domingo, 5 de agosto de 2012

Juan de Salisbury. El Policraticus de la sociedad feudal.


Catedral de Salisbury
(JOHANNES DE SARESBERIA, sobrenombre PARVUS).
Juan de Salisbury (ca. 1115-1176); filósofo distinguido, escritor político Ingles, historiador, intelectual y eclesiástico, tiene una reputación duradera que se basa tanto en lo que él conocía como sobre lo que sabía.  Fue muy joven a París donde estudió artes y filosofía (1136-38). Estudió con casi todos los grandes maestros de principios del siglo XII, como Pedro Abelardo y Gilberto de Poitiers, y trabajo como ayudante de Tomás Becket.

Volvió a París completando sus estudios de Teología (1141-45). Esta sólida educación con maestros brillantes la completó con la enseñanza privada. Asistió al concilio en Reims, y fue presentado por S. Bernardo a Teobaldo, Arzobispo de Canterbury. Con el papa Eugenio III fue desde Reims a Roma, donde paso varis años antes de volver a Inglaterra, donde fue secretario privado de Teobaldo durante varios años, siendo repetidamente enviado a cumplir delicadas misiones diplomáticas ante la Santa sede. Fue obispo de Chartres en 1176, cuando Chartres era un foco de cultura universal y humanística.


John Salisbury: Cartas

Entre un tirano y un príncipe existe esta diferencia única o principal, que éste obedece a la ley y gobierna a las personas por sus dictados, considerándose su sirviente. Es en virtud de la ley que hace buena su afirmación de que el lugar más importante y principal en la gestión de los asuntos de la república y en el soporte de sus cargas, y su elevación sobre los demás consiste en esto: que mientras que los hombres privados son responsables sólo por sus asuntos privados, mientras que en el príncipe cae el peso de toda la comunidad. Policraticus.


Por defender los derechos de la iglesia incurrió en el disgusto real en 1159 y en su forzada reclusión pudo terminar sus principales obras el "Policráticus" y el "Metalogicus", ambos dedicados a Tomás Becket.

La obra más completa e importante de Juan de Salisbury fue su Policraticus rive de nugis curalium et vestigiis philosophorum,, escrito en 1159 y dedicada a Thomas Becket. Es un sistema de economía política y eclesiástica y ética basada en el cristianismo y la sabiduría de los antiguos y diseñada para dirigir desde la trivialidad de la vida secular y de la corte a un verdadero conocimiento y gobierno del mundo.  

El Polycráticus refleja el conocimiento y la visión a la que sólo podría haber llegado con la experiencia práctica, fue considerado como un texto de referencia en la filosofía política durante siglos. Sus reflexiones sobre las escuelas de su tiempo en el Metaloghicón hacen valiosas aportes a la vida académica de París, justo cuando las obras de Aristóteles se estaban  redescubriendo.

Para Juan de Salisbury, no son convincentes ni el dogmatismo absoluto ni el escepticismo radical. Por ello, se incluye en la línea de Cicerón, llegando a una bella armonía de razón y fe, certeza y escepticismo, teoría y práctica, presentada además en un estilo elegante, pulcro, elevado. Son pocas las cosas de que se puede tener certeza absoluta y hay que investigar en ellas por los sentidos, razón e inteligencia. En donde no haya total certeza, basta con un asentimiento probable. Por ello, mientras que la lógica es un instrumento necesario para el pensar, la vida moral y el amor de Dios forman parte integrante del filosofar.

Juan de Salisbury fue uno de los hombres más cultos de su tiempo. A pesar de las absorbentes preocupaciones de su carrera diplomática, su mucha ciencia e infatigable dedicación le permitieron llevar una extensa correspondencia que duró toda su vida sobre temas literarios educacionales y eclesiásticos con los más importantes intelectuales europeos.

La colección de sus Cartas (más de 300) no menos que sus otras obras forman una invaluable fuente de la historia del pensamiento y actividad del siglo doce. Su refinado gusto y su formación superior hicieron de él el mejor escritor en latín de su tiempo. Se distingue igualmente como filósofo y como historiador: fue el primer escritor medieval que enfatizó la importancia del estudio de la historia en la filosofía y en todas las ramas del saber. Era eclesiástico por naturaleza, pero en filosofía desarrolló un notable espíritu sensato y crítico. Estaba al tanto de todas las fases de las controversias contemporáneas y fue uno de los primeros en formular la solución conocida como “realismo moderado” en respuesta al problema fundamental del valor y significado de las ideas universales.

John Salisbury: Historia Pontificia
 ¿QUÉ LA LEY ES, y que aunque el príncipe no está obligado por la ley, él es sin embargo el servidor de la ley y de equidad, y lleva la figura pública, y derrama sangre sin culpa. Policraticus

OBRAS
El "Metalogicus" es un tratado filosófico, en defensa del estudio de la lógica y filosofía, contra un grupo de oscurantistas a los que llamaba Cornificianos . Es el primer tratado medieval que muestra familiaridad con todo el “organon” aristotélico El "Policraticus", en ocho libros, trata, como indica su subtítulo (De nugis curialium et vestigiis philosophorum) en parte de filosofía y saber y compilaciones misceláneas legibles.

El "Entheticus" (De dogmate philosophorum) es un poema elegíaco en latín de 1852 líneas aparentemente pensado como introducción al  ”Policraticus” y que prácticamente trata de lo mismo de forma más abreviada.

"De Septem Septenis", un breve escrito sobre las siete artes, según Hauréau (Nouvelle Biographie Générale) y Schaarschmidt.

La "Historia Pontificalis" publicada por primera vez por Arndt (Monumenta Germaniae Historica, , 1868), e identificada como obra de J. De Salisbury por Giesebrecht (Bay. Akad. d. Wissensch., Munich, 1873). El manuscrito actual sigue de la continuación que Gembloux hace de Sigebert de 1148 a 1152. Fue escrito alrededor de 1164 y dedicado a Pedro de la Celle.
También escribió  una "Vita Sti. Anselmi" (1163), una “Vita Sti. Thomae Cantuar." (1171), y las cartas de las que ya hemos hablado.

Todas estas obras, excepto la Historia Pontificia fueron editadas por St. Giles, 5 Vol., Londres 1848; "Policraticus, editado también por C.C.J. Webb (2 vols., Oxford, 1909). Los materiales para su biografía están principalmente en sus Cartas y otras obras y en las Cartas de Pedro de la Celle.
Sobre Juan de Salisbury y la Bula "Laudabiliter", ver ADRIANO IV.

Ver referencia a la Enciclopedia Stanford de Filosofía
Fuentes medievales:  The Stateman's book of John Salisbury

viernes, 3 de agosto de 2012

Étienne Bonnot Abbé de Condillac (1715-1780)

Étienne Bonnot, Abbé de Condillac
Étienne Bonnot, Abbé de Condillac, Pensador francés de la Ilustración, sacerdote católico natural de Grenoble. Fue el principal exponente de una forma radical empirista de filosofía de la mente que desde entonces ha llegado a ser conocida como "sensacionismo".
   
Seguidor de Locke en teoría del conocimiento. Mientras que el empirismo de John Locke, rechazo los principios innatos y las ideas innatas, Condillac fue más allá y rechazó las habilidades innatas también. A diferencia de este filósofo, negaba la existencia de la «reflexión», segunda fuente de conocimientos, aparte de las sensaciones. Sin embargo, el no comprender el carácter que posee el nexo de las sensaciones con los objetos exteriores y el exagerar el carácter subjetivo de éstas, llevaron a Condillac al idealismo subjetivo.

