lunes, 28 de enero de 2013

Les ennemis de la laïcité

El Laicismo es la corriente de pensamiento, ideología, movimiento político, legislación o política de gobierno que defiende, favorece o impone la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, o en su caso ajena a las confesiones religiosas. Su ejemplo más representativo es el "Estado laico" o "no confesional". El término "laico" (del griego λαϊκός, laikós - "alguien del pueblo", de la raíz λαός, laós - "pueblo") aparece primeramente en un contexto cristiano.

El concepto de "Estado laico", opuesto al de "Estado confesional", surgió históricamente de la Separación Iglesia-Estado que tuvo lugar en Francia a finales del siglo XIX, aunque la separación entre las instituciones del estado y las iglesias u organizaciones religiosas se ha producido, en mayor o menor medida, en otros momentos y lugares, normalmente vinculada a la Ilustración y a la Revolución liberal.

Los laicistas consideran que su postura garantiza la libertad de conciencia además de la no imposición de las normas y valores morales particulares de ninguna religión o de la irreligión. El laicismo persigue la secularización del Estado, aunque se distingue del anticlericalismo radical ateo en cuanto no condena la existencia de dichos valores religiosos. 

La laicidad significa la ruptura de la sumisión y del control de las instituciones socio-políticas con respeto del marco de las instituciones religiosas llevado a cabo en Occidente.

Sin embargo, el debate alrededor del laicismo, de las controversias entre una legitimación de lo social desde una religión cristiana o una religión laica es hoy en día un debate simplemente institucional que, además, enmascara el verdadero debate real con el que se encuentra enfrentada la cultura actual: el ansia por encontrar una salida al nihilismo, el esfuerzo por conseguir un paliativo al agotamiento de toda directriz ético-política rectora de la vida social, una vez que toda gran elaboración de sentido fue ya erosionada.

Los enemigos de la laicidad 
Publicado en: Yves Charles Zarka « Éditorial », Cités 2012 (n° 52), p. 3-6.
URL :
www.cairn.info/revue-cites-2012--page-3.htm.

Les ennemis de la laïcité



Yves Charles Zarka
(Traducción personal del original en francés.)

El laicismo es un concepto anticuado, marcado por el conflicto entre los clericales y anticlericales franceses, en una época en que la religión estaba perdiendo los últimos restos de su imperio en la sociedad y la moral? Por el contrario, se trata de un concepto cuya fuerza está cada vez más presente en un momento en que la religión ha vuelto y donde las empresas tienen que redefinir un modelo de convivencia en un contexto multicultural?

Otra forma de hacer esta pregunta es: ¿Esta el laicismo más o menos limitado a las dimensiones del hexágono [Francia], lo que indicaría que el término no es equivalente en la mayoría de los idiomas distintos del francés, en cualquier caso, no en la misma dirección, o está en condiciones de presentar un modelo capaz de extenderse a todas las sociedades democráticas en un momento en que el mundo se vuelve a configurar?

Para responder a estas preguntas, hay dos posibilidades: o bien dar un paso positivo en el intento de dar una definición de la laicidad, o de forma negativa hacer el análisis de las fuerzas que se le oponen. Ambos enfoques son legítimos, sin embargo con la segunda posibilidad hay varias posibles definiciones de la laicidad, ya que se concibe sólo en relación con la liquidación de la relación entre la religión y la política o como condición para un mayor empoderamiento y unión. En la primera un concepto o una institución no puede ser juzgado sólo en su dimensión positiva y por sus seguidores, sino también por sus oponentes e incluso por sus enemigos.

¿Quiénes son los enemigos? Me gustaría decir que hay dos principales enemigos del laicismo radical que luchan contra él y cuyo objetivo es su destrucción. El primer enemigo se presenta como tal. Le ha declarado la guerra a la laicidad. Son aquellos que podrían estar comprendidos bajo la categoría de "fundamentalistas religiosos". Hay fundamentalistas en todas las religiones. Por supuesto, hoy en día los más visibles y audibles son los fundamentalistas islámicos, pero también estan los cristianos y los Judíos.

¿Qué es un fundamentalista? Es él quien piensa que la religión, o más precisamente la visión que tiene de su religión, es el principio supremo de la legitimación de todos los niveles de la sociedad. Ya sea cuestiones de moral, régimen político o prácticas sociales, la visión fundamentalista hace referencia a una verdad divinamente revelada.

Para el fundamentalista es cuestión de verdad religiosa, tal como él lo entiende, porque para él el laicismo es un sacrilegio: un desafío del hombre a Dios. Por lo tanto, buscan como parte de su comunidad, de su país, o por qué no en el mundo, cuando son prosélitos religiosos, defender la verdad de Dios contra los errores humanos. Por tanto, es comprensible por qué el fundamentalismo es un enemigo de la laicidad. Este último, que lleva el principio de la profanación de la política pública pone en tela de juicio la primacía de la religión en todas las esferas de la existencia humana con una particular sensibilidad.

La laicidad es considerada aquí como una inversión y corrupción en todo el mundo, cuyas consecuencias se producen y se extienden a través de los cambios cotidianos que afectan a la moral, la pérdida de referencias tradicionales, el progreso de la incredulidad, en definitiva, el abandono de toda la sociedad que el fundamentalista cree poder reconocer sobre todo en las sociedades democráticas. Para el fundamentalismo el secularismo es el enemigo por excelencia, debe ser destruido para volver a un nivel de vida de origen trascendente.

Hay otro enemigo de la laicidad, un enemigo que lleva la máscara de un partido. Él es quien explota el principio como un arma contra la religión en general o en contra de una religión en particular. Así, por ejemplo, en relación a la extrema derecha francesa, que ha sido durante casi toda su historia ferozmente opuesta a la laicidad, se ha descubierto recientemente que un alma laica residía en su lucha contra la religión musulmana.

La  laicidad se convierte en un arma en las luchas políticas con temas no tienen nada que ver con el laicismo e incluso que son opuestos al mismo: la lucha contra el extranjero al interior, incluso al enfrentar al enemigo oculto, en nombre de la ideología de la homogeneidad de las costumbres y de las creencias nacionales. Además estos llamados defensores de la laicidad aportan argumentos a favor de todos los que ven en el laicismo el principio de una infracción de la diversidad cultural, y por tanto una negación de la libertad de conciencia, de creencia y de culto que se supone que es compatible.

Explotar lo secular puramente de manera oportunista para fines políticos y para encubrir una ideología xenófoba, es al mismo tiempo dar material a lo que ya se conoce como la figura contemporánea de la tiranía cultural.

No es sorprendente que los enemigos de la laicidad en Francia y en muchos países donde el concepto de la laicidad es muy poco tratado, afrontan el tema de la elaboración conceptual, y la falta de práctica institucional. Pero esto no significa que sólo las cuestiones hexagonales permanecen. El secularismo es de interés y las motivaciones van mucho más allá de Francia y tienen que ver con la coexistencia de los modelos internos de las unidades políticas en un mundo reconfigurado.

Una de las consecuencias de los ataques principales o secundarios realizados por los enemigos de la laicidad es el producir ideas vagas y susceptibles de entrar en alternativas que son externas.

Sin embargo existe un acuerdo en la posibilidad de elegir entre laicidad negativa y positiva.
También hay otra versión: entre el laicismo "rígido y severo" que atiende la emancipación de la laicidad en cuanto al respeto de la religión y el secularismo que se conoce como "abierto y flexible", complaciente hacