viernes, 15 de junio de 2012

La crisis de la civilización occidental: Peter Sloterdijk - Slavoj Zizek



A raiz de la entrevista referida selecciono lo que considero las principales afirmaciones y comparto mi punto de vista:

Peter Sloterdijk:
1.    Pero para mí, el resentimiento, no es nunca la actitud de los pobres. Más bien la actitud del pobre amo, como Nietzsche lo analizó tan bien. Es la moral de los “esclavos”.

Digo:  La moral de esclavos, es la moral del rebaño y de la mediocridad, una moral impregnada de instinto de venganza contra la vida superior; es la moral de la democracia: quiere igualar todas las personas; una moral que glorifica todo aquello que hace soportable la vida a los débiles. Para esta moral bueno es igual a pobre, carente, impotente, enfermo, feo.

2.    Sólo que se equivocó un poco desde el punto de vista social: no es el verdadero esclavo, es el esclavo que, como el Fígaro de Beaumarchais, quiere reemplazar al amo.

Digo: Un individuo en soledad desde el nacimiento busca también que su autoconsciencia sea reconocida. Si vive en soledad, nunca tendrá autoconsciencia de sí mismo.

3.    Vivimos en un mundo que se “futuriza” cada vez más. Creo, por ende, que el sentido profundo de nuestro “ser en el mundo” reside en el futurismo, que es el rasgo fundamental de nuestra forma de existir.

Digo: El hombre no es intratemporal, no está sometido a las temporalidades, sino que por el contrario las domina de entrada, ordenándolas. La ordenación de las temporalidades se hace desde la superioridad atemporal del entendimiento. Cuando se piensa sólo en el laissez faire liberal se tiene la visión del Katéjon.

4.    Pregúntenle a un estadounidense cómo imagina el pago de las deudas acumuladas por el gobierno federal. Su respuesta seguramente será: “Nadie lo sabe” y creo que ese no saber es el núcleo duro de nuestra crisis. Nadie en esta Tierra sabe cómo pagar la deuda colectiva. El porvenir de nuestra civilización choca contra un muro de deudas.

Digo: Aquí sólo imagina el arma política del liberalismo a ultranza.

5.    Creo que los europeos simplemente olvidaron lo que quiere decir religio . La palabra significa literalmente “diligencia”. Cicerón dio la etimología correcta:
leer, legere , religere , es decir, estudiar atentamente el protocolo para organizar la comunicación con los seres superiores. Es, por ende, una suerte de diligencia o en mi terminología, un código de entrenamiento. Por esa razón creo que “la vuelta de lo religioso” sólo sería eficaz si pudiera llevar a prácticas de ejercicios intensificados.

Digo: Como referida a una obligación de conciencia que impele al cumplimiento de un deber queda descartada. Resulta cínicamente en un ejercicio lúdico más.

6.    Pero en el siglo XX, el deporte se impuso en la civilización occidental. No volvió la religión, reapareció el deporte, después de haber sido olvidado durante casi 1.500 años. No fue el fideísmo sino el atletismo el que ocupó el primer plano. Pierre de Coubertin quiso crear una religión del músculo en los primeros años del siglo XX. Fracasó como fundador de una religión, pero triunfó como creador de un nuevo sistema de ejercicios.

Digo:  Cuando falta el temor a dios el estado perece o vive solamente por el temor a un principe, temor que suple la falta de religion. Veamos sino en que situación está la europa irreligiosa.

Zlavoj Zizek:
1.    ” Sabemos muy bien que no podemos hacerlo, pero actuamos en la práctica como si pudiéramos hacerlo. Sin embargo, emplearía el término “futuro” para designar lo que Peter Sloterdijk llama el “creditismo”.
2.    “Aquí, la situación en el frente es seria pero no catastrófica” y los austríacos respondieron: “Aquí, la situación es catastrófica pero no seria”. Y eso es lo catastrófico: no podemos pagar las deudas pero, en cierta forma, no lo tomamos en serio. Además de ese muro de deudas, la época actual se acerca a una suerte de “grado cero”.