 Según Condillac, las sensaciones son provocadas por los objetos externos, pero no tienen nada de común con ellos. Ahora bien, como quiera que la razón se halla relacionada con el mundo exclusivamente a través de las sensaciones, resulta que su objeto no es el mundo objetivo, sino el conjunto de las sensaciones.
  
Tratado de las sensaciones» (1754)
En su versión del empirismo, la experiencia no sólo nos provee de las "ideas" o las materias primas para el conocimiento, sino que también nos enseña a centrar la atención, recordar, imaginar, abstraer, juzgar y razonar. Forma nuestros deseos y nos enseña lo que hará. Por otra parte, nos ofrece las mejores lecciones en el desempeño de estas operaciones, por lo que un estudio de la forma en que originalmente se aprenden a llevarlas a cabo también nos dice cómo esas operaciones deben llevarse a cabo.
  
 La consecución de este principio condujo a Condillac a articular una psicología de desarrollo temprano, con explícitas implicaciones pedagógicas y metodológicas.
  
Sus inquietudes lo llevaron a concentrarse en la teoría de la percepción, y avanzar en puntos de vista importantes y originales en nuestra percepción de la forma espacial. Ofreció una búsqueda más cuidadosa, y una cuenta más exacta de qué es exactamente lo que nos ha dado cada uno de los órganos de los sentidos que cualquier otra que se había ofrecido antes, y presenta una descripción muy minuciosa de cómo estos primeros datos operan en nuestras creencias sobre el mundo que nos rodea.
   
No obstante, el sensualismo de Condillac se contraponía al idealismo de Leibniz, a toda filosofía especulativa. Condillac ejerció gran influencia sobre el materialismo francés del siglo XVIII.
   
Trabajos fundamentales:
 «Tratado de los sistemas, en que se descubren defectos y virtudes de éstos» (1749),
 «Tratado de las sensaciones» (1754) y otros.

REFERENCIA:
Falkenstein, Lorne, "Étienne Bonnot de Condillac", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2010 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = .

martes, 31 de julio de 2012

ESTÉTICA. Una síntesis para estudio.

Percy Cayetano Acuña Vigil

Los valores estéticos y los juicios de valor estéticos están presentes prácticamente en la totalidad de la vida humana. La estética es la rama de la filosofía que tiene por objeto el estudio de la esencia y la percepción de la belleza. Formalmente se la ha definido también como "ciencia que trata de la belleza de la teoría fundamental y filosófica del arte". La palabra deriva de las voces griegas αἰσθητική sensación, percepción, de αἴσθησις  sensación, sensibilidad, e ικά  relativo a.

La estética estudia las razones y las emociones estéticas, así como las diferentes formas del arte. La Estética, así definida, es el dominio de la filosofía que estudia el arte y sus cualidades, tales como la belleza, lo eminente, lo feo o la disonancia. Desde que en 1750 Baumgarten usó la palabra "estética", se la designó como: "ciencia de lo bello, misma a la que se agrega un estudio de la esencia del arte, de las relaciones de ésta con la belleza y los demás valores". Algunos autores han pretendido sustituirla por otra denominación: calología, que atendiendo a su etimología significa ciencia de lo bello (kalos).

lunes, 30 de julio de 2012

LA TEORÍA DE LA SIMPATÍA SIMBÓLICA.


Wilhem Worringer: Abstraktion und Einfühlung
Título del libro de Worringer sobre la historia del arte que publicó en 1907.
La teoría de la arquitectura durante el siglo XX se desarrolla entre la tradición positivista de los tratados de arquitectura y la tradición intuitiva especulativa de las teorías de la arquitectura.

En medio de esta polémica relación, la “teoría de la simpatía simbólica”, (Einfühlung) surgió a inicios del siglo pasado proporcionando herramientas para comprender las leyes universales que gobiernan la constitución formal de los objetos y se constituye en base para el encuentro disciplinar con otras ramas del conocimiento tendente a formular una teoría más amplia de la arquitectura.



Esta teoría se ubica como aporte del idealismo alemán y encuentra su síntesis en la obra de Wilhem Worringer Abstraktion und Einfühlung, publicada en 1908. Los primeros filósofos que hacen la crítica al pensamiento kantiano, y que son los iniciadores del movimiento conocido como Sturm und Drang (tempestad e ímpetu), sin mencionar a Goethe y a Schiller que no son críticos de Kant, son: Hamman, Herder, Jacobi, Reinhold, Maimon, Beck y Schulze.

Este movimiento se caracteriza por ser el inicio de un intento de “síntesis orgánico-religiosa de proporción cósmica”. “El sentimiento (sobre todo el amor), la pasión, el lenguaje originario que ella produce, la vida previa a la civilización refinada y al lujo, todo ello está en la base del Sturm”. El Sturm und Drang da origen al Romanticismo.

Ver síntesis: Los conceptos de Empatía...  

Link a mi escrito: 

Denis Diderot. (1713-1784)

Denis Diderot
El nacimiento de la estética como campo se encuentra en la confluencia entre los ideales de la Ilustración y las enseñanzas del gusto: la razón ya no se consideró como un sistema de verdad, pero cada vez más como una facultad de prueba y evaluación y, en consecuencia, no puede dejar a un lado como irrelevantes las lecciones del  sentimiento y la individualidad.

El arte se volvió un poderoso estimulante de las actividades sociales humanas y un tema inagotable para la investigación filosófica. Debido a la vitalidad de su formación filosófica y la difusión del francés como un código internacional de comunicación, Francia ha sido un laboratorio privilegiado de esta evolución, tanto como un lugar adecuado para múltiples intentos y críticas como uno favorable para la síntesis.

En este contexto se desenvuelve la obra de Diderot

En filosofía, es citado muy a menudo por Ernst Cassirer en un texto clave, La filosofía de la Ilustración, por su innovación en muchos campos; como en la nueva biología que él presagia y que de hecho describe ya en su Pensées sur l'interprétation de la nature (1753), libro que se abre con esta ironía:

Joven toma y lee. Si puedes llegar hasta el final de esta obra, no te costará comprender otra mejor. Como me  he propuesto no tanto instruirte como ejercitarte, poco me importa que admitas mis ideas o que las rechaces, con  tal de que ocupen toda tu atención. Alguien más capacitado te enseñará a conocer las fuerzas de la naturaleza;  me bastará con haber puesto las tuyas a prueba. Adiós.
 
Diderot, es desconocido como autor individual entre sus contemporáneos, polémico con Rousseau y D'Alembert, ciudadano al margen de las convenciones sociales y, muere en 1784, fue poco recordado en la Revolución Francesa. Tuvo que esperar hasta Goethe, Hegel (quien se refiere a él en la Fenomenología del espíritu) y los románticos para su difusión en el extranjero. Desde la conclusión del S. XIX y en la siglo siguiente, sobre todo, aumenta hondamente el interés que lo acreditará ya como la figura capital del siglo XVIII europeo.
Sus obras filosóficas  traslucen un pensamiento crítico, escéptico, sensista, radicalmente empirista y  deísta.

El pensamiento de Diderot, o más general el de la filosofía francesa del Siglo XVIII, se desmarca de un Descartes, de un Spinoza, por su carácter pragmático y asistemático, por su evidente menor hondura y por que en lugar de construir una metafísica, lo que le interesó es demostrar toda la metafísica.

Diderot se enmarca en una línea de pensamiento que tiene sus orígenes en el movimiento de los libertins franceses del siglo XVII y que prefigura el Deísmo y el agnosticismo.


En 1747 Le Breton le encarga a Diderot y Jean Le Rond d'Alembert la elaboración editorial de la Encyclopédie. Los editores reunieron un vasto capital, y entre 1751 y 1772 se fue completando con participaciones de escritores como Voltaire, Montesquieu, Jean-Jacques Rousseau, Adam Smith, así como decenas de sabios en los distintos campos, que hicieron una especial 'manufactura' de conocimientos.

