sábado, 27 de diciembre de 2014

EL DRAMA ÁTICO: TRAGEDIA Y COMEDIA: EURÍPIDES

EURÍPIDES



Dramaturgo griego, el tercero junto con Esquilo y Sófocles de los tres grandes poetas trágicos de Ática. Su obra, enormemente popular en su época, ejerció una influencia notable en el teatro romano. 

Posteriormente su influencia se advierte en el teatro del renacimiento como en los dramaturgos franceses Pierre Corneille y Jean Baptiste Racine. Según la tradición, Eurípides nació en Salamina, un 23 de septiembre probablemente del año 480 a.C., el día de la gran batalla naval entre los griegos y los persas. Sus padres, según afirman ciertos expertos, pertenecían a la nobleza; en opinión de otros, sin embargo, eran de origen humilde. Su hijo, en cualquier caso, recibió una esmerada educación.

Las obras de Eurípides comenzaron a representarse en los festivales dramáticos de Ática durante el año 454 a.C., pero hasta el año 442 a.C. el autor no obtuvo el primer premio. Esta distinción, pese a su prolífico talento, no recayó sobre él más que en cuatro ocasiones.

Además de sus escritos se interesó muy especialmente por la filosofía y la ciencia Si bien Eurípides no se identificó personalmente con una determinada escuela filosófica, recibió la influencia de los sofistas y de filósofos como Protágoras, Anaxágoras y Sócrates.

Fue un hombre austero, y se consideraba incomprendido por sus contemporáneos, conclusión que, por lo demás, no carece de fundamento, pues fue frecuentemente objeto de ataques por parte de los escritores atenienses de comedia: Aristófanes lanzó contra él una sátira en Las ranas (405 a.C.). Las obras de Eurípides eran criticadas por su carácter anticonvencional, por sus diálogos naturales (sus héroes y príncipes hablaban un lenguaje cotidiano) y por su independencia de los valores morales y religiosos tradicionales. A pesar de todo, sus obras se hicieron famosas en toda Grecia. Al final de su vida abandonó Atenas y se instaló en Macedonia.

A diferencia de Esquilo y Sófocles, Eurípides representaba los nuevos movimientos morales, sociales y políticos surgidos en Atenas hacia finales del siglo V a.C. Fue éste un periodo enormemente fructífero en el plano intelectual, durante el cual el conocimiento era considerado como el mayor de los logros terrenales. Anaxágoras acababa de demostrar que el aire era un elemento y que el Sol no era una divinidad, sino pura materia.


Se establecían nuevas verdades en todos los campos del saber y Eurípides, sumamente receptivo a todas ellas, introdujo una nueva conciencia en la tragedia. Se interesó ante todo por el pensamiento y las experiencias del ser humano ordinario, más que por las figuras legendarias del pasado heroico. Si bien bebió en las fuentes de la mitología antigua, Eurípides trataba a sus personajes de un modo realista: ya no eran símbolos idealizados y ajenos a la vida normal, sino que se comportaban como sus contemporáneos atenienses. Eurípides compartió el escepticismo intelectual de su época y arremetió en sus obras contra los dogmas morales y religiosos del pasado, que aún gozaban de cierto crédito entre el pueblo llano.

Su actitud y su estado de ánimo se movían entre ambos extremos, a veces incluso dentro de una misma obra. Era capaz de demostrar la corrupción y la debilidad humana con amargura y hondo realismo, y al mismo tiempo de reflejar en sus obras un profundo respeto por el heroísmo humano, la dignidad y la pasión. Eurípides asignó un lugar destacado en su obra a los personajes femeninos y el protagonista de sus dramas era con frecuencia una heroína del crimen o la virtud. 

Las obras de Eurípides representan un cambio de concepción del género trágico, de acuerdo con las nuevas ideas que había aprendido de los sofistas; así, su escepticismo frente a las creencias míticas y religiosas es manifiesto en sus obras, que rebajan el tono heroico y espiritual que habían cultivado Esquilo y Sófocles a un tratamiento más cercano al hombre y la realidad corrientes.

