lunes, 9 de marzo de 2015

Reflection's on Nagel's Internalism

THOMAS NAGEL (B.A. Cornell 1958; B.Phil. Oxford 1960; Ph.D. Harvard 1963), University Professor, Professor of Philosophy, Professor of Law.



He specializes in Political Philosophy, Ethics, Epistemology, and Philosophy of Mind. He is a Fellow of the American Academy of Arts and Sciences, a Corresponding Fellow of the British Academy, and a Member of the American Philosophical Society, and has received Guggenheim, N.S.F., and N.E.H. Fellowships, a Mellon Distinguished Achievement Award in the Humanities, the Rolf Schock Prize in Logic and Philosophy, the Balzan Prize in Moral Philosophy, and honorary degrees from Oxford, Harvard, and the University of Bucharest.

He is the author of The Possibility of Altruism (Oxford, 1970, reprinted Princeton, 1978), Mortal Questions (Cambridge, 1979), The View From Nowhere (Oxford, 1986), What Does It All Mean? (Oxford, 1987), Equality and Partiality (Oxford, 1991), Other Minds (Oxford, 1995), The Last Word (Oxford, 1997), The Myth of Ownership: Taxes and Justice (with Liam Murphy) (Oxford, 2002), Concealment and Exposure (Oxford, 2002), and Secular Philosophy and the Religious Temperament (Oxford 2010).

Para tratar el internalismo de Thomas Nagel comparto dos ensayos que tratan el tema:
La transición de mercados a sociedades emergentes del Doctor  Iván Ureta-Vaquero;  el Internalismo y externalismo en la Historia de la Ciencia del profesor Angel Ruiz CIMMM de Costa Rica y una refleccion sobre el Internalismo de Nagel escrita por Gerald Hull de la Universidad de Nueva York.

Moral motivation
[Rosati, Connie S., "Moral Motivation", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2014 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = .]

Thomas Nagel: De la mente a la política

La transición de mercados a sociedades emergentes

Iván Ureta-Vaquero
    II. Praxis social. 
Para seguir argumentando estas percepciones se pueden establecer algunos principios prácticos a través de los cuáles poder definir la forma de actuar tras la preconcepción teórica. La puesta en práctica de la teoría puede llevarse a cabo bajo dos supuestos a priori: el factor internalista y el factor externalista.

El internalismo según Thomas Nagel es la opinión según la cual la presencia de una motivación para actuar moralmente está garantizada por la verdad de las proposiciones éticas mismas.(1) Pero antes de seguir sería necesario preguntarse ¿qué es la motivación? Tal y como está sugerido por Nagel, pueden existir varios tipos de motivación, pero en este contexto y siguiendo a Pérez López –como veremos un poco más tarde- se está confundiendo motivo con motivación. La motivación efectivamente puede ser de dos tipos: racional y espontánea. Por esta razón, a lo que llama Nagel motivación en realidad son motivos y los motivos pueden ser de tres tipos: extrínsecos, intrínsecos y trascendentes. Más tarde observaremos estas cuestiones. Lo que en este punto queremos analizar es que efectivamente existen dos esferas, una interna y otra externa. Para el mismo autor, el externalismo sostiene que la motivación necesaria no es provista por los principios éticos y los juicios mismos, y que se precisa una sanción psicológica adicional para motivar nuestra aceptación y acatamiento.

    Aunque sobre esto seguiremos reflexionando más adelante, puede resultar interesante caracterizar diferentes sistemas en función al tipo de decisión y de comportamiento. Juan Antonio Pérez López distinguió tres tipos de sistemas: 1) Sistemas estables 2) Sistemas ultraestables y 3) Sistemas libremente adaptables o sistemas libres.(2) Para Pérez López, los sistemas estables son aquellos que no tienen ningún tipo de aprendizaje y que por tanto podrían resumir las cualidades de objetos no animados. Los sistemas ultraestables son aquellos en los que si existe un aprendizaje. Sin embargo no es un aprendizaje basado en la racionalidad sino en la experimentación del tipo ensayo-error. Sería el sistema que resumiría el comportamiento instintivo de los animales. Por último, los sistemas libres, son aquellos en los que existe un aprendizaje basado en la experimentación que a su vez es guiada por la razón, atributo exclusivamente humano. Se supone en este nivel que un individuo escoge, inteligente, racional y libremente sus acciones y que obviamente analiza las posibles consecuencias.

    Pero vayamos un poco más allá. De acuerdo con Pérez López, teniendo en cuenta que en resumen los tipos de necesidades son tres -materiales, cognoscitivas y afectivas- también existen tres motivos que se corresponden con cada uno de los tipos de las necesidades y que son guías para comprender qué es lo que le mueve a cada uno a la hora de hacer algo. El plano decisional más básico es el que se corresponde con los motivos extrínsecos. Es decir, actuar dominado casi exclusivamente para satisfacer las necesidades materiales. O en palabras de Etzioni, actuar motivado casi exclusivamente por factores económicos o relativos.