El dio forma y sentido al proyecto como concepción general del saber de su época y como arma de combate contra el conservadurismo político y religioso. La dirección de Diderot fue por tanto cultural y política.

Diderot creó la crítica a través de sus salones. Los salones del siglo XVIII reunieron a la alta sociedad parisina y a los filósofos ilustrados que escribieron la Encyclopédie. Fueron, espacios de libertad para la cultura y el pensamiento, más allá de las doctrinas oficiales; espacios para el encuentro, más allá de las diferencias estamentales, y espacios para la emancipación femenina más allá de las normas sociales.

Diderot fue un librepensador que prescindió de cualquier dogma, tradición o autoridad eclesiástica o secular, en su mente residía su derecho a pensar y expresar sus pensamientos. Nunca encontró la respuesta de su búsqueda, pero describió el enigma de nuestra existencia.
   
 VIDA: "Nacer en la imbecilidad, en medio del dolor y de la crisis para ser el juguete de la ignorancia, el error, la     necesidad, la enfermedad, la maldad y las pasiones; para volver poco a poco a la imbecilidad, desde el momento     del balbuceo a la del cariñoso; a vivir entre bribones y charlatanes de todo tipo; de morir entre un hombre     que     toma el pulso y otro con problemas mentales; nunca saber de dónde vienes, ¿por qué vienes y adónde vas!     Eso     es lo que se llama el regalo más importante de nuestros padres y de la naturaleza. ".

Diderot fue un pensador que irradio influencia en múltiples fuentes. Sus ideas estéticas influyeron en 
Kant, sus ideas sobre la dramaturgia fueron desarrolladas por Lessing, sus ideas acerca de la pintura encontraron eco en Goethe y en Baudelaire, y sus obras literarias fueron valoradas tanto por Fausto como por Schiller.

La importancia de la obra fecunda de Diderot ha sido puesta de relieve progresivamente. Ha ido creciendo hasta hacer de este pensador de las Luces uno de los más conocidos en la moderna historia del pensamiento.

Su libro Jacques el fatalista (1773; no se publicaría hasta 1796).
    
¿Cuál es en vuestra opinión el motivo que atrae a las ejecuciones públicas? ¿La inhumanidad? Os equivocáis:     el pueblo no es inhumano; a ese desgraciado en torno a cuyo cadalso se agolpa, lo arrancaría de las manos de     la justicia si pudiera. Va a buscar a la plaza de Grève una escena que pueda contar a su regreso al arrabal, ésa     u otra, le da igual mientras tenga un papel, junte a su vecinos y se haga escuchar de ellos. Dad en el bulevar     una fiesta divertida y veréis que la plaza de las ejecuciones está vacía. El pueblo está ávido de espectáculos y     acude a ellos porque se divierte cuando los disfruta y se divierte también cuando los cuenta a su regreso.
 

Libertinismo:
Con el libertinismo erudito, movimiento filosófico de pleno derecho cuya estudio se ha revelado esencial para comprender los grandes envites del XVII, surge una razón crítica que somete a su imperio todos los dominios del pensamiento, especialmente la teología, la moral y la filosofía recibidas, y que rechaza toda regla exterior y todo principio de autoridad, propugnando una libertad filosófica sin trabas de ningún tipo, especialmente de tipo religioso. Esta razón crítica se materializará en un tenaz esfuerzo por construir una ética autónoma, sin límitaciones teológicas o dogmáticas, y por analizar rigurosamente la esfera de lo sagrado, cuestionando su papel fundamentador en los campos de la filosofía, la política y la acción y de los modos de vida de los hombres. Semejante esfuerzo liberador será perpetuado por los filósofos y ensayistas del siglo de las Luces, constituyéndose así en la verdadera semilla de la que brotará el pensamiento ilustrado francés del siglo XVIII.

Escritos sobre arte, Siruela (1994)
La estética francesa del siglo 18

viernes, 15 de junio de 2012

La crisis de la civilización occidental: Peter Sloterdijk - Slavoj Zizek



A raiz de la entrevista referida selecciono lo que considero las principales afirmaciones y comparto mi punto de vista:

Peter Sloterdijk:
1.    Pero para mí, el resentimiento, no es nunca la actitud de los pobres. Más bien la actitud del pobre amo, como Nietzsche lo analizó tan bien. Es la moral de los “esclavos”.

Digo:  La moral de esclavos, es la moral del rebaño y de la mediocridad, una moral impregnada de instinto de venganza contra la vida superior; es la moral de la democracia: quiere igualar todas las personas; una moral que glorifica todo aquello que hace soportable la vida a los débiles. Para esta moral bueno es igual a pobre, carente, impotente, enfermo, feo.

2.    Sólo que se equivocó un poco desde el punto de vista social: no es el verdadero esclavo, es el esclavo que, como el Fígaro de Beaumarchais, quiere reemplazar al amo.

Digo: Un individuo en soledad desde el nacimiento busca también que su autoconsciencia sea reconocida. Si vive en soledad, nunca tendrá autoconsciencia de sí mismo.

3.    Vivimos en un mundo que se “futuriza” cada vez más. Creo, por ende, que el sentido profundo de nuestro “ser en el mundo” reside en el futurismo, que es el rasgo fundamental de nuestra forma de existir.

Digo: El hombre no es intratemporal, no está sometido a las temporalidades, sino que por el contrario las domina de entrada, ordenándolas. La ordenación de las temporalidades se hace desde la superioridad atemporal del entendimiento. Cuando se piensa sólo en el laissez faire liberal se tiene la visión del Katéjon.

4.    Pregúntenle a un estadounidense cómo imagina el pago de las deudas acumuladas por el gobierno federal. Su respuesta seguramente será: “Nadie lo sabe” y creo que ese no saber es el núcleo duro de nuestra crisis. Nadie en esta Tierra sabe cómo pagar la deuda colectiva. El porvenir de nuestra civilización choca contra un muro de deudas.

Digo: Aquí sólo imagina el arma política del liberalismo a ultranza.

5.    Creo que los europeos simplemente olvidaron lo que quiere decir religio . La palabra significa literalmente “diligencia”. Cicerón dio la etimología correcta:
leer, legere , religere , es decir, estudiar atentamente el protocolo para organizar la comunicación con los seres superiores. Es, por ende, una suerte de diligencia o en mi terminología, un código de entrenamiento. Por esa razón creo que “la vuelta de lo religioso” sólo sería eficaz si pudiera llevar a prácticas de ejercicios intensificados.

Digo: Como referida a una obligación de conciencia que impele al cumplimiento de un deber queda descartada. Resulta cínicamente en un ejercicio lúdico más.

6.    Pero en el siglo XX, el deporte se impuso en la civilización occidental. No volvió la religión, reapareció el deporte, después de haber sido olvidado durante casi 1.500 años. No fue el fideísmo sino el atletismo el que ocupó el primer plano. Pierre de Coubertin quiso crear una religión del músculo en los primeros años del siglo XX. Fracasó como fundador de una religión, pero triunfó como creador de un nuevo sistema de ejercicios.

Digo:  Cuando falta el temor a dios el estado perece o vive solamente por el temor a un principe, temor que suple la falta de religion. Veamos sino en que situación está la europa irreligiosa.

Zlavoj Zizek:
1.    ” Sabemos muy bien que no podemos hacerlo, pero actuamos en la práctica como si pudiéramos hacerlo. Sin embargo, emplearía el término “futuro” para designar lo que Peter Sloterdijk llama el “creditismo”.
2.    “Aquí, la situación en el frente es seria pero no catastrófica” y los austríacos respondieron: “Aquí, la situación es catastrófica pero no seria”. Y eso es lo catastrófico: no podemos pagar las deudas pero, en cierta forma, no lo tomamos en serio. Además de ese muro de deudas, la época actual se acerca a una suerte de “grado cero”.

