domingo, 29 de enero de 2017

Amicitia.

Amicitia:


«La amistad es lo más necesario para la vida»
(Aristóteles, Ética Nicomaquea, Lib.VIII, cap. 1; 1155a 3)



San Agustín en La ciudad de Dios analiza las dos pulsiones naturales de los seres humanos, el egoísmo y el altruismo, la primera es la raiz de las aversiones y la segunda de las simpatías. En esta obra se ve como estas dos bases son la fuente de los males de la historia y la segunda la raiz de lo bello y grandioso. Aquí se encuentra el fundamento de la amistad y del odio, de la grandeza del ser humano.

Sócrates, Platón, Aristóteles y el mismo Cicerón tratan el tema de la amistad desde sus respectivas miradas.

En este escrito resumo mis consideraciones sobre el tema:

Usualmente se encuentra tres especies de amistad: la carnal (carnalis), la mundanal (mundialis) y la espiritual (spiritualis).   La amistad carnal viene a ser un consentimiento en cosas viciosas, su fin es la común fruición de un placer. Es una amistad que «con la misma facilidad con que surge también se termina» (eadem levitate resolvitur, qua contrahitur).

La amistad mundanal está orientada hacia la común utilidad de los que entre sí son amigos. Surge por el deseo de los bienes materiales, y «siempre está rodeada de fraude y engaño» (semper est plena fraudis atque fallaciae). Es sumamente frágil también.

La amistad espiritual es la única que merece el nombre de amistad, pues «sólo ella procede de la dignidad misma de la naturaleza humana y de las más íntimas apetencias del corazón del hombre» (humani pectoris sensu desideratur).

Su fruto y recompensa están en ella misma, nace entre los hombres de bien, semejantes en sus aficiones, y es la que se ajusta a las cuatro virtudes cardinales: «la prudencia dirige esta amistad, la justicia la gobierna, la fortaleza la custodia, y la templanza la mantiene en los justos límites» (Hanc nempe amicitiam prudentia dirigit, iustitia regit, fortitudo custodit, temperantia moderatur).

La amistad se funda en la propia naturaleza humana, que está dotada de una tendencia natural al afecto. Por otra parte es robustecida por la experiencia, la praxis, y queda al fin ordenada por la ley.

El amigo es un confidente fiel, y nos ayuda en toda clase de infortunio: en la pobreza, en la enfermedad, incluso en la muerte.

Hablar con un amigo con toda confianza, da seguridad en el vida, produce una satisfacción inmensa. Es la mejor medicina para todos los males (Non enim validior vel efficacior est vulneribus nostris medicina).

La amistad no puede justificar jamás la inmoralidad, la transgresión del deber. El mal, cualquiera que sea su figura, no puede nunca ser legitimado por la amistad.

Normas a tener en cuenta para el cultivo de la amistad. Giran en torno a cuatro aspectos: la elección de amigos, la admisión de la relación amistosa, la comprobación de la amistad, y su ejercicio efectivo. En cuanto a la elección de los amigos y la admisión de la relación amistosa establece que deben elegirse los que tienen costumbres semejantes, y concuerdan con nuestro modo de ser, pues entre quienes tienen caracteres totalmente distintos no cabe la amistad. Entre los defectos incompatibles con la relación amistosa destaca la cólera exacerbada (iracundiae furor).

Para que la amistad sea firme, duradera, nunca debemos de precipitarnos en concederla, porque nos exponemos a establecerla en falso. Solamente son dignos de amistad quienes dan pruebas de merecerla (Digni sunt amicitia, quibus inest causa cur diligantur).

Si por alguna razón ha de disolverse la amistad, entonces nos aconseja Cicerón que procuremos descoser, no desgarrar. Es decir, no romper violentamente, sino más bien hacerlo con suavidad, abandonando poco a poco a quien no es digno de la amistad (Et si imposible est, non statim rumpenda est amicitia, sed dissuenda).

Cuando rompemos con un amigo, siempre queda algo de amor (si talis fuerit ut amicitia retrahatur, nunquam tamen subtrahatur dilectio).

Entre las causas que pueden dar lugar a la ruptura de la amistad, señala: el insulto, el ultraje, la soberbia, la revelación de los secretos, la traición y el daño causado a un amigo común.

Se apunta cuatro datos a tener en cuenta para comprobar la amistad: la fidelidad, la intención, la discreción, y la paciencia (Quatuor probanda sunt in amico: fides, intentio, discretio, patientia).

Nada hay más sublime en la amistad que la fidelidad, es la que la alimenta y la guarda. Debe darse tanto en la adversidad, como en la prosperidad, pero sobre todo, se prueban los auténticos amigos en las situaciones adversas (Ipsa tamen fides in prosperis latet, sed eminet in adversis).

En cuanto a la intención, será aceptable cuando el amigo dé muestras de no perseguir ventajas materiales, por esa razón nos dice que la relación amistosa es en principio de más garantía entre los pobres que entre los ricos. En este contexto cita a San Jerónimo, según el cual la amistad no es un comercio, sino plenamente graciosa y hermosa (non debet esse mercenaria, sed gratuita).

La discreción, o el buen juicio es otro termómetro certero para comprobar una amistad autentica. En efecto, si al que eliges como amigo no es prudente y discreto no tendrás más que problemas con él. El que carece de discreción es como una nave a la deriva sin piloto y sin rumbo (si quis sine discretione fuerit, sicut na- vis, absque gubernaculo pro impetu suo instabili motu semper feretur).

La paciencia, por último, es sumamente necesaria, por ello se ha de comprobar en el posible amigo, pues sin ella no perdura la amistad. Aquel que ante el más mínimo inconveniente no sabe soportarlo y disculpar, no es digno de una amistad estable. La auténtica medida del amigo ha de ser la benevolencia. Una vez comprobadas estas cuatro cualidades, no dudemos en la entrega generosa de la amistad (se totum det et committat amico), en ella la relación amistosa se hace auténtica y gustosa intimidad.

Se establece que la lealtad, la sencillez y la comunicación sincera harán firme y agradable la amistad. Entre los obstáculos a evitar, señala, ante todo, la sospecha (el ser suspicaz), que la considera mortal de necesidad para la amistad (Prae omnibus cavenda est suspicio, quae est amicitiae venenum).

Se habla de la igualdad, absolutamente esencial para la relación de amigos. Si alguien es superior a su amigo en algún orden (talento, fortuna, poder) tanto más se esforzará en ponerse al nivel del inferior, para merecer sin reservas su confianza. En efecto, «no puede haber una correcta amistad, donde no se cultiva la igualdad» (non enim amicitia recte colitur, a quibus aequalitas non servatur).

En una palabra, la amistad o surge entre iguales, o acaba haciendo iguales. Por último, con energía rechaza la adulación como la peor peste para la amistad. Es decir, cuando haya que corregir al amigo se ha de hacer con sinceridad y verdad (non adulatorie, non simulatorie, sed vere).

Cicerón, M. T., De amicitia, Madrid, Gredos, reimp., 1996. (Edición bilingüe. Trad. castellana de Valentín García Yebra),
Aristóteles, Ética Eudemia, 1234b 30-1235a 2 (Utilizo la traducción castellana, Ética Nicomaquea. Ética Eudemia, Madrid, Gredos, 1. ª reimp., 1988,
Platón, Lisis, 211d-212a. (Traducción: en Platón, Diálogos, Madrid, Gredos, vol. I, 2.ª reimp., 1985, p. 293).
San Agustín. Ciudad de Dios. Madrid: Editorial Gredos.
— (2007). Volumen I: Libros I-VIII.
— (2012). Volumen II: Libros VIII-XV.

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