    Estas ideas complementan a las anteriores, de modo que es posible deducir que un individuo o una sociedad que se comporte con patrones fundamentalmente relativos es un individuo o una sociedad que se acerca más al estatus de ser que al de ser personal y por tanto, la figura de zoológico humano temático podría tener su sentido con esta lectura. Pero dicho zoológico más que ser una figuración abstracta y metafórica resume físicamente y en extremo la vida en muchas de nuestras grandes ciudades y es posible que sea en aquellas ciudades donde existan mayores desigualdades donde esto se aprecie de una forma más notoria. Tras varios años viviendo en América Latina, me siguen sorprendiendo las medidas de seguridad que se ven por todos lados. 

Este panorama es desconcertante para quien provenga de una sociedad donde exista una clase media más asentada. Ventanas enrejadas, puertas de seguridad, tendidos eléctricos coronando los muros perimetrales de seguridad de las viviendas, vigilancia privada, cámaras de videodetección, calles enteras cercadas por puertas de hierro. Lejos de ser viviendas o de parecerlo hacer un recorrido por una capital como Lima es la muestra más evidente del citado zoológico ya que las casas han perdido ese carácter de apacibilidad, de segundo útero donde el hombre encuentra la tranquilidad y un entorno privado. Las calles por tanto se convierten en las veredas desde donde se pueden visitar las jaulas en las que habitan quienes salen a la calle temerosos.

Zygmunt Bauman (2003, p. 133) en su análisis sobre la comunidad, analiza los efectos de una estructura social movida por las grandes desigualdades y por motivos extrínsecos.(3) Una de las consecuencias es la formación de guetos, entendiendo que la guetización no es un fenómeno reductible a las clases sociales bajas, sino que hay jaulas de todos los tipos.(4) Esta estructura social es el principal elemento que interviene y dificulta el desarrollo de países que aspiran a mejorar los niveles en la calidad de vida de sus habitantes. Por estas razones cuando leo los periódicos y me detengo a observar los análisis económicos, a pesar de las posibles buenas cifras pienso que no se están deteniendo a reflexionar sobre el problema principal. Esas cifras macroeconómicas nunca llevarán al desarrollo, entiendo como desarrollo aquello que dije en la introducción. 

El desarrollo es en definitiva un proceso de humanización. Pero esto hay que saberlo bien. Consecuentemente creo que el primer síntoma de desarrollo –entendido como proceso de humanización- debería ser la paulatina desguetización, la progresiva reducción de elementos de seguridad que en definitiva manifiestan la posibilidad de establecer un diálogo social basado en la confianza y en compartir unos principios de actuación moral. 

Es decir, en un diálogo que permita una convivencia humana y no prácticamente animalizada.

Ivan Ureta Vaquero: Doctor en Historia Económica y Magíster en Historia Económica por la Universidad de Deusto, España. Licenciado en Historia Contemporánea. 



Internalismo y externalismo en la Historia de la Ciencia
 
Uno de los temas que debe estudiarse en torno a los posibles usos de la historia de las matemáticas en su enseñanza aprendizaje es la polémica quue se dio hace algunos años en torno a la metodología de la historia de la ciencia. Para eso, como un anexo, vamos a introducir algunos fragmentos de la introducción de nuestro libro Historia de las matemáticas en Costa Rica. Una introducción:

En los años sesenta Thomas Kuhn publicó su obra La estructura de las revoluciones científicas, la cual desencadenó una extraordinaria polémica entre los filósofos y estudiosos de la ciencia. Es una obra que, sin embargo, cristalizó actitudes y tendencias que se venían desarrollando en teóricos de la ciencia desde antes.

Aclaremos primero los términos: el internalismo asume que la génesis y la validación de los conocimientos no están influenciados por factores externos y su estudio es de competencia de la historia y la filosofía de las ideas: la sociología y la psicología tienen muy poco que ver en el desarrollo de la ciencia. Los elementos que se tienden a enfatizar son los teóricos en sí mismos: la racionalidad y la lógica. El externalismo asume la posición opuesta. Su interés debe dirigirse hacia la estructura u organización de la ciencia: ciencia y tecnología, responsabilidad social de la ciencia, política científica, gobierno y ciencia, etc. Es decir, se da un énfasis a los factores psicosociales, políticos, orgánico-administrativos, etc., en detrimento generalmente de elementos lógico-deductivos de la ciencia. El externalismo encuentra sus raíces en tendencias teóricas que van de la fenomenología y la sociología descriptiva hasta el marxismo.

El internalismo ha estado íntimamente vinculado al Neopositivismo: en gran medida, el 'reconstruccionismo lógico' que se derivara de las posiciones de muchos de los 'internalistas' fue consecuencia de los puntos de partida filosóficos asumidos por el Círculo de Viena y sus seguidores. Sarton, el formador de la profesionalización de los historiadores de la ciencia, fue claramente 'un internalista'. En realidad, excepto algunos casos provenientes del materialismo marxista y la escuela mertoniana la gran mayoría de los historiadores de la ciencia hasta los años cincuenta eran internalistas (con importantes distinciones entre ellos).