Quien se ve afectado es el ciudadano común y corriente. Los grandes culpables, la Banca y los Trusts internacionales son los objetos de preocupación. Al liberalismo no le interesan las diferencias sino en cuanto les sirve para seguir con su saqueo.

En primer lugar, la enorme crisis ecológica nos impone no continuar en esta vía político-económica.
Segundo, el capitalismo, como sucede en China, ya no está naturalmente asociado a la democracia parlamentaria.
Tercero, la revolución biogenética nos impone inventar otra biopolítica.

Nada que toque el statu quo. Por eso cuando Grecia y su izquierdismo atempera la farsa liberal, es bienvenida.

3.    En cuanto a las divisiones sociales mundiales, crean las condiciones de explotaciones y alzamientos populares sin precedente. La idea de lo colectivo también se ve afectada por la crisis.
4.    La tolerancia multicultural es una engañifa que despolitiza el debate público, remitiendo las cuestiones sociales a las cuestiones raciales, las cuestiones económicas a las consideraciones étnicas.
5.    Pero para mí, el resentimiento, no es nunca la actitud de los pobres. Más bien la actitud del pobre amo, como Nietzsche lo analizó tan bien. Es la moral de los “esclavos”. Sólo que se equivocó un poco desde el punto de vista social: no es el verdadero esclavo, es el esclavo que, como el Fígaro de Beaumarchais, quiere reemplazar al amo.

La entrevista ilustra una actitud cínica y totalmente indiferente, rayana en el desprecio, empleando recursos de parrhesia y de autarkeia. Es la actitud del que desde una posición desde la afluencia considera al otro como descartable. La considero aleccionadora para continuar registrando cómo estas posiciones comodas y pedantes que calan en muchos, contribuyen a profundizar la alienación posmoderna que presisamente tiene mucho que ver con las carencias y la ignorancia.

Ambos personajes, vedettes mediáticas y fuentes de negocios del Jet set , no agregan nada nuevo a su afán de emular a Madonna y a Lady Gaga.

Transcripción de la entrevista

Desde la crisis económica y el rol de las religiones hasta el caso Strauss-Kahn, dos de los filósofos más leídos de la actualidad analizan presente y futuro de Occidente. “Hemos acumulado tantas deudas que la promesa de reembolso en la cual se funda la seriedad de nuestra construcción del mundo ya no puede sostenerse”, denuncian.

Occidente vive una crisis del porvenir: las nuevas generaciones ya no creen que vivirán mejor que las anteriores. Una crisis de sentido, de orientación y de significación. Occidente sabe más o menos de dónde viene pero le da trabajo saber adónde va. Ciertamente, como decía el poeta francés René Char, “nuestra herencia no es precedida por ningún testamento” y a cada generación le corresponde dibujar su horizonte. Nuestros tormentos, sin embargo, no son infundados. El sentido de lo común se fragmentó. Con el “cada uno en lo suyo”, el sentimiento de pertenencia a un proyecto que trascienda las individualidades se evaporó. El derrumbe del colectivismo –tanto nacionalista como comunista– y del progresismo económico dio lugar al imperio del “yo”. El sentido del “nosotros” se dispersó.

La idea de partición, de bien común y de comunidad parece volar en pedazos. Sin embargo, son muchos todavía los que no desean confiar la idea de comunidad a los comunitarismos que acosan a un planeta desgarrado. Entre ellos se cuentan Peter Sloterdijk y Slavoj Zizek, filósofos europeos, que aceptaron debatir públicamente por primera vez sobre estos temas.

Todo los separa en apariencia. El primero es un seguidor de la filosofía individualista de Nietzsche; el otro, un marxista allegado a los movimientos alternativos. El primero es más bien liberal, el segundo, calificado como radical. Gracias a la fuerza metafórica puesta al servicio de sus audacias teóricas, Peter Sloterdijk se dedica a captar la época sobre todo gracias a una morfología general del espacio humano, su famosa trilogía de las “esferas”, que se presenta como un análisis de las condiciones por las cuales el hombre puede volver habitable su mundo.

Aliando a Marx con y la trilogía de ciencia ficción Matrix , haciendo malabarismos entre Hegel y Hitchcock, el pensador esloveno Slavoj Zizek es una figura notoria de la “filosofía pop”, tan severo con el capitalismo global como con cierta franja de la izquierda radical, que articula sin cesar las referencias de la cultura elitista (ópera) y popular (cine) a las grandes deflagraciones planetarias.

Este encuentro inédito está relacionado con la publicación concomitante de dos trabajos destinados a pensar la crisis que atravesamos. Con Vivre la fin des temps (Flammarion), Zizek analiza las diferentes formas de aprehender la crisis del capitalismo. Para él, los cuatro jinetes del Apocalipsis (desastre ecológico, revolución bioenergética, mercantilización desmesurada y tensiones sociales) están, diezmándolo: la negación (la idea de que la miseria o los cataclismos “no pueden pasarme a mí”), el regateo (“que me dejen el tiempo de ver a mis hijos recibidos”), la depresión (“voy a morir, para qué preocuparme por algo”) y la aceptación (“no puedo hacer nada, mejor que me prepare”). Y propone alternativas e iniciativas colectivas para recobrar el sentido de un comunismo despojado de su gregariedad aliado a un cristianismo liberado de su creencia en la divinidad.

Con Tu dois changer ta vie (Libella/Maren Sell), Peter Sloterdijk esboza otras soluciones, más individuales y espirituales. Inspirado por el poema de Rainer Maria Rilke consagrado a un torso antiguo del Louvre, trata de inventar en los ejercicios espirituales de los religiosos un nuevo cuidado de sí mismo, una nueva relación con el mundo. Desde el quebranto del crédito hasta el caso que derivó en la renuncia del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, un diálogo inédito para cambiar de rumbo. Colectivas o individuales, políticas o espirituales, las ideas-fuerza de dos pensadores iconoclastas para evitar los callejones sin salida de la globalización.

Jacqueline de Romilly y el mundo griego

Jacqueline de Romilly y el mundo griego

 
Adjunto breve información sobre la obra de Jacqueline de Romilly, quien junto con Pierre Vernant y Bruno Snell son referentes y amplios conocedores del mundo griego clásico. 

De Romilly, Jacqueline 

JACQUELINE DE ROMILLY nació en Chartres el 26 de marzo de 1913. Profesora de griego clásico en las universidades de Lille (1949-1957) y París-Sorbona (1957-1973) y en el Collège de France (1973-1984, y honoraria desde esta fecha), en 1971 ingresó en la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres y en 1989 en la Academia Francesa. 

Traductora de Tucídides al francés, ha publicado estudios sobre Esquilo, Eurípides y Homero, entre otros; pero quizá de modo especial se ha interesado por la relación entre la Grecia antigua y los grandes problemas de la política, en libros tales como Tucídides y el imperialismo ateniense (1947), Problemas de la democracia griega (1975), o Grecia y el descubrimiento de la libertad (1989). 


Ha obtenido extraordinaria resonancia su Alcibíades (1995; Seix Barral, 1996). Su obra Héctor (1997), se centra en la figura del héroe homérico.

Títulos publicados
Alcibíades o los peligros de la ambición De Romilly, Jacqueline
Alcibíades (Alcibiade, 1995), que ha obtenido un extraordinario éxito de público en Francia, no es una biografía novelada, sino un riguroso y a la vez ameno ensayo biográfico que, sobre bases documentales muy sólidas, estudia una figura emblemática, odiada y amada a la vez, tan fascinante como peligrosa: la de Alcibíades, cuya aparición y auge señalaron el declive del poderío de Atenas al mismo tiempo que el quebrantamiento de su democracia. 

