas y como derivaciones inmediatas de las formas (las ideas) del mundo inteligible, son como una realidad imaginaria (forma haec imaginaria est), como una esencia ilusoria en [490] comparación de las formas y esencias del mundo inteligible, que son las verdaderas: Illic autem (en el mundo inteligible), et forma vera est, et subjectum consequenter essentia vera.



Sin embargo, esta distancia que separa el mundo sensible del mundo inteligible, aunque muy grande e inmensa en cierto sentido, no impide que haya entre los dos analogías y semejanzas determinadas, siendo una de ellas la que se refiere a la materia. Porque en el mundo inteligible es preciso admitir una materia que sea como el substratum universal, que haga las veces de sujeto general y uno con respecto a la multiplicidad de formas, las cuales representan las diferencias esenciales {168} y la distinción de especies en el mundo inteligible. 

Por otra parte, añade Plotino, si este nuestro mundo sensible consta de materia, también debe existir ésta en el mundo inteligible, toda vez que el primero es una imitación del segundo: Si intelligibilis illic mundus existit, hic vero noster illius est imitatio, atque componitur ex materia, illic quoque oportet esse materiam.

La materia del mundo inteligible es distinta de la del mundos sensible. Ésta pasa sucesivamente de una forma a otra, transformándose en toda clase de cosas (alterne fit omnia), por medio de las nuevas generaciones y corrupciones, de manera que está sujeta a [492] continuas mutaciones, al paso que la materia del mundo inteligible o superior es de suyo permanente en el ser de que forma parte, sin experimentar mutaciones o cambios de forma: Idcirco (in mundo sensibili et inferiori), nihil semper est idem: in superiori autem, materia simul est cuncta; cumque jam cuncta possideat, non habet omnino in quod valeat permutari.

e) El alma humana, emanación inmediata del Alma universal, es anterior y posterior al cuerpo en su ser y en sus operaciones. Esta preexistencia del alma con respecto al cuerpo, lleva consigo la independencia y superioridad de la misma en su ser y en sus funciones, independencia que, no sólo comprende las funciones de la parte superior e intelectual, sino también de la parte inferior; de manera que el alma es completamente activa e independiente del cuerpo y de sus órganos en la sensación, lo mismo que en la intelección.

Así es que hasta la memoria no consiste en la conservación ni en el vestigio de las impresiones recibidas, sino que es un desarrollo de la energía del alma y de su comercio con los espíritus, con quienes tuvo comunicación antes de unirse al cuerpo (anima ex incorporeo in corpus quodlibet labitur); pero una vez unida al cuerpo, no ya sólo al humano, sino a los astros, adquiere los sentidos. De aquí es que, según Plotino, las almas del sol y demás astros, no solamente ven y oyen (solem autem, stellasque alias videre atque audire), sino que están dotadas de memoria y conocimiento, y hasta escuchan y satisfacen nuestros votos: alioquim nisi sint memores, quomodo benefacient? Cognoscunt et vota nostra.

f) El Universo producido, informado y [492] eternamente vivificado por el Alma universal (nullum unquam fuit tempus in quo non animaretur hoc universum), contiene, además de las almas humanas, las de los brutos y las de los astros, una alma especial o propia de la tierra, la cual, no solamente siente (cuer non et terram sentire dicamus?) por razón de esta alma, sino que es también inteligente y es una especie de diosa: Neque absurdum, nec impossibile putandum esta animam terrae videre. Meminisse vero oportet, hanc ipsam non esse vilis cujusdam corporis animam, ideoque intelligere, esseque deam.

Corolario legítimo de esta doctrina es la que profesaban generalmente los neoplatónicos en orden a la vivificación del mundo, al cual consideraban como un animal inmenso {169}, compuesto de diferentes partes o miembros, formando una especie de organismo cósmico.

La caída del alma, o sea su incorporación, produce y determina en ella el olvido relativo de su origen divino, seún que procede de la Inteligencia y del Alma universal que le dieron el ser, y produce también la obliteración de las Ideas. Sin embargo conserva siempre cierta aspiración y movimiento hacia el mundo superior de las Ideas hacia el Padre celestial de quien emanó, y mientras que algunas, atraídas y dominadas por los placeres y apetitos, se convierten en hombres carnales, otras, luchando contra estos apetitos, pueden elevarse paulatinamente al mundo superior del cual cayeron, entrando de nuevo en posesión más [493] o menos perfecta de las condiciones de ser y de vida que habían disfrutado y poseído antes de la incorporación. Las purificaciones, las oraciones, la mortificación, la abstracción de las cosas sensibles, la práctica de la virtud {170}, constituyen el camino para conseguir esto. 