Quien se ve afectado es el ciudadano común y corriente. Los grandes culpables, la Banca y los Trusts internacionales son los objetos de preocupación. Al liberalismo no le interesan las diferencias sino en cuanto les sirve para seguir con su saqueo.

En primer lugar, la enorme crisis ecológica nos impone no continuar en esta vía político-económica.
Segundo, el capitalismo, como sucede en China, ya no está naturalmente asociado a la democracia parlamentaria.
Tercero, la revolución biogenética nos impone inventar otra biopolítica.

Nada que toque el statu quo. Por eso cuando Grecia y su izquierdismo atempera la farsa liberal, es bienvenida.

3.    En cuanto a las divisiones sociales mundiales, crean las condiciones de explotaciones y alzamientos populares sin precedente. La idea de lo colectivo también se ve afectada por la crisis.
4.    La tolerancia multicultural es una engañifa que despolitiza el debate público, remitiendo las cuestiones sociales a las cuestiones raciales, las cuestiones económicas a las consideraciones étnicas.
5.    Pero para mí, el resentimiento, no es nunca la actitud de los pobres. Más bien la actitud del pobre amo, como Nietzsche lo analizó tan bien. Es la moral de los “esclavos”. Sólo que se equivocó un poco desde el punto de vista social: no es el verdadero esclavo, es el esclavo que, como el Fígaro de Beaumarchais, quiere reemplazar al amo.

La entrevista ilustra una actitud cínica y totalmente indiferente, rayana en el desprecio, empleando recursos de parrhesia y de autarkeia. Es la actitud del que desde una posición desde la afluencia considera al otro como descartable. La considero aleccionadora para continuar registrando cómo estas posiciones comodas y pedantes que calan en muchos, contribuyen a profundizar la alienación posmoderna que presisamente tiene mucho que ver con las carencias y la ignorancia.

Ambos personajes, vedettes mediáticas y fuentes de negocios del Jet set , no agregan nada nuevo a su afán de emular a Madonna y a Lady Gaga.

Transcripción de la entrevista

Desde la crisis económica y el rol de las religiones hasta el caso Strauss-Kahn, dos de los filósofos más leídos de la actualidad analizan presente y futuro de Occidente. “Hemos acumulado tantas deudas que la promesa de reembolso en la cual se funda la seriedad de nuestra construcción del mundo ya no puede sostenerse”, denuncian.

Occidente vive una crisis del porvenir: las nuevas generaciones ya no creen que vivirán mejor que las anteriores. Una crisis de sentido, de orientación y de significación. Occidente sabe más o menos de dónde viene pero le da trabajo saber adónde va. Ciertamente, como decía el poeta francés René Char, “nuestra herencia no es precedida por ningún testamento” y a cada generación le corresponde dibujar su horizonte. Nuestros tormentos, sin embargo, no son infundados. El sentido de lo común se fragmentó. Con el “cada uno en lo suyo”, el sentimiento de pertenencia a un proyecto que trascienda las individualidades se evaporó. El derrumbe del colectivismo –tanto nacionalista como comunista– y del progresismo económico dio lugar al imperio del “yo”. El sentido del “nosotros” se dispersó.

La idea de partición, de bien común y de comunidad parece volar en pedazos. Sin embargo, son muchos todavía los que no desean confiar la idea de comunidad a los comunitarismos que acosan a un planeta desgarrado. Entre ellos se cuentan Peter Sloterdijk y Slavoj Zizek, filósofos europeos, que aceptaron debatir públicamente por primera vez sobre estos temas.

Todo los separa en apariencia. El primero es un seguidor de la filosofía individualista de Nietzsche; el otro, un marxista allegado a los movimientos alternativos. El primero es más bien liberal, el segundo, calificado como radical. Gracias a la fuerza metafórica puesta al servicio de sus audacias teóricas, Peter Sloterdijk se dedica a captar la época sobre todo gracias a una morfología general del espacio humano, su famosa trilogía de las “esferas”, que se presenta como un análisis de las condiciones por las cuales el hombre puede volver habitable su mundo.