En palabras de la propia autora: «A través de Alcibíades se entiende que la ambición es uno de los males de la democracia… Cuando se prefiere la lucha en favor de uno mismo a la gestión para terceros, el principio democrático queda viciado». 

Con razón se ha señalado: «La gran helenista resucita en este libro el esplendor del imperialismo ateniense, pero también nos pone en guardia contra los defectos de la demagogia. Al leerla, vemos, detrás de Alcibíades, a Kennedy, Berlusconi, Tapie y otras mentes brillantes, capaces de servirse de la libertad con la mejor o peor intención. Bruscamente el destino de un hombre cuya carrera queda destrozada por sus escándalos rebasa el marco del siglo V antes de Cristo para convertirse en el símbolo de los desvíos amorales que invalidan la democracia. Esta lectura tan moderna de una aventura tan antigua explica que en un mes esta obra haya llegado a la cabecera de las listas de libros más vendidos» (Gilles Martin-Chauffier, Paris-Match) 

De ROMILLY, Jacqueline. 
La ley en la grecia clásica. Nº Edición: 1ª: Buenos Aires, Plaza edición: 2004
__. Magic and rhetoric in ancient Greece, Publisher, Cambridge, Mass. Harvard University Press, 1975, 108 p.
___. Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles, Seix barral , 1997 1 ed., 256 p. 

¿Porqué Grecia?

Transcribo lo que considero un buen escrito. El resto es ciencia ficción que no me interesa.

En aquella cena, hace ya varios años, me sentaron junto a una señora de edad que cubría sus ojos con unos grandes anteojos oscuros. Era amable, elegante, hablaba un francés exquisito y, pese a que hacía grandes esfuerzos por disimularlo,  en todo lo que decía y opinaba se traslucía una enorme cultura. Sólo a media cena advertí, por las grandes precauciones con que manejaba los cubiertos, que era ciega o, cuando menos, que su visión era mínima. Sólo después de despedirnos, averigüé que Jacqueline de Romilly era una gran helenista, catedrática de griego clásico en la École Normale y en la Sorbona, la primera mujer en ser elegida miembro del Colegio de Francia y una de las pocas representantes del género femenino en la Academia Francesa.

El  primer  libro  suyo  que  leí, Pourquoi la Grèce?, me deslumbró tanto como su persona. Aunque lo que dice y cuenta en él ocurrió hace veinticinco siglos, es de una extraordinaria actualidad y su lectura debería ser obligatoria en estos días para aquellos europeos que, espantados con lo que está ocurriendo en Grecia, su deuda vertiginosa, su anarquía política, su empobrecimiento pavoroso y la ascensión de los extremismos fascista y comunista en sus últimas elecciones, creen que la salida de ese país de la moneda única, e incluso de la Unión Europea, es inevitable y hasta necesaria.

El libro cuenta cómo la joven Jacqueline leyó en sus años escolares a Tucídides y cómo la impresión que hizo en ella uno de los dos fundadores de la disciplina histórica (con Heródoto) orientó su vocación a los estudios de la Grecia clásica, a la que dedicaría su vida. El ensayo pasa revista, de manera clara, entretenida y profunda –rara alianza para una especialista– a ese milagroso siglo V antes de nuestra era en el que la historia, la filosofía, la tragedia, la política, la retórica, la medicina, la escultura alcanzan en Grecia su apogeo y sientan las bases de lo que con el tiempo se llamaría la cultura occidental.  Homero y  Hesíodo son bastante anteriores al siglo V, desde luego, y hay artistas, pensadores y comediógrafos posteriores a ese marco temporal.

El ensayo no vacila en retroceder o avanzar para incluirlos en el legado griego, aunque el grueso de lo que llama “una visita guiada a través de los textos” se concentra  en ese pequeño período de cien años en que en el reducido espacio del mundo heleno hay como una eclosión frenética, enloquecida, de creatividad en todos los dominios del espíritu, con ideas, modelos estéticos, patrones intelectuales, inventos y descubrimientos, gracias a los cuales la civilización del logos tomaría una distancia decisiva respecto a todas las otras culturas del pasado y de su tiempo y, sin pretenderlo ni saberlo, cambiaría para siempre la historia del mundo.

Jacqueline de Romilly muestra que en Grecia nacieron, o cobraron una realidad y dinamismo que nunca tuvieron antes en la vida social de pueblo alguno, los factores determinantes del progreso humano, como la democracia, la libertad, el derecho, la razón y el arte emancipados de la religión,  las nociones de igualdad, de soberanía individual, de ciudadanía, y una manera absolutamente nueva de relacionarse el hombre con el más allá y con los dioses, además, por supuesto, de una idea de la belleza y de la fealdad, de la bondad y la maldad, de la felicidad y la desdicha, que, aunque con los inevitables matices y adaptaciones que ha ido imponiéndoles la historia, siguen vigentes.

Maravilla que un pueblo tan pequeño y tan poco cohesionado políticamente, hecho de unas cuantas ciudades y colonias repartidas por Europa y el Asia menor, que conservaban un enorme margen de autonomía entre ellas, un pueblo tan instintivamente reticente a conformar un imperio, a practicar el imperialismo y a someterse a la prepotencia de un tirano (como hicieron todos los otros) haya sido capaz de dejar en la historia de la humanidad una huella tan honda, tan presente todavía tantos siglos después, en tanto que casi todos los otros grandes imperios o civilizaciones –los persas y los egipcios, por ejemplo– sean ahora sobre todo, sin olvidar ninguna de sus maravillas, piezas de museo.

No fue un accidente, ni obra del azar, hubo razones para ello y el libro de Jacqueline de Romilly las hace desfilar ante nuestros ojos con la misma desenvoltura, belleza y elegancia con que su conversación me hechizó a mí aquella noche. Los diálogos socráticos y platónicos, además de una manera de filosofar, nos explica, enseñaron a los seres humanos que conversar, hablar en grupo, es una manera más civilizada y ética de convivir que dando órdenes u obedeciéndolas, una forma de la comunicación que reconoce o establece de entrada una igualdad de base, una reciprocidad de derechos, entre los interlocutores. Así fue surgiendo la libertad, desanimalizándose el hombre, naciendo de verdad la humanidad del ser humano.

Esta demostración en Pourquoi la Grèce? no aparece como un discurso abstracto, sino a través de comentarios y de citas literarias, porque, como su autora no se cansa de repetirlo, todo aquello que constituye una cultura está esencialmente representado en sus obras literarias, y la verdadera crítica es aquella que escudriña la poesía, la narrativa, el drama, los ensayos que una sociedad produce en busca de esas verdades recónditas que alimentan su imaginación e impregnan las aventuras y los personajes a que sus artistas dieron vida para aplacar la sed de absoluto, de vivir otras vidas, de sus gentes.

“Sin saberlo, respiramos el aire de Grecia a cada instante”, dice en una de sus páginas. No es la menor de las paradojas que los griegos, que nunca conquistaron a pueblo alguno y sólo combatieron en defensa de su libertad, hayan dominado luego discretamente al mundo entero, empezando por Roma, cuyas legiones creyeron apoderarse de Grecia sin esfuerzo, cuando, en verdad, sería el pueblo vencido el que terminaría por infiltrarse en la mente, el espíritu y hasta la lengua del conquistador (el ensayo revela que, durante buen tiempo, fue de buen gusto entre las familias romanas contemporáneas de Cicerón y de Virgilio hablar en lengua griega)...

domingo, 3 de junio de 2012

Lo bello y lo sublime: Immanuel Kant

Lo bello y lo sublime
Immanuel Kant




Con el título de Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime publicó Kant en Komgsbey (1764) este ensayo de vario y atrayente contenido.  Numerosas ediciones sueltas  se han hecho de este encantador tratadito, sin contar las varias  ediciones de las obras completas del  autor.
     
