martes, 1 de enero de 2019

La Filosofía en la sociedad contemporánea José Ferrater Mora

Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura

París, enero-febrero 1959número 34
páginas 13-24José Ferrater Mora


La Filosofía en la sociedad contemporánea: La historia como filosofía


No pocos historiadores de la filosofía vienen en pensar que su disciplina es harto insociable. Infatigablemente producen vastas «Historias de la filosofía» en las cuales las ideas filosóficas se despliegan majestuosamente sin jamás contaminarse con factores no filosóficos con acontecimientos políticos, creencias religiosas, descubrimientos científicos, revoluciones sociales. Los sistemas filosóficos se engendran al parecer uno al otro dentro de una atmósfera tan enrarecida como sublime: Sócrates engendra a Platón y Platón engendra a Aristóteles; Descartes engendra a Malebranche y Malebranche engendra a Leibniz; Locke engendra a Berkeley y Berkeley engendra a Hume; Kant engendra a Fichte y Fichte engendra a Hegel; Husserl engendra a Scheler y Scheler engendra a Heidegger.

Cuando el historiador no alcanza a confeccionar tales esquemas genealógicos, se las ingenia de todos modos para mantener el pensamiento filosófico debidamente incorrupto. Por ejemplo, describe ciertas filosofías como si fuesen reacciones intelectuales frente a otras filosofías o ciertos sistemas como si emergieran de una colusión casi mecánica con otros sistemas. Así, expone la filosofía de Parménides como una reacción frente a la filosofía de Heráclito (o acaso viceversa); el pensamiento de Kant, como consecuencia del choque dialéctico entre las filosofías de Hume y de Leibniz (o de Wolff); la doctrina de Marx, como resultado de una compleja trama en la que se mezclan las meditaciones de Hegel, Feuerbach, Adam Smith y tal vez Fourier y Saint-Simon.

Pero, ¿no nos precipitamos? Porque es un hecho que cuando se pide a tan asépticos historiadores de la filosofía que aclaren su punto de vista sobre su disciplina, lo primero que hacen es rechazar con energía acusaciones como las antes formuladas. «Nuestro modo de tratar la historia del pensamiento filosófico arguyen está dictado sólo por motivos de conveniencia. Después de todo, obras que acarrean tan formidables títulos como Historia de la filosofía, Historia de la filosofía antigua, Historia de la filosofía moderna y otros similares deben mantenerse dentro de razonables límites. En ningún instante se nos ocurre olvidar el hecho innegable de que los sistemas filosóficos de todos los tiempos han estado íntimamente relacionados con diversos factores cuya naturaleza extrafilosófica se halla fuera de toda duda.»

En vista de tan excelentes declaraciones, tentados estamos de pensar que nuestros cargos contra tales historiadores se fundaban sólo en un malévolo olvido de sus intenciones verdaderas. Éstas son ahora transparentes: consisten en reconocer que hay de hecho relación entre los sistemas filosóficos y los factores extrafilosóficos, pero que tal relación es mantenida en suspenso [14] a mayor honra y gloria de la claridad de sus descripciones. Pero preguntémosles ahora: «Ya que admiten tal relación de hecho entre el pensamiento filosófico y lo demás –digamos, entre la filosofía y la historia humana o, para simplificar, entre la filosofía y la sociedad–, ¿cómo explicarían la relación si por acaso tuviesen tiempo, oportunidad, o siquiera humor, para tan ingrata tarea?»

Lejos de despejar definitivamente nuestras aprensiones, la respuesta que entonces obtenemos no hace sino exasperarlas. Pues la relación que tales historiadores establecen es la más sorprendente que cabe imaginar: la filosofía es presentada como el hilo conductor de la historia humana. Esto quiere decir que los hechos históricos y sociales son interpretados desde un ángulo filosófico, esto es, en términos de las teorías filosóficas en cada caso predominantes.

Así, el proceso usualmente resumido bajo el nombre «el final del mundo antiguo» es interpretado a la luz de la historia de escuelas filosóficas tales como la estoica, la escéptica, la neoplatónica; el tránsito del «otoño de la Edad Media» a la época moderna es explicado mediante una descripción de las filosofías renacentistas; el desarrollo de la época moderna, cuando menos en la Europa continental, es dilucidado como «la época del cartesianismo» sucedida por «la época de la Ilustración»; la revolución soviética y sus secuelas son descritas como reflejos de las vicisitudes de la filosofía marxista, et caetera. Como Karl Joël lo ha expresado en un título relevador, estos historiadores consideran «la historia de la filosofía como filosofía de la historia».

Las singulares propensiones de nuestros hipotéticos historiadores suelen ser apoyadas por una de las dos convicciones siguientes –y a veces por ambas a un tiempo–. Por un lado, suponen que las filosofías son, en el fondo, «concepciones del mundo», y que las «concepciones del mundo» constituyen los factores dominantes en el torbellino (y el laberinto) de las creencias y de los actos humanos. Por otro lado, suponen que el hombre puede ser definido como un «animal filosófico».

La primera de estas suposiciones ha alcanzado singular favor entre los pensadores para quienes es indudable que cada una de las sociedades humanas –cada una de las «grandes civilizaciones»– se caracteriza por abrazar una amplia concepción del universo que suele cristalizar en un gran sistema filosófico. La segunda de ellas ha sido fomentada por una larga serie de distinguidos pensadores, desde Platón hasta Schopenhauer. Apenas el hombre nace, barruntaba Platón, acontece el filosofar. El hombre, cavilaba Schopenhauer, es una «criatura metafísica». Ambos han creído que el hombre filosofa tan naturalmente como respira –en rigor, más «naturalmente» todavía si se cree que la actividad filosófica es la esencia del ser humano. Pues aunque algunos hombres no viven una vida filosófica, ello es sólo porque no viven una vida humana –cuando menos, una vida humana «auténtica».

Link a todo el artículo

https://youtu.be/4p6NWsbMTww

https://youtu.be/4p6NWsbMTww https://youtu.be/4p6NWsbMTww http://www.filosofia.org/hem/dep/clc/n34p013.htm

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