Aliando a Marx con y la trilogía de ciencia ficción Matrix , haciendo malabarismos entre Hegel y Hitchcock, el pensador esloveno Slavoj Zizek es una figura notoria de la “filosofía pop”, tan severo con el capitalismo global como con cierta franja de la izquierda radical, que articula sin cesar las referencias de la cultura elitista (ópera) y popular (cine) a las grandes deflagraciones planetarias.

Este encuentro inédito está relacionado con la publicación concomitante de dos trabajos destinados a pensar la crisis que atravesamos. Con Vivre la fin des temps (Flammarion), Zizek analiza las diferentes formas de aprehender la crisis del capitalismo. Para él, los cuatro jinetes del Apocalipsis (desastre ecológico, revolución bioenergética, mercantilización desmesurada y tensiones sociales) están, diezmándolo: la negación (la idea de que la miseria o los cataclismos “no pueden pasarme a mí”), el regateo (“que me dejen el tiempo de ver a mis hijos recibidos”), la depresión (“voy a morir, para qué preocuparme por algo”) y la aceptación (“no puedo hacer nada, mejor que me prepare”). Y propone alternativas e iniciativas colectivas para recobrar el sentido de un comunismo despojado de su gregariedad aliado a un cristianismo liberado de su creencia en la divinidad.

Con Tu dois changer ta vie (Libella/Maren Sell), Peter Sloterdijk esboza otras soluciones, más individuales y espirituales. Inspirado por el poema de Rainer Maria Rilke consagrado a un torso antiguo del Louvre, trata de inventar en los ejercicios espirituales de los religiosos un nuevo cuidado de sí mismo, una nueva relación con el mundo. Desde el quebranto del crédito hasta el caso que derivó en la renuncia del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, un diálogo inédito para cambiar de rumbo. Colectivas o individuales, políticas o espirituales, las ideas-fuerza de dos pensadores iconoclastas para evitar los callejones sin salida de la globalización.

Jacqueline de Romilly y el mundo griego

Jacqueline de Romilly y el mundo griego

 
Adjunto breve información sobre la obra de Jacqueline de Romilly, quien junto con Pierre Vernant y Bruno Snell son referentes y amplios conocedores del mundo griego clásico. 

De Romilly, Jacqueline 

JACQUELINE DE ROMILLY nació en Chartres el 26 de marzo de 1913. Profesora de griego clásico en las universidades de Lille (1949-1957) y París-Sorbona (1957-1973) y en el Collège de France (1973-1984, y honoraria desde esta fecha), en 1971 ingresó en la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres y en 1989 en la Academia Francesa. 

Traductora de Tucídides al francés, ha publicado estudios sobre Esquilo, Eurípides y Homero, entre otros; pero quizá de modo especial se ha interesado por la relación entre la Grecia antigua y los grandes problemas de la política, en libros tales como Tucídides y el imperialismo ateniense (1947), Problemas de la democracia griega (1975), o Grecia y el descubrimiento de la libertad (1989). 


Ha obtenido extraordinaria resonancia su Alcibíades (1995; Seix Barral, 1996). Su obra Héctor (1997), se centra en la figura del héroe homérico.

Títulos publicados
Alcibíades o los peligros de la ambición De Romilly, Jacqueline
Alcibíades (Alcibiade, 1995), que ha obtenido un extraordinario éxito de público en Francia, no es una biografía novelada, sino un riguroso y a la vez ameno ensayo biográfico que, sobre bases documentales muy sólidas, estudia una figura emblemática, odiada y amada a la vez, tan fascinante como peligrosa: la de Alcibíades, cuya aparición y auge señalaron el declive del poderío de Atenas al mismo tiempo que el quebrantamiento de su democracia. 