Conviene distinguir dos tipos de internalismo: de primer grado y de segundo. Entre los internalistas del primer tipo se podrían alinear historiadores y filósofos como Koyré, Nef, Hall, Agassi para citar unos pocos. Para éstos, la Historia de la Ciencia sería la historia de las ideas eludiendo la incorporación del análisis de cualesquiera factores externos. Una posición más flexible (un segundo grado) podría muy bien estar representada por Popper y por los trabajos de Lakatos y su famosa teoría de las reconstrucciones racionales . En realidad, las primeras posiciones de Popper y de Lakatos eran mucho más cercanas al internalismo que las que plantearon posteriormente.

Como historia externalista debe catalogarse el materialismo histórico marxista, en especial la escuela soviética. Esta posición se planteó en el Segundo Congreso Internacional de Historia de la Ciencia, en Londres, en 1931, cuando los enviados soviéticos, Bujarin y Hessen, iniciaron una perspectiva que rompía con el tipo de historia internalista. Las posiciones de intelectuales muy conocidos como John Bernal y Joseph Needham se inscriben en este materialismo histórico que, muchas veces, conduce a un determinismo simplista que remite el crecimiento de la ciencia meramente a la evolución de las fuerzas productivas. Por otra parte, también existía una sociología promovida por los trabajos de Robert Merton que intentaba una descripción sociológica cuantitativa (siguiendo cierta tradición de Durkheim) funcionalista.

Se puede afirmar que hasta la década de los sesenta se daba un estancamiento extraordinario del externalismo entre los historiadores de la ciencia.

Es, precisamente, la obra de Kuhn y la de otros autores de la misma época, como Feyerabend y Toulmin, lo que va a abrir nuevas posibilidades para abordar la historia de la ciencia. La idea metodológica central de Kuhn gira en torno a las revoluciones científicas y la intervención decisiva del factor psicosocial corporalizado en las comunidades científicas que escogen o desechan paradigmas en un complejo proceso. En el paso revolucionario de 'ciencia normal' a 'ciencia extraordinaria' aparecen conceptos que encuentran filiación con ideas de Koyré, Piaget y la escuela fenomenológica francesa de Bachelard o Michel Foucault (o incluso althuserianos como Michel Fichant y Michel Pecheux).

Angel Ruiz: Centro de Investigación matemática. Costa Rica.
Link al ensayo

Reflection's on Nagel's Internalism
Gerald (Jerry) Hull

State University of New York at Binghamton

   
I have been rereading The Possibility of Altruism, and have been struck by (pace Nagel) the essential incoherence of cognitive judgment internalism, at least on a rationalist construal of cognitivism (e.g. as opposed to naturalism).
On such a cognitive view, the truth of a moral judgment -- e.g. that act A is right -- is determinable by some rational assessment, regardless of one's involvement in A.  That is, whether or not one is in a position to do A, it's rightness is something anyone can determine, analogous to the way one can determine that "5 + 7 = 12" or "P&Q --> P" are true.  It is a rational truth.
But in determining the truth of a moral judgment I have not thereby decided to do anything, even in cases where I am involved.  In this case (shame on me) I may not yet have decided to do what is right.  The argument will be that, insofar I have not decided to do A, I have failed to fully appreciate the rightness of A.  But we have seen that the determination of the rightness of A is a purely rational matter, one that is intrinsically distinct from, and independent of, any person's ability to do A or any person's decision to do A.  Whether I, being in position to do so, indeed choose A is, on the contrary, an empirical matter.
It should be clear that the kind of logical connection required for internalism cannot hold between a rational truth and an empirical truth; neither can imply the other.  However, it may be countered, the connection supposed by judgment internalism only supposes such a connection between e.g. my determining A is right and my determining to choose A.  These are both empirical matters.
Nonetheless, because A's being right and my choosing A are logically separate and distinct, the same holds for their respective determinations.  The process by which one determines the rightness of an act is separate and distinct from the process by which one determines what one will choose.  The first procedure is a rational determination of what ought to be done; the second is an empirical determination of what, in the end, one wants to do.
Phenomenologically, of course, the two can get folded together.  It is at least logically possible that I am such an extraordinary person that the only deliberative issue for me outstanding, in any dispute with others, is what is the right thing to do.  But this does not obviate the fact that such behavior would be based upon a substantive principle, viz. "Always do what is right."  Anyone who indeed knows what is right, and generally wants only to do what is right, can prove to themselves the lack of motivational necessity in that principle by committing a modest sin, e.g. by telling an irrelevant falsehood (with full apologies all round afterwards, of course).
The rational procedures of morality simply need not be dispositive in one's deliberative process.  The rightness of A is a rational matter.  Whether one decides to do what is right -- in this case, or in general -- is an empirical matter.  The idea of an inherent connection between the two is flattering but incoherent.

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