La perfección del alma y su felicidad suprema, consiste en la unión extática con el Unum, por medio de una intuición intelectual, simplificativa y unitiva, la cual representa un conocimiento superior al sensible, superior al intelectual o racional, superior al conocimiento mismo de las Ideas. Sólo después de la separación del cuerpo puede llegar el alma a tener esta intuición de una manera permanente. Sin embargo, durante la vida presente, es dada por breves instantes y muy rara vez a ciertas almas privilegiadas, cuando éstas han llegado al último grado de purgación moral, de abstracción del mundo material y de elevación intelectual.

g) Con grande copia de razones, algunas de ellas bastante notables, prueba y procura demostrar Plotino [494] la inmortalidad del alma humana, la cual, por el solo hecho de ser inteligente, ni puede ser cuerpo (si ergo intelligire est absque corpore comprehendere, multo prius oportet ipsum quod intellectorum est, non esse corpus), ni tiene las cualidades de los cuerpos, figura, color extensión. Así, pues, no puede perecer nuestra alma, la cual, lejos de ser cuerpo, es de su esencia simple y excluye toda composición, sin que pueda dejar de ser, ni por división, ni por alteración: Anima vero unus est et simples actus et natura in vivendo consistens... si ergo nullo ex his modis corrumpi potest, incorruptibilem esse necess arium est.

La inmortalidad del alma humana es como una consecuencia natural de su parentesco con la divinidad (animam vero cognatam esse divinioris sempiternaeque naturae) o esencia sempiterna, de la cual es como una emanación. Este parentesco divino y la consiguiente inmortalidad del alma pruébanse, entre otras razones, porque es capaz de la verdadera sabiduría y de la verdadera virtud, que son cosas ciertamente divinas, toda vez que el hombre, o, mejor dicho, el alma habita en el mundo inteligible como en su propio lugar, conoce intuitivamente la verdad eterna, y encuentra en sí misma la templanza y la justicia, es decir, produce en sí misma la ciencia y la virtud por medio de la abstracción de las cosas sensibles y por medio de la intuición de las ideas divinas que lleva en su seno {171}, [495] sempiternas en su duración, como son divinas en su origen, y constitutivas de la vida del alma inteligente.

Es digno de notarse que Plotino dedica algunos capítulos a examinar si el alma racional es una sola y la misma en todos los hombres, o si, por el contrario, existe una en cada individuo, discusión que revela que la famosa teoría averroica sobre este punto debió ser conocida ya en tiempo del jefe del neoplatonismo. En todo caso, Plotino rechaza esta teoría como absurda (absurdum namque est unam esse animam meam et animam cujusque) y contraria a la experiencia misma, toda vez que la unidad del alma en los individuos llevaría consigo la unidad e identidad de los fenómenos o manifestaciones de la vida en sus diferentes órdenes: Si una esset, oporteret utique, me sentiente, alium quoque sentire, ac me bene vivente, alium bene vivere.

La que es verdadera y propiamente una, añade Plotino, es el alma del mundo. En su calidad de emanación en cierto modo directa e inmediata del Unum, es en sí misma divina y comunica divinidad al universo mundo y a sus partes principales, como el sol y las estrellas: Propter ipsam hic mundus est Deus; sol [496] quoque Deus est, quoniam animatus, stellaeque similiter omnes.

La teoría antropológica de Plotino y del neoplatonismo en general, coincide con la de Platón. El cuerpo no es más que un instrumento respecto del alma (corpus enim non pars hominis, seu instrumentum), y esta lo es todo en el hombre y constituye su esencia verdadera.

A juzgar por lo que Jámblico insinúa y afirma, Plotino y sus discípulos admitían en el hombre dos almas: una superior y celeste, que trae su origen de la Inteligencia y del Alma universal, principios o agentes divinos e inmediatos de la misma, y otra inferior, que procede de los astros (duas homo habet animas; una quidem est ab intelligibili primo, atque ipsius opificis potentiae particeps; altera vero ex circuitu coelestium nobis indita) y de sus movimientos. Aunque esta última carece de libre albedrío y está sujeta a las influencias y movimiento de los astros, de los que trae su origen y naturaleza, no sucede lo mismo con la primera, la cual, como de naturaleza superior a los astros, es independiente de sus movimientos y de toda influencia fatalista {172}, procedente de la naturaleza material; porque esta alma tiene en sí misma el principio de la acción: habet enim anima principium in se proprium.

En esta unión deiforme y extática, por virtud de la [497] cual Dios y el alma se identifican (duoque ibi unum sunt), y en la cual ésta es arrebatada y como absorbida por la fuerza o golpe intuitivo (jactu quodam intuendi), se olvida del cuerpo, pierde la conciencia de sununión con éste, y hasta la de su propia existencia: Jam vero, animus ita defixus in Deum, corpus suum non sentit ulterius, neque se esse animadvertit in corpore, neque seipsum aliud quiddam esse pronuntiat, non hominem, non animal, non ens, non universum.

Sabido es que, según Porfirio, su maestro disfrutó cuatro veces durante su vida de esta unión intuitiva y extática con el Unum, como también es sabido que la unión mística, con sus diferentes manifestaciones ocupó grandemente la atención del neoplatonismo {173}.