En palabras de la propia autora: «A través de Alcibíades se entiende que la ambición es uno de los males de la democracia… Cuando se prefiere la lucha en favor de uno mismo a la gestión para terceros, el principio democrático queda viciado». 

Con razón se ha señalado: «La gran helenista resucita en este libro el esplendor del imperialismo ateniense, pero también nos pone en guardia contra los defectos de la demagogia. Al leerla, vemos, detrás de Alcibíades, a Kennedy, Berlusconi, Tapie y otras mentes brillantes, capaces de servirse de la libertad con la mejor o peor intención. Bruscamente el destino de un hombre cuya carrera queda destrozada por sus escándalos rebasa el marco del siglo V antes de Cristo para convertirse en el símbolo de los desvíos amorales que invalidan la democracia. Esta lectura tan moderna de una aventura tan antigua explica que en un mes esta obra haya llegado a la cabecera de las listas de libros más vendidos» (Gilles Martin-Chauffier, Paris-Match) 

De ROMILLY, Jacqueline. 
La ley en la grecia clásica. Nº Edición: 1ª: Buenos Aires, Plaza edición: 2004
__. Magic and rhetoric in ancient Greece, Publisher, Cambridge, Mass. Harvard University Press, 1975, 108 p.
___. Los grandes sofistas en la Atenas de Pericles, Seix barral , 1997 1 ed., 256 p. 

¿Porqué Grecia?

Transcribo lo que considero un buen escrito. El resto es ciencia ficción que no me interesa.

En aquella cena, hace ya varios años, me sentaron junto a una señora de edad que cubría sus ojos con unos grandes anteojos oscuros. Era amable, elegante, hablaba un francés exquisito y, pese a que hacía grandes esfuerzos por disimularlo,  en todo lo que decía y opinaba se traslucía una enorme cultura. Sólo a media cena advertí, por las grandes precauciones con que manejaba los cubiertos, que era ciega o, cuando menos, que su visión era mínima. Sólo después de despedirnos, averigüé que Jacqueline de Romilly era una gran helenista, catedrática de griego clásico en la École Normale y en la Sorbona, la primera mujer en ser elegida miembro del Colegio de Francia y una de las pocas representantes del género femenino en la Academia Francesa.

El  primer  libro  suyo  que  leí, Pourquoi la Grèce?, me deslumbró tanto como su persona. Aunque lo que dice y cuenta en él ocurrió hace veinticinco siglos, es de una extraordinaria actualidad y su lectura debería ser obligatoria en estos días para aquellos europeos que, espantados con lo que está ocurriendo en Grecia, su deuda vertiginosa, su anarquía política, su empobrecimiento pavoroso y la ascensión de los extremismos fascista y comunista en sus últimas elecciones, creen que la salida de ese país de la moneda única, e incluso de la Unión Europea, es inevitable y hasta necesaria.

El libro cuenta cómo la joven Jacqueline leyó en sus años escolares a Tucídides y cómo la impresión que hizo en ella uno de los dos fundadores de la disciplina histórica (con Heródoto) orientó su vocación a los estudios de la Grecia clásica, a la que dedicaría su vida. El ensayo pasa revista, de manera clara, entretenida y profunda –rara alianza para una especialista– a ese milagroso siglo V antes de nuestra era en el que la historia, la filosofía, la tragedia, la política, la retórica, la medicina, la escultura alcanzan en Grecia su apogeo y sientan las bases de lo que con el tiempo se llamaría la cultura occidental.  Homero y  Hesíodo son bastante anteriores al siglo V, desde luego, y hay artistas, pensadores y comediógrafos posteriores a ese marco temporal.

El ensayo no vacila en retroceder o avanzar para incluirlos en el legado griego, aunque el grueso de lo que llama “una visita guiada a través de los textos” se concentra  en ese pequeño período de cien años en que en el reducido espacio del mundo heleno hay como una eclosión frenética, enloquecida, de creatividad en todos los dominios del espíritu, con ideas, modelos estéticos, patrones intelectuales, inventos y descubrimientos, gracias a los cuales la civilización del logos tomaría una distancia decisiva respecto a todas las otras culturas del pasado y de su tiempo y, sin pretenderlo ni saberlo, cambiaría para siempre la historia del mundo.