El héroe aparece retratado con sus flaquezas y debilidades, dominado por oscuros y secretos sentimientos que le impiden enfrentarse a su destino, del que finalmente es liberado por la intervención de los dioses al término de la obra (recurso llamado deus ex machina, por los artilugios escénicos que usaba para introducir al dios); otras innovaciones suyas son la introducción de un prólogo y la asignación de un papel más reducido al coro. En sus tragedias pasa a primer término el tratamiento psicológico de los personajes, de gran profundidad.

Incomprendido en su época, Eurípides se convirtió en modelo a imitar ya por los trágicos latinos, y luego su influencia prosiguió durante el neoclasicismo y el Romanticismo alemán (Lessing, Schiller, Goethe).


a. La vida de Eurípides.


Sobre la biografía de Eurípides poseemos pocos datos. Sus padres eran ricos hacendados provenientes del demo ático de Flia, aunque él nació en la propiedad de sus padres de Salamina, en el 485/4 a.C. Recibió una educación esmerada y es posible que antes de dedicarse a la literatura se dedicase a la pintura.

Eurípides no alcanzó gran simpatía entre sus conciudadanos, por su carácter inconformista y crítico con los aspectos tradicionales. Por contraste con Sófocles, cuya vida estaba incorporada tan sólidamente a la comunidad ateniense, Eurípides no participó activamente en política y sus relaciones con el público no fueron buenas.

En el año 408 a.C. abandonó  Atenas, acogiéndose al mecenazgo de Arquelao de Macedonia; allí en Aretusa, cerca de Anfípolis, murió en la primavera del 406.  En la corte de Arquelao estuvo rodeado por hombres prestigiosos como el poeta trágico Agatón y el poeta ditirámbico Timoteo.

Sobre los premios obtenidos, según el Mármol de Paros consiguió el primer premio en cuatro ocasiones, lo cual es un balance pobre si tenemos en cuenta que consiguió coros para veintidós tetralogías, en torno a las noventa obras. Algunas fuentes citan cinco triunfos porque añaden el obtenido por su hijo o sobrino después de su muerte.



b. La obra de Eurípides. Estudio de las obras más famosas:Alcestis, Hipólito, Medea, Bacantes

Conservamos dieciocho obras de Eurípides ( compuso en torno a las 92 )  pues el Resto se considera apócrifa - no auténtica - y un drama satírico - Ciclope -que nos ha llegado a través de textos medievales. Además una cantidad de fragmentos pertenecientes a sus obras perdidas que supera con creces a la de la totalidad de los fragmentos de Sófocles y Esquilo. Estas obras son: Alcestis, Medea, Los Heráclidas, Hipólito, Andrómaca, Las Suplicantes, Hécuba, Ión, Heracles, Las Troyanas, Electra, Helena, Ifigenia en Tauride, Las Fenicias, Orestes, y las compuestas en su estancia en Macedonia Ifigenia en Aúlide, y Las Bacantes. Trataremos solo las 4 más importantes:

La más antigua que se ha conservado, Alcestis, es del año 438 a.C.y su primera presentación en público en 455, ocupando el cuarto lugar, con tres tragedias perdidas, que en Esquilo se reservaba al drama satírico. No es propiamente una tragedia, sino un cuento entre sentimental y humorístico.

En Medea (431) la innovación del antiguo mito es mayor. Eurípides crea una tragedia de gran fuerza psicológica en la que convierte a Medea en asesina de sus hijos para vengarse de la infidelidad de Jasón. Medea lucha entre su deseo de venganza y el amor por sus hijos. Es la heroina contrapuesta a las de Sófocles y Esquilo, pues es una mujer llevada por sus pasiones, extranjera y maga, lo cual escandalizó a sus conciudadanos.

En Hipólito (428) también el conflicto trágico surge con gran intensidad: Fedra, hija de Minos y esposa de Teseo, enamorada de su hijastro Hipólito, que no la corresponde, lleva a la perdición a  padre e hijo y ella misma se da muerte. Fedra va a la muerte por salvar su honor y por afán de venganza deja la carta fatal, en la que acusa a Hipólito de atentar contra su honra, llevándole a la perdición. En esta obra es importante el papel de las diosas Afrodita y Ártemis, muy estudiado por la crítica.

Las Bacantes  es la más pegada a la tradición en la forma, a la vez que la más original en contenido. El argumento consiste en el enfrentamiento de Penteo, rey de Tebas, con Dioniso y su culto y el terrible castigo que recibe por ello. Quizá el sentido último de la obra sea representar la trágica oposición entre el intento del hombre por afirmarse en lo racional y la fuerza innegable del mundo e lo irracional.



c. La ideología de Eurípides. Eurípides y la democracia ateniense. Eurípides y el imperialismo ateniense. Eurípides y la sofística.