{167} «Quidnam igitur est Unum, quamve naturam habet?... Non est intellectus, sed ante intellectum extat; intellectus enim est aliquid entium, illud vero non aliquid, sed unoquoque superius. Neque est ens; nam ens velut formam ipsam entis habet, sed illud est prorsus informe, ab intelligibili etiam forma secretum. Unius namque natura, cum sit genitrix omnium, merito nullum existit illorum. Igitur neque quid existit, nec quale, nec quantum. Praeterea, non est intellectus, non anima, non movetur, non quiescit.» Plotini op. Marsilio Fic. interp., Enneada 6.ª, lib. IX, cap. III.
En otra parte añade o afirma que el Unum «est tale, ut de ipso nihil praedicari queat, non ens, non essentia, non vita, propterea quod super haec omnia, sit.» Ibid., Enne. 3.ª, lib. VIII, cap. IX.

{168} «Profecto, si plures ibi sunt species, commune quiddam in ipsis esse necessarium est, rursusque proprium, quo aliud ab alio distinguatur. Hoc utique proprium, atque haec separans differentia, forma certe est propria. Quod si illic est forma, est insuper et formatum, circa quod differentia est. Subest itaque materia, quae illam accipiat formam.» Ennead. 2ª, lib. IV, cap. IV.

{169} «Mundus est unum animal, in quo partes, quamvis loco distantes, tamen propter naturam unam invicem ad se feruntur.» De mysteriis Aegypt., pag. 108, edic. 1552.

{170} He aquí uno de los pasajes en que Plotino habla de los medios que conducen a la unión y posesión de Dios: «Pervenimos autem ad ipsum purgationibus, precibus, cultu animum exornante, ascensu ad intelligibilem mundum, ibidem perseverantia, dum videlicet, illius mundi dapibus animus vescitur... factusque essentia, et intellectus, et animal universum, non ulterius ipsum (Deum) extrinsecus aspicit... ubi certe dimissis omnibus disciplinis, animus hucusque perductus et collocatus in pulchro, usque ad illud, in quo est, intelligit hactenus: eductus autem inde quasi unda quadam intellectus ejusdem, altiusque ab ipso velut tumescente et exudante sublatus, nesciens quo modo, subito perspicit. Sed ipse intuitus oculos lumine complens, non efficit quidem ut per illud interim aliud videatur; imo lumen, ipsum idem est penitus quod videtur; non enim est in illo hoc quidem visibile, hoc autem ejus lumen, neque intellectus et intellectum.» Plot. op., Enn. 6ª, lib. VII, cap. XXXVI.

{171} «Sapientia enim veraque virtus cum divinae res sint, non possunt alicui unquam vili mortalique inesse naturae, sed necesse est tale quiddam esse divinum, quippe cum compos sit divinorum ob cognationem quamdam communionemque substantiae... ille ipse qui aufert (vitia et sensibilia), seipsum intueatur, seque immortalem esse facile credet, quando, scilicet, seipsum in mundo [495] intelligibili puroque loco perspexerit habitantem. Cernet enim intellectum videntem, non sensibile quidquam, neque ex his mortalibus aliquid, sed vi sempiterna sempiternum rite considerantem, et omnia in mundo intelligibili, seque ipsum intelligibilem lucidunque effectum, veritate, videlicet, illustratum, quae quidem ab ipso bono corusca… Si ergo purificatio ipsa efficit, ut animus optima quaeque cognoscat, nimirum scientiae latentes intus effulgent, quae et revera scientiae sunt. Anima etiam non extra currens temperantiam perspicit et justitiam, sed penes seipsam in sui ipsius animadversione, ejusque quod prius erat agnitione, velut divinas imagines in se sitas jam intuetur.» Ennead. IV, lib. VII, cap.X.

{172} «Respondet Jamblicus: Anima igitur a mundis (coelestibus) in nos descendens, mundorum quoque circuitus sequitur. Quae vero ab intelligibili veniens intelligibiliter adest, geneficum circuitum supereminet, atque per eam et a fato solvimur, et ad intelligibiles Deos ascendimus.» De myst. Aegypt., pag. 159.

{173} Nada más curioso, en efecto, que las descripciones que de esta unión se encuentran en los escritos de los discípulos y sucesores de Plotino. En el libro De Mysteriis Aegyptiorum, y en uno de sus capítulos que tiene por epígrafe: Inspiratus vacat ab actione propria ac Deum habet pro anima, se describen largamente la naturaleza, caracteres y efectos de aquel fenómeno. He aquí algunas de sus frases: «Maximum vero afflationis divinae aignum est, quod ille qui numen deducit insinuatque, prospicit spiritum descendentem, atque ab eo mystice docetur ac regitur... adeo ut nec ullam queat actionem peragere propriam... Est igitur afflatio nihil aliud quam totos a Deo animuos occupari atque contineri. Hinc vero posterius sequitur extasis, id est, exitus vel alienatio quaedam... Ex quibus colligitur duobus modis ad Deum hominem praeparari; uno, per purgatoriam aquam... altero per sobrietatem, solitudinem, separationem mentis a corpore, intentionemque ad Deum... In uno simul comprehendit omnium veritatem, propter essentiam ejus separatam prorsus et omnia superantem.»

Plotino

Análisis de las Eneadas


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