Jacqueline de Romilly muestra que en Grecia nacieron, o cobraron una realidad y dinamismo que nunca tuvieron antes en la vida social de pueblo alguno, los factores determinantes del progreso humano, como la democracia, la libertad, el derecho, la razón y el arte emancipados de la religión,  las nociones de igualdad, de soberanía individual, de ciudadanía, y una manera absolutamente nueva de relacionarse el hombre con el más allá y con los dioses, además, por supuesto, de una idea de la belleza y de la fealdad, de la bondad y la maldad, de la felicidad y la desdicha, que, aunque con los inevitables matices y adaptaciones que ha ido imponiéndoles la historia, siguen vigentes.

Maravilla que un pueblo tan pequeño y tan poco cohesionado políticamente, hecho de unas cuantas ciudades y colonias repartidas por Europa y el Asia menor, que conservaban un enorme margen de autonomía entre ellas, un pueblo tan instintivamente reticente a conformar un imperio, a practicar el imperialismo y a someterse a la prepotencia de un tirano (como hicieron todos los otros) haya sido capaz de dejar en la historia de la humanidad una huella tan honda, tan presente todavía tantos siglos después, en tanto que casi todos los otros grandes imperios o civilizaciones –los persas y los egipcios, por ejemplo– sean ahora sobre todo, sin olvidar ninguna de sus maravillas, piezas de museo.

No fue un accidente, ni obra del azar, hubo razones para ello y el libro de Jacqueline de Romilly las hace desfilar ante nuestros ojos con la misma desenvoltura, belleza y elegancia con que su conversación me hechizó a mí aquella noche. Los diálogos socráticos y platónicos, además de una manera de filosofar, nos explica, enseñaron a los seres humanos que conversar, hablar en grupo, es una manera más civilizada y ética de convivir que dando órdenes u obedeciéndolas, una forma de la comunicación que reconoce o establece de entrada una igualdad de base, una reciprocidad de derechos, entre los interlocutores. Así fue surgiendo la libertad, desanimalizándose el hombre, naciendo de verdad la humanidad del ser humano.

Esta demostración en Pourquoi la Grèce? no aparece como un discurso abstracto, sino a través de comentarios y de citas literarias, porque, como su autora no se cansa de repetirlo, todo aquello que constituye una cultura está esencialmente representado en sus obras literarias, y la verdadera crítica es aquella que escudriña la poesía, la narrativa, el drama, los ensayos que una sociedad produce en busca de esas verdades recónditas que alimentan su imaginación e impregnan las aventuras y los personajes a que sus artistas dieron vida para aplacar la sed de absoluto, de vivir otras vidas, de sus gentes.

“Sin saberlo, respiramos el aire de Grecia a cada instante”, dice en una de sus páginas. No es la menor de las paradojas que los griegos, que nunca conquistaron a pueblo alguno y sólo combatieron en defensa de su libertad, hayan dominado luego discretamente al mundo entero, empezando por Roma, cuyas legiones creyeron apoderarse de Grecia sin esfuerzo, cuando, en verdad, sería el pueblo vencido el que terminaría por infiltrarse en la mente, el espíritu y hasta la lengua del conquistador (el ensayo revela que, durante buen tiempo, fue de buen gusto entre las familias romanas contemporáneas de Cicerón y de Virgilio hablar en lengua griega)...

domingo, 3 de junio de 2012

Lo bello y lo sublime: Immanuel Kant

Lo bello y lo sublime
Immanuel Kant




Con el título de Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime publicó Kant en Komgsbey (1764) este ensayo de vario y atrayente contenido.  Numerosas ediciones sueltas  se han hecho de este encantador tratadito, sin contar las varias  ediciones de las obras completas del  autor.
     