La inquietud intelectual es el signo que caracteriza a este hombre. Trató con espíritu nuevo las historias del pasado, utilizándolas a veces para desenmascarar a héroes, como Eteocles, o criticar a los dioses por su comportamiento. En ocasiones pertenece al apogeo clásico y en otras es muy renovador. El “pathos” de un gran apasionamiento se encuentra junto a consideraciones racionalistas ajenas a la acción. El centro de su interés es el hombre, viendo a las divinidades como símbolos de los poderes irracionales y sustituyendo su fuerza por la de la  Tuch  ( el azar, la fortuna ) que mezcla y dirige los destinos humanos. Critica muchos principios de la normativa tradicional ática como la superioridad hombre-mujer, griego-bárbaro, el respeto a la tradición y el pasado glorioso, la virtud de la guerra,etc. Utiliza la tragedia para exponer sus ideas, lo cual da a ésta un carácter moralizante y sentencioso que se observa en la forma de terminar algunas mediante la intervención de lo maravilloso en forma de “deus ex machina”. En su obra se cumple el tópico aristotélico según el cual “Sófocles representa a los hombres como deberían ser y Eurípies como son”.

Con respecto a la democracia e imperialismo atenienses, Eurípides no participa en la polis con una relación similar a la de Esquilo o Sófocles. Si con frecuencia tomó posiciones en sus dramas frente a cuestiones de la vida estatal , lo hizo desde el punto de vista del pensador racionalista, y no como ciudadano de la polis que participa en ella.

En el helenismo, se conducía a los extranjeros en Salamina a una gruta donde se suponia que, alejado de los hombres, Eurípides había meditado sobre los enigmas de la existencia. El genio se aislaba y abría un profundo abismo, cosa insólita en el clasicismo, entre él, que empezaba a despuntar, y el pueblo. Esta actitud del poeta y el plasmar los pensamientos de la sofística en sus versos, provocaron la indignación y burla de los conservadores atenienses.

Sobre su relación con la sofística se puede decir que fue seguidor de sus ideales pero nunca estuvo adscrito a ninguna escuela. Discípulo de Protágoras, Prodico y de Anaxágoras participó del racionalismo sofístico pero su obra no se acopla a ningún sistema filosófico, sino que muestra una lucha incesante, una búsqueda apasionada, que le hace parecer contradictorio. Este pensamiento sí que influyó en su concepción de la tragedia. Se abrió al influjo de la sofística y tuvo los problemas de los sofistas , pero conservó su independencia y a veces fue crítico con ellos.


d. El estilo de Eurípides.

La lengua de Eurípides se asemeja al habla coloquial por diversas razones: vocabulario extraído de la prosa, uso de figuras estilísticas coloquiales, del hipérbaton, o el recurso de poner en antecedentes de lo que va a pasar con el prólogo. Esto no significa que sea un estilo vulgar, sino que posee la sencillez característica de los poetas que tienen cosas importantes que decir.

La importancia del coro en Esquilo y Sófocles como personaje activo en el conflicto dramático desaparece por completo en Eurípides. Sin embargo los coros de éste cobran relevancia por la calidad poética que poseen y como espectáculo musical (recordemos su relación con Timoteo, renovador de la lírica en el s.V a.C., en Macedonia).

Se ha observado como ciertas partes de la tragedia de Eurípides se destacan con mayor nitidez y tienden a tener vida propia, pero esto no significa que los dramas del autor se vayan a descomponer, sino que forman un todo en el que esas partes se distinguen en sus aspectos formales. Así ocurre en los diálogos agonales, donde se despliega el gusto de los griegos por la disputa, y su pasión por las acciones judiciales. Se ve influido en cierta medida por la retórica de su tiempo. Al final de sus dramas usa el deus ex machina para desenredar la trama y restablecer el orden.

Son importantes los cantos corales de Eurípides, que no son meras interpolaciones sino que tienen el carácter de relatos líricos independientes, donde la musicalidad nos muestra el nuevo giro que experimenta el ditirambo ático en esta época.

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