miércoles, 11 de noviembre de 2015

Filosofía francesa siglo XIX

LA FILOSOFÍA FRANCESA DEL SIGLO XIX

LA FILOSOFÍA FRANCESA DEL SIGLO XIX

El pensamiento filosófico francés del siglo XIX esté dominado por el positivismo de Comte. Pero a par de esta tendencia totalizadora, que termina degenerando en una grotesca parodia del culto católico, coexisten otras corrientes de cierta importancia: así el espiritualismo de Alfredo Fouillée (1838-191 2) y de Víctor Cousin (1892-1867) y el neocriticismo de Carlos Renouvier (1815-1903).

A. ESPIRITUALISMO Y NEOCRITICISMO




A Fouillée se debe la formulación del sistema de las ideas-fuerzas, que consiste en considerar que la idea no es tan solo una representación .mental, sino un "principio que tiende a realizarse". "Así, explica Reinach, en la controversia entre libre arbitrio y determinismo, concluye que ambas tesis se apoyan en argumentos irrefutables, pero que el hombre posee la idea de la libertad y que esa idea le hace libre; parejamente, la idea de justicia nos hace justos, y la idea de moral, que es un hecho de conciencia, nos lleva a la moralidad."98




Cousin profesó una doctrina ecléctica de signo espiritualista. -"Los sistemas filosóficos, escribió, no son la filosofía: la filosofía los sobrepasa con toda la superioridad de un principio respecto de sus aplicaciones. Los sistemas se esfuerzan por realizar la idea de la filosofía, así como las instituciones civiles se esfuerzan por realizar la idea de la justicia". Cousin asumió siempre posiciones intermedias y conciliadoras, pero afirmando a la razón como árbitro supremo.



Renouvier, ya en su madurez, intentó conciliar los sistemas de Hume y de Kant, pero en realidad asumió una posición muy original. Afirma que el nuómeno kantiano es "un vestigio de la metafísica escolástica"; que lo continuo es una ilusión; que la tesis de Hegel respecto a la identidad de los contrarios es insensata, y que los actos libres no son efectos sin causa, toda vez que su causa es el hombre mismo. Por lo demás, consideró que si la naturaleza debe ser explicada matemática y mecánicamente, lo cierto es que el mecanismo no es otra cosa que la apariencia exterior de esa misma naturaleza, en la que subyace esencialmente el pensamiento.

Examinaremos inicialmente el sistema positivista de Comte, y luégo lo que pudiera calificarse de "psicologismo vitalista", es decir, los aportes de un pensador francés que constituye un eslabón intelectual entre el Siglo XIX y el Siglo XX: Henri Bergson (1859-1941).

B. AUGUSTO COMTE Y EL POSITIVISMO.





El pensamiento comtiano, en cuanto incide en la filosofía de la historia, se examina en la segunda parte de esta obra. Nos corresponde aquí explicar -antes que otra cosa- los fundamentos de su Cours de Philosophie positive (1830-1842), "obra llena de ideas, pero larga y pesada".99

El conocimiento humano, como la humanidad misma, se desarrolla en tres estadios: el teológico, el metafísico y el positivo. En este último, la mente humana comprende que es imposible abarcar la esencia absoluta de la realidad y que únicamente se pueden establecer, como explica Messer, los hechos y sus leyes, valiéndose para esto de la observación y de la experimentación y entendiéndose por "leyes" las regularidades en el curso de los fenómenos.100 Ahora bien: a diferencia de lo que ocurría en los estadios anteriores, en el positivo se llega a la conclusión de que todo conocimiento es relativo, porque la realidad es avizorada desde el punto de vista del hombre y porque las leyes naturales nada nos dicen sobre "la esencia" de los fenómenos, sino sobre sus relaciones.

Por lo que dice a la teoría del conocimiento, el positivismo comtiano es rigurosamente empirista. -"El Positivismo, escribe Preti, es decididamente laico, revolucionario y, por ello, antimetafísico. A las nebulosidades y arbitrios de un saber fundado en la fe, en el 'corazón', o en la intuición genial, contrapone el método objetivo, experimental o 'positivo' de la ciencia natural".101 Esto porque, dentro del ámbito espiritual europeo, el positivismo se presenta ante todo, como una reacción intelectual y racionalista contra el romanticismo y, por ende, contra el primado de la intuición, de la "sensibilidad" y de la "imaginación creadora".

En la Primera Lección de su Curso de Filosofía Positiva declaró Comte:

 -"La filosofía teológica y la filosofía metafísica se disputan hoy la tarea, demasiado superior a las fuerzas de una y otra, de reorganizar la sociedad; entre ellas solas subsiste aún la lucha en este respecto. La filosofía positiva no ha intervenido hasta ahora en la contienda más que para criticarles a las dos (...). Situémosla, por fin; en estado de desempeñar un papel activo, sin inquietarnos por más tiempo de los debates, que ahora ya son inútiles Completando la vasta operación intelectual comenzada por Bacon, por Descartes y por Galileo, construyamos directamente el sistema de ideas generales que esta filosofía está destinada a hacer prevalecer indefinidamente en la especie humana, y que determinará esencialmente la crisis revolucionaria que atormenta a los pueblos civilizados".102

Comte, de consiguiente, concibió su filosofía como algo definitivo y apto por excelencia para informar una revolución social inevitable. La sociedad, su contexto y su evolución, constituían en definitiva la meta de la inquietud mental de Comte. De aquí que después del Curso de Filosofía Positiva redactara su Systéme de politique positive ou traité de sociotogie (1852-1854).