Más que de estética, en el sentido estricto de la palabra,tratan las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime de asuntos varios, moral, psicología, descripción de los caracteres individuales y nacionales; en suma, de toda suerte de temas interesantes que pueden ocurrirse alrededor del asunto  principal.
    
Está escrito en estilo fácil y cómodo -extraña excepción en la obra de Kant-, lleno de ingenio, alegría, penetración, con una sencillez encantadora. Se comprende fácilmente que un crítico haya podido comparar a Kant -refiriéndose a esta obra - con La Bruyère, el autor de los Caracteres.

     En este ensayo es donde Kant ataca por primera vez el problema estético, y aunque sus ideas fundamentales acerca del arte y la belleza se hallan sistemáticamente expuestas en su obra posterior, la Crítica del Juicio, tienen, sin embargo, las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime cierto interés para el  conocimiento de los orígenes de la estética kantiana.
Pero sobre todo constituyen, como hemos dicho, una serie de delicadas ocurrencias, de certeras observaciones, de agudas críticas, sin el aparato solemne de la exposición didáctica.

viernes, 1 de junio de 2012

El concepto filosófico de IDEALISMO

Idealismo
Publicado en urbanoperu el Mié, 2009-12-09 08:19.

Rüdiger Safransky

Adjunto unas breves notas sobre el concepto filosófico de IDEALISMO. Se suele decir que todo idealismo es una exageración, y esto ocurre especialmente en el ambito de la arquitectura, debido a su cometido propositivo, por lo que considero útil hacer esta referencia para recordar el marco teórico del concepto.

Percy C. Acuña Vigil
Es una corriente filosófica que parte de que lo primario es lo espiritual en el modo de resolver la cuestión fundamental de la filosofía. El rasgo fundamental del idealismo es el tomar como punto de partida para la reflexión filosófica no el mundo exterior, sino lo que llamamos el sujeto o la consciencia. Es, de acuerdo con Schopenhauer [1], la representación del mundo y no el mundo.

Por sus raíces sociales ha sido considerado por W. Dilthey [2] también como una concepción del mundo, quien planteo las tres Weltanschaungen básicas: el idealismo objetivo, el de la libertad y el naturalista.

Al plantear nuevas cuestiones gnoseológicas ha estimulado el estudio de varios problemas filosóficos como por ejemplo la dialéctica de Hegel.

El idealismo como vocablo se usa en relación con los ideales,  pero siempre imaginados como realizables.

Este idealismo se ha manifestado de diversas formas durante la época moderna. El ejemplo más eminente del idealismo cuya unidad es histórica está constituido por el llamado «idealismo alemán» cuyos representantes son Kant, Fichte, Schelling, y Hegel principalmente.

El idealismo moderno, constituye un esfuerzo por responder a la pregunta, ¿cómo pueden conocerse las cosas? Esta pregunta no es solo una pregunta gnoseológica sino metafísica. Se considera idealistas a Descartes, Malabranche, Leibniz, Kant, Fichte, Schelling, Hegel.

Descartes es considerado «el primer idealista moderno», y cuyo idealismo consiste en considerar que toda la evidencia arraiga en el cogito. Descartes considera que en la relación cognoscitiva entre Sujeto y Objeto es el sujeto el que determina los límites, el alcance y el criterio de verdad y falsedad del conocer. La conciencia es el ámbito trascendental de posibilidad de la certeza y, por tanto, de la verdad, y por tanto, del conocimiento, pues no hay conocimiento sino de lo verdadero. Por todo ello, Descartes inicia el Idealismo Moderno [3].

Kant es el centro del pensamiento idealista. El idealismo trascendental de Kant afirma que la existencia de los objetos externos no es cognoscible mediante percepción inmediata. El idealismo trascendental es una concepción epistemológica y metafísica propuesta por el filósofo alemán Immanuel Kant en el siglo XVIII.