Más que de estética, en el sentido estricto de la palabra,tratan las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime de asuntos varios, moral, psicología, descripción de los caracteres individuales y nacionales; en suma, de toda suerte de temas interesantes que pueden ocurrirse alrededor del asunto  principal.
    
Está escrito en estilo fácil y cómodo -extraña excepción en la obra de Kant-, lleno de ingenio, alegría, penetración, con una sencillez encantadora. Se comprende fácilmente que un crítico haya podido comparar a Kant -refiriéndose a esta obra - con La Bruyère, el autor de los Caracteres.

     En este ensayo es donde Kant ataca por primera vez el problema estético, y aunque sus ideas fundamentales acerca del arte y la belleza se hallan sistemáticamente expuestas en su obra posterior, la Crítica del Juicio, tienen, sin embargo, las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime cierto interés para el  conocimiento de los orígenes de la estética kantiana.
Pero sobre todo constituyen, como hemos dicho, una serie de delicadas ocurrencias, de certeras observaciones, de agudas críticas, sin el aparato solemne de la exposición didáctica.

viernes, 1 de junio de 2012

El concepto filosófico de IDEALISMO

Idealismo

Publicado en urbanoperu el Mié, 2009-12-09 08:19.

Rüdiger Safransky

Adjunto unas breves notas sobre el concepto filosófico de IDEALISMO. Se suele decir que todo idealismo es una exageración, y esto ocurre especialmente en el ambito de la arquitectura, debido a su cometido propositivo, por lo que considero útil hacer esta referencia para recordar el marco teórico del concepto.

Percy C. Acuña Vigil
Es una corriente filosófica que parte de que lo primario es lo espiritual en el modo de resolver la cuestión fundamental de la filosofía. El rasgo fundamental del idealismo es el tomar como punto de partida para la reflexión filosófica no el mundo exterior, sino lo que llamamos el sujeto o la consciencia. Es, de acuerdo con Schopenhauer [1], la representación del mundo y no el mundo.

Por sus raíces sociales ha sido considerado por W. Dilthey [2] también como una concepción del mundo, quien planteo las tres Weltanschaungen básicas: el idealismo objetivo, el de la libertad y el naturalista.

Al plantear nuevas cuestiones gnoseológicas ha estimulado el estudio de varios problemas filosóficos como por ejemplo la dialéctica de Hegel.

El idealismo como vocablo se usa en relación con los ideales,  pero siempre imaginados como realizables.

Este idealismo se ha manifestado de diversas formas durante la época moderna. El ejemplo más eminente del idealismo cuya unidad es histórica está constituido por el llamado «idealismo alemán» cuyos representantes son Kant, Fichte, Schelling, y Hegel principalmente.

El idealismo moderno, constituye un esfuerzo por responder a la pregunta, ¿cómo pueden conocerse las cosas? Esta pregunta no es solo una pregunta gnoseológica sino metafísica. Se considera idealistas a Descartes, Malabranche, Leibniz, Kant, Fichte, Schelling, Hegel.

Descartes es considerado «el primer idealista moderno», y cuyo idealismo consiste en considerar que toda la evidencia arraiga en el cogito. Descartes considera que en la relación cognoscitiva entre Sujeto y Objeto es el sujeto el que determina los límites, el alcance y el criterio de verdad y falsedad del conocer. La conciencia es el ámbito trascendental de posibilidad de la certeza y, por tanto, de la verdad, y por tanto, del conocimiento, pues no hay conocimiento sino de lo verdadero. Por todo ello, Descartes inicia el Idealismo Moderno [3].

Kant es el centro del pensamiento idealista. El idealismo trascendental de Kant afirma que la existencia de los objetos externos no es cognoscible mediante percepción inmediata. El idealismo trascendental es una concepción epistemológica y metafísica propuesta por el filósofo alemán Immanuel Kant en el siglo XVIII.

Brevemente expuesto, el idealismo trascendental establece que todo conocimiento exige la existencia de dos elementos: el primero, externo al sujeto (lo dado, o principio material), es decir, un objeto de conocimiento. El segundo, propio del sujeto (lo puesto, o principio formal), que no es más que el sujeto mismo que conoce. Con respecto al segundo, Kant afirma que las condiciones de todo conocimiento no son puestas por el objeto conocido, sino por el sujeto que conoce. El sujeto que conoce introduce ciertas formas que, no preexistiendo en la realidad, son imprescindibles para comprenderla. Para Kant el conocimiento nace de la unión de la sensibilidad con el entendimiento, las formas solas no producen conocimiento y las intuiciones solas tampoco.

Por esto sostiene Kant en la Crítica de la Razón Pura:
"Pensamientos sin contenidos son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas" (A51).
En otras palabras, sin sensibilidad nada nos sería dado y sin entendimiento, nada sería pensado.

       Todo lo intuido en el espacio y el tiempo y con ello todos los objetos de  nuestra experiencia posible, no es más que fenómenos, esto es, meras representaciones, que del modo en que se representan, como sustancia extensa o series de alteraciones, no tienen existencia propia e independiente aparte de nuestro pensamiento. A este concepto lo llamo idealismo trascendental.

Crítica de la razón pura [4], A491, B

En el idealismo postkantiano [5] el “mundo” es equiparado con “la representación del mundo.”

Contemporáneamente han surgido las corrientes derivadas de las corrientes neokantianas[6]  y hegelianas y el idealismo fenomenológico de Husserl [7], en el cual la consciencia pura se presenta como una multitud de sujetos individuales puros, a diferencia del idealismo trascendental en donde hay «una consciencia pura, única y numéricamente distinta».

También puede hablarse de diversas formas de idealismo cuando se adjetiva el término sin establecer contraposición entre ellas.


[1]  SCHOPENHAUER, Arthur. (2003).  El mundo como voluntad y representación. Traducción de Pilar López de Santa María Editorial Trotta. Madrid, 2003.
[2]  DILTHEY, Wilhelm, (1990). Teoría de las concepciones del mundo. México: Alianza Editorial Mexicana.
[3]  DESCARTES, René. (1981). Discurso del método, Dióptrica, Meteoros y Geometría, Prólogo de G. Quintás Alonso, Madrid, Alfaguara.

VIDAL Peña. (1977).  Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, Alfaguara, Madrid.
[4]  KANT, Emmanuel. (1977). Crítica de la razón pura. Trad. de Pedro Ribas. Madrid, Alfaguara - Santillana, (13ª edic.).

[5]  Fichte, Schelling, Hegel
[6]  El neokantismo fue un movimiento filosófico europeo, de origen predominantemente alemán, que preconizó un retorno a los principios filosóficos de la doctrina de Kant frente a la entonces imperante doctrina del idealismo objetivo de Hegel. El neokantismo se mostraba escéptico frente a lo que consideraba un indebido énfasis especulativo del pensamiento hegeliano, y buscaba recuperar la doctrina kantiana de la crítica del conocimiento frente al predominio de la metafísica, para argumentar contra la posibilidad de un conocimiento no mediado y restringido por las propiedades del aparato cognitivo del sujeto.

Científicos con intereses filosóficos, como Hermann von Helmholtz y Gustav Theodor Fechner, utilizaron el marco de la teoría kantiana del conocimiento para argumentar contra la posibilidad de un conocimiento no mediado y restringido por las propiedades del aparato cognitivo del sujeto. (Hermann Cohen, Paul Natorp, Wilhelm Windelband, Aloys Riegl).