En el Preámbulo general de esta última obra, escribió Comte: -'El positivismo se compone esencialmente de una filosofía y de una política, necesariamente inseparables, como formando la una la base y la otra el fin de un mismo sistema universal, en el 'que la inteligencia y la sociabilidad se hallan íntimamente' combinadas. En efecto, por una parte, la ciencia social no es sólo la más importante de todas, sino que ante todo proporciona el único lazo, á la vez lógico y científico, que desde ahora soporta el conjunto de nuestras contemplaciones reales (...). Y, por otra parte, a medida que el curso natural de los acontecimientos caracteriza la gran crisis moderna, la reorganización política se presenta cada vez más como necesariamente imposible sin la reconstrucción precedente de las opiniones y de las costumbres. Una sistematización real de todos los pensamientos humanos constituye, pues, nuestra primera necesidad social, análogamente referente al orden y al progreso".103

Los títulos de las obras de Comte prometen más de lo que ofrecen en realidad. El pensador francés, sin embargo, tuvo el mérito de haber acuñado el nombre y sentado las bases de la nueva ciencia de las sociedades. es decir, de la sociología. Y de haber contribuído a la filosofía de la historia con algunas tesis de cierta importancia.

C. EL PSICOLOGISMO VITALISTA DE HENRI BERGSON




Henri Bergson fue, sin duda, el pensador más penetrante e influyente entre los franceses de su generación. Su carrera universitaria fue excepcionalmente brillante y sus escritos se distinguen por la claridad expositiva y las virtudes de un estilo literario de gran calidad.

Obras fundamentales de Bergson son las siguientes: Essai sur les données inmédiates de la conscience (1889); Matiere et mémoire (1897); Le rire (1900); L'évolution créatrice (1906) y L'energie spirituelle (1920). El pensamiento de Bergson, ajeno al prurito sistemático, fluye de una posición esencialmente psicológica: la intuición directa de los datos inmediatos de la consciencia.

Para Bergson, uno de los primeros pasos en el camino de la filosofía consiste en distinguir el tiempo verdadero, que es el tiempo psicológico, de su traducción especial, o sea del tiempo matemático. Además, la vida -al igual que la conciencia- es duración, movilidad, renovada creación, libertad. De aquí el que caractericemos su pensamiento bajo el epígrafe de "psicologismo vitalista".

Bergson niega que la conciencia sea una función del cerebro y que la vida espiritual sea un "efecto" de la existencia somática del hombre. "Todo sucede, explica Reinach, como si el cuerpo fuera simplemente utilizado por el espíritu. No hay razón alguna para suponer que cuerpo y espíritu estén indisoluble y recíprocamente ligados; por ende, la supervivencia del espíritu desligado del cuerpo es una hipótesis inverificable, pero no absurda".104

Bergson insurgió también contra toda teoría mecanicista, e inclusive contra el evolucionismo de Darwin y de Spencer. El mundo viviente es el mundo de lo imprevisto y de lo imprevisible, y allí donde hay imprevisibilidad existe libertad de elección. El principio de toda existencia es una fuerza psicológica, posiblemente consciente, que evoluciona a través del tiempo real, y a la que llama

Bergson impulso vital. Este impulso no tiende a un fin determinado, conseguido el cual tendría que detenerse. La finalidad, por consiguiente, no cabe dentro del sistema bergsoniano. Por el contrario, el perpetuo fluir de ese impulso vital es lo que constituye o produce una evolución creadora incesante.

Con ciertas reservas, puede aceptarse el juicio crítico de Will Durant sobre el autor de La evolución creadora: -"El materialismo mecánico que había servido de fundamento a la filosofía antes de Kant y Schopenhauer, recuperó todo su poder al comenzar nuestro siglo. Bergson lo atacó, no por medio de una crítica Kantiana del conocimiento, ni con la pretensión idealista de que la materia es conocida sólo a través del espíritu, sino siguiendo la dirección de Schopenhauer y buscando, tanto en el mundo objetivo como en el subjetivo, un principio animador, una entelequia activa que hiciera más inteligibles los milagros y las sutilezas de la vida. Nunca el vitalismo fue defendido con tal fuerza, ni revestido de tantos atractivos. Bergson disfrutó de pronta popularidad porque defendió las esperanzas que brotan eternamente del pecho humano".105

Bergson ha sido vigorosamente defendido y combatido ásperamente. Entre sus impugnadores cuéntase el poeta, escritor y filósofo hispano-estadinense Jorge Santayana (1863-1952). Entre sus panegiristas figura el ilustre escritor italiano Giovanni Papini (1881-1956), quien llegó a afirmar que la tentativa intelectual de Bergson es "el esfuerzo más grande y poderoso que se haya hecho para alcanzar, finalmente, la pureza y la autonomía de la especulación".106

Por su ubicación científica, por las fuentes de su pensamiento e inclusive por su preocupación estilística, Bergson pertenece, mejor que al siglo XX, al siglo precedente, bien que su obra más significativa -L'évolution créatrice- hubiera sido publicada en el año de 1906. De aquí el que lo hayamos incluído en el presente capítulo.



Publicado en: 
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/hifi/hifi13.htm














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