Brevemente expuesto, el idealismo trascendental establece que todo conocimiento exige la existencia de dos elementos: el primero, externo al sujeto (lo dado, o principio material), es decir, un objeto de conocimiento. El segundo, propio del sujeto (lo puesto, o principio formal), que no es más que el sujeto mismo que conoce. Con respecto al segundo, Kant afirma que las condiciones de todo conocimiento no son puestas por el objeto conocido, sino por el sujeto que conoce. El sujeto que conoce introduce ciertas formas que, no preexistiendo en la realidad, son imprescindibles para comprenderla. Para Kant el conocimiento nace de la unión de la sensibilidad con el entendimiento, las formas solas no producen conocimiento y las intuiciones solas tampoco.

Por esto sostiene Kant en la Crítica de la Razón Pura:
"Pensamientos sin contenidos son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas" (A51).
En otras palabras, sin sensibilidad nada nos sería dado y sin entendimiento, nada sería pensado.

       Todo lo intuido en el espacio y el tiempo y con ello todos los objetos de  nuestra experiencia posible, no es más que fenómenos, esto es, meras representaciones, que del modo en que se representan, como sustancia extensa o series de alteraciones, no tienen existencia propia e independiente aparte de nuestro pensamiento. A este concepto lo llamo idealismo trascendental.

Crítica de la razón pura [4], A491, B

En el idealismo postkantiano [5] el “mundo” es equiparado con “la representación del mundo.”

Contemporáneamente han surgido las corrientes derivadas de las corrientes neokantianas[6]  y hegelianas y el idealismo fenomenológico de Husserl [7], en el cual la consciencia pura se presenta como una multitud de sujetos individuales puros, a diferencia del idealismo trascendental en donde hay «una consciencia pura, única y numéricamente distinta».

También puede hablarse de diversas formas de idealismo cuando se adjetiva el término sin establecer contraposición entre ellas.


[1]  SCHOPENHAUER, Arthur. (2003).  El mundo como voluntad y representación. Traducción de Pilar López de Santa María Editorial Trotta. Madrid, 2003.
[2]  DILTHEY, Wilhelm, (1990). Teoría de las concepciones del mundo. México: Alianza Editorial Mexicana.
[3]  DESCARTES, René. (1981). Discurso del método, Dióptrica, Meteoros y Geometría, Prólogo de G. Quintás Alonso, Madrid, Alfaguara.

VIDAL Peña. (1977).  Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, Alfaguara, Madrid.
[4]  KANT, Emmanuel. (1977). Crítica de la razón pura. Trad. de Pedro Ribas. Madrid, Alfaguara - Santillana, (13ª edic.).

[5]  Fichte, Schelling, Hegel
[6]  El neokantismo fue un movimiento filosófico europeo, de origen predominantemente alemán, que preconizó un retorno a los principios filosóficos de la doctrina de Kant frente a la entonces imperante doctrina del idealismo objetivo de Hegel. El neokantismo se mostraba escéptico frente a lo que consideraba un indebido énfasis especulativo del pensamiento hegeliano, y buscaba recuperar la doctrina kantiana de la crítica del conocimiento frente al predominio de la metafísica, para argumentar contra la posibilidad de un conocimiento no mediado y restringido por las propiedades del aparato cognitivo del sujeto.

Científicos con intereses filosóficos, como Hermann von Helmholtz y Gustav Theodor Fechner, utilizaron el marco de la teoría kantiana del conocimiento para argumentar contra la posibilidad de un conocimiento no mediado y restringido por las propiedades del aparato cognitivo del sujeto. (Hermann Cohen, Paul Natorp, Wilhelm Windelband, Aloys Riegl).

Bajo la influencia de las ciencias sociales y de las corrientes hegelianas, las escuelas de Marburgo y Baden se disolvieron en el plazo de una generación, dejando paso al positivismo, la fenomenología y el neohegelianismo, además del marxismo, como las principales orientaciones filosóficas.

[7]  HUSSERL, Edmund. (1979). Meditaciones Cartesianas, Madrid, Paulinas, p. 234.