Bajo la influencia de las ciencias sociales y de las corrientes hegelianas, las escuelas de Marburgo y Baden se disolvieron en el plazo de una generación, dejando paso al positivismo, la fenomenología y el neohegelianismo, además del marxismo, como las principales orientaciones filosóficas.

[7]  HUSSERL, Edmund. (1979). Meditaciones Cartesianas, Madrid, Paulinas, p. 234.

miércoles, 30 de mayo de 2012

EL IDEALISMO FILOSÓFICO




El idealismo es la familia de teorías filosóficas que afirman la primicia de las ideas o incluso su existencia independiente. Un sinónimo es el inmaterialismo. Del idealismo existen dos variantes principales: el objetivo y el subjetivo.1 El idealismo filosófico, por lo tanto, afirma que la realidad que se encuentra fuera de la propia mente, no es cognoscible en sí misma, ya que el objeto del conocimiento humano siempre es construido por la actividad cognoscitiva.

 El idealismo es la posición filosófica que afirma que el mundo exterior es una idea procedente de la mente del hombre o de un ser sobrenatural. Es una posición filosófica antigua que se considera que se inició con Platón. Su enfoque es racionalista, tiene la tendencia a considerar el razonamiento deductivo como único método de conocimiento. Este método parte de los enunciados universales para llegar luego a proposiciones particulares.

La verdad, la cual tiene carácter absoluto existe independientemente del individuo. Por su naturaleza misma, algunos idealistas asignan excesiva importancia a los aspectos intelectuales y se ocupan poco de los problemas físicos.

El idealismo, por lo tanto, se opone al materialismo, una doctrina que sostiene que la única realidad es la materia. Los idealistas subjetivos creen que la entidad en sí es incognoscible, pero la reflexión permite aproximarse al conocimiento. Para los idealistas objetivos, en cambio, el único objeto que puede conocerse es aquel que existe en el pensamiento del sujeto.

Es posible distinguir, de acuerdo al idealismo, entre el fenómeno (el objeto que es conocido tal como aparece frente a los sentidos) y el noúmeno (el objeto tal como sería en sí mismo). La realidad está compuesta por el contenido de la conciencia del sujeto: por lo que percibimos y no por lo que es.

Variantes y características

Idealismo objetivo
El idealismo objetivo sostiene que las ideas existen por sí mismas y que sólo podemos aprenderlas o descubrirlas. Representantes del idealismo objetivo son: Platón (realismo idealista o platónico), Leibniz, Hegel, Bolzano, Dilthey y Frege.

Idealismo subjetivo
El idealismo subjetivo sostiene que las ideas sólo existen en la mente del sujeto: que no existe un mundo externo autónomo. Representantes del idealismo subjetivo son: Descartes (en ocasiones), Berkeley, Kant, Fichte, Mach, Cassirer y Collingwood.

La principal característica del idealismo subjetivo es que todo gira alrededor del sujeto cognocente (ser pensante que realiza el acto del conocimiento). Existen, a su vez, dos variantes. La versión radical sostiene que el sujeto construye el mundo: no existen cosas por sí mismas sino que sólo existen cosas para nosotros (constructivismo). Según esta concepción, la naturaleza no tiene existencia independiente, lo cual entra en desacuerdo con todo lo que sabemos sobre el mundo antes de la aparición de los seres humanos.2 En cambio, la versión moderada «afirma que las cosas son del color del cristal con que se miran».

La ciencia y la tecnología no aprueban ninguna versión del idealismo, pues ambas suponen el mundo externo y por eso lo exploran y lo modifican.

El simple aserto de que las ideas son importantes no lo califica de idealista. Casi todos los materialistas y realistas admiten la existencia e importancia de las ideas, solamente niegan su autoexistencia.

  • Platón consideraba que el hombre ideal o modelo que debe formarse es el filósofo que ama la sabiduría, la busca, se esfuerza por alcanzarla; el hombre que contempla las ideas y se recrea en ellas.
  • Para Aristóteles, la educación debe buscar la formación de un hombre prudente y virtuoso que sea feliz. El hombre feliz es el que ha desarrollado al máximo sus potencialidades; el que ha desarrollado su esencia racional y se dedica a la búsqueda de la verdad, a la contemplación de las ideas, al estudio de la filosofía, la física, las matemáticas.
  • San Agustín representa la máxima expresión de la filosofía educativa idealista cristiana.
  • Para Kant, su filosofía tiene un enfoque moral. Para él, el fin debe ser la formación del carácter moral del estudiante. Debe formar al individuo para que actúe de acuerdo con lo que le dicta su conciencia racional. El fin último de la educación debe ser la búsqueda de la perfección moral tanto individual como socialmente.
  • Para Santo Tomás, educar conlleva adquirir conocimientos y formar el carácter. La adquisición de conocimientos contribuye al desarrollo de la capacidad intelectiva del hombre. Así el hombre llega a ser filósofo. La formación del carácter contribuye a la realización de las potencialidades espirituales del hombre. Así llegará a ser virtuoso. Educar, pues, implica actualizar las potencialidades inherentes en la inteligencia y en el alma.
  • John Locke sostenía que los fines de la educación debían ser cuatro: la virtud, la sabiduría, la buena crianza (buenos modales, templanza, evitar vicios), el aprender a aprender. El verdadero aprendizaje es el desarrollo máximo de la razón, de las actitudes y destrezas. La educación debe contribuir a la formación del carácter moral del estudiante y en el desarrollo pleno de la inteligencia dibujo, taquigrafía, anatomía, legislación, filosofía natural, psicología, inglés y francés.
Ver también en este Blog: Idealismo
1.  Bunge, Mario (2007). Diccionario de Filosofía. Madrid: Siglo XXI Editores. pp. 101-102.
2.  Bunge, Mario (2007). Diccionario de Filosofía. Madrid: Siglo XXI Editores. pp. 35-36.

jueves, 24 de mayo de 2012

MAX WEBER: EL PODER DE LOS VALORES

Max Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

  

Adjunto este escrito publicado en la revista Archiv für Sozialwissenschaft und Sozial politik, en relación a la crítica que hace el profesor Voegelin al positivismo y al papel de Weber. Los estudios sobre valores deben mucho a Max Weber porque no sólo realizó investigaciones sobre valores, sino definió con claridad el papel que ellos tienen en las ciencias sociales.

Weber se situaba sin ambigüedad entre quienes consideran la actividad mental como factor determinante de la vida social: “... la fuerza histórica de las ideas ha sido y es tan predominante para el desarrollo de la vida social, que nuestra revista no puede sustraerse a esta labor; antes bien, hará de su atención uno de sus más importantes deberes"(1). 

Weber planteó de la siguiente manera el problema de las relaciones entre valores e investigación social: "¿Cuál es la validez de los juicios de valor formulados o que determinado autor supone en los proyectos prácticos sugeridos por él? ¿En qué sentido se mantiene éste, con ello, en el terreno de la dilucidación científica, ya que lo característico del conocimiento científico ha de hallarse en la validez «objetiva» de sus resultados en cuanto verdades"(2). 

Antes de responder a estas preguntas cruciales, Weber descarta la simbiosis entre ciencia social y ética: " ... jamás puede ser tarea de una ciencia empírica proporcionar normas e ideales obligatorios, de los cuales pueden derivarse preceptos para la práctica"(3). Esta ciencia "no puede enseñar a nadie qué debe hacer, sino únicamente qué puede hacer y, en ciertas circunstancias qué quiere"(4). Pero de esto no se desprende, "en modo alguno, que los juicios de valor hayan de estar sustraídos en general a la discusión científica, por el hecho de que derivan, en última instancia, de determinados ideales y, por ello, tienen origen «subjetivo»"(5).

La relación que cada investigador tiene con sus valores cumple una función esencial en el proceso de cada investigación. A diferencia de las ciencias exactas y naturales, las ciencias de la cultura y del espíritu, teniendo como objeto la realidad individual, no pudiendo captar la infinita riqueza de lo real, y no teniendo como fin la construcción de leyes -que sólo son un medio para encontrar la significación- tienen que seleccionar temas, enfoques y documentos. Esta selección se hace a partir de la relación del investigador social con sus valores(6). Esta necesidad selectiva de los valores implica cuatro elementos:

La realidad individual, singular e infinitamente múltiple de los hechos sociales
El conocimiento de los procesos culturales sólo es concebible, en la perspectiva weberiana, "sobre la base de la significación que la realidad de la vida, configurada siempre en forma individual, tiene para nosotros en determinadas conexiones singulares"(7). La vida social se presenta ante el observador como una multiplicidad infinita de procesos que surgen y desaparecen, sucesiva y simultáneamente, tanto dentro como fuera de nosotros mismos.Las leyes sociales son sólo un medio para la significación de los hechos, su comprensión o explicación.

A diferencia de Durkheim y de muchos otros precursores de la ciencia social, Weber pensaba que el conocimiento de las leyes sociales no implica conocimiento de la realidad social sino, antes bien, "uno de los diversos medios auxiliares que nuestro pensamiento emplea con ese fin"(8).

La necesidad de seleccionar una parte de esa realidad
Weber estaba convencido de que la multiplicidad infinita de procesos sociales hace que un conocimiento exhaustivo de ellos sea imposible para cualquier investigador. Esta imposibilidad implica que "sólo una parte finita de esa realidad constituye el objeto de una investigación científica, parte que debe ser la única «esencial» en el sentido de que «merece ser conocida»"(9).

La función selectiva de los valores
La selección de la "parte finita" de la realidad que cada investigador realiza para escoger temas de investigación se realiza de acuerdo con sus valores. Son ellos los que seleccionan qué parte de la realidad será estudiada: "Se decide de acuerdo con las ideas de valor desde las cuales consideramos la «cultura» en cada caso individual... Lo único que introduce orden en este caos es la circunstancia de que, en cada caso, sólo una parte de la realidad individual reviste para nosotros interés y significación, porque únicamente ella muestra relación con las ideas de valor culturales con las cuales abordamos la realidad"(10).

La impertinencia de los juicios de valor
La ciencia social debe tender al "conocimiento del significado de aquello a que se aspira" y al "ordenamiento conceptual de la realidad empírica". Esto se puede lograr "poniendo de relieve y desarrollando en su trabazón lógica las «ideas» que están o pueden estar" en la base de un fin concreto de un actor social concreto que el investigador social trata de comprender(11).

En este proceso de comprensión, es decir en la tarea esencial de la ciencia social, los valores no tienen nada qué hacer. "Es y seguirá siendo cierto que una demostración científica metódicamente correcta en el ámbito de las ciencias sociales, si pretende haber alcanzado su fin, tiene que ser reconocida también como correcta por un chino"(12), es decir por cualquiera cuyos valores sean diferentes u opuestos a los del investigador social.

La ética calvinista y el espíritu capitalista
Weber no sólo analizó las funciones de los valores de la ciencia social sino realizó análisis ejemplares sobre los valores. Además de sus trabajos sobre sociología religiosa, le debemos La Etica protestante y el espíritu del capitalismo, que es un análisis de la relación entre entre dos valores, o entre un valor y una actitud: la ética calvinista del siglo XVII y el espíritu capitalista contemporáneo a esa ética.

Ese libro no es, como se sugiere frecuentemente, un estudio sobre las relaciones entre religión y economía, ni entre una religión (el Calvinismo) y un sistema económico (el capitalismo occidental al mismo período). Es evidente que Weber no se propuso en esa obra analizar la relación entre dos estructuras de la realidad social (la cultura y economía) sino entre dos formas de una misma estructura (la cultura): una cierta ética y un cierto "espíritu".

El mismo título del libro es muy preciso: no es "La ética protestante y el capitalismo", sino "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Lo que analiza Weber a lo largo de las dos partes de esta investigación clásica es en realidad lo que, algunos años después Thomas y Znaniecki llamarían "la actitud capitalista". Se puede discutir si el espíritu capitalista es un valor, una actitud o una mentalidad.
Lo que es indiscutible es que no es la economía capitalista, o la estructura económica. Los únicos datos económicos que Weber considera aparecen sólo en algunas notas de la primera parte. Todo el resto del libro son análisis sobre textos que expresan no la estructura económica capitalista sino más bien el espíritu que la anima.

El análisis parte de hechos que Weber resume así: " ... la índole por excelencia protestante que se distingue en las propiedades y empresas capitalistas y, también, en las esferas superiores de las clases trabajadoras, sobre todo del alto personal de las empresas modernas, con más experiencia técnica o comercial"(13).

El segundo paso lógico de esta investigación fue resumir el espíritu del capitalismo en cuatro puntos:
1. La adquisición del dinero es casi el valor supremo de la vida(14).
2. El ejercicio constante de una profesión - el trabajo - es una manera tan privilegiada para adquirir el dinero, que se presenta varias veces como fin, no como medio(15).
3. Racionalidad. Es el trabajo que busca las maneras más adecuadas para obtener la máxima cantidad de riqueza(16).
4. La austeridad. Ella hace que se use mínimamente la riqueza acumulada. Aunada a las tres características precedentes, da lugar a una creciente acumulación de riqueza, o de capital (17).

El tercer paso lógico es la descripción de la ética protestante, con dos grandes características:
1. El ascetismo.
2. El enriquecimiento como señal de predestinación a la salvación eterna(18). Weber cita, a este propósito, un sermón del escuchado predicador inglés Richard Baxter: "Si Dios os señala una senda que habrá de proporcionaros más riqueza que la que pudierais conseguir por una senda distinta (sin detrimento de vuestra alma ni la de los demás) y la desecháis para emprender el camino por el que os enriquecerá menos, ponéis trabas a uno de los propósitos de vuestra vocación y os rehusáis a fungir como administradores de Dios y a recibir sus dones para valeros de ellos en su servicio".

El cuarto y último paso lógico de Weber es la explicación de la relación entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo por una causalidad doble:
1. Por un lado, la ética protestante propicia el espíritu del capitalismo.
2. Y, por otra parte, los "nexos de la mayoría de las religiones importantes con la economía y la estructura social del medio en que ellos vieron la luz primera", mostraría la influencia de la economía en la religión(19).

Referencias
 1. Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, trad. de José Luis Etcheverry, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1973, p. 43. El subrayado es mío.
La revista a que se refiere es :


 Archiv für Sozialwissenshaft und Sozial politik.:
 http://biblioweb.tic.unam.mx/valores_distantes/C1WEBER.htm

2. Ibid., p. 40.
3. Ibid., p. 41.
4. Ibid., p. 44.
5. Ibid., pp. 41-42.
6. Ibid., pp. 61-73.
7. Ibid., pp. 61 y 70.
8. Ibid., p. 70.
9. Ibid., p. 62.
10. Ibid., pp. 70 y 68-69.
11. Ibid., p. 43.
12. Ibid., p. 47.
13. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, trad. de José Chávez Martínez, Premia, Puebla, 1984, p. 7.
14. Ibid., pp. 29, 31 y 34.
15. Ibid., pp. 38, 39 y 43.
16. Ibid., p. 12.
17. Ibid., pp. 29-39.
18. Ibid., p. 100.
19. Ibid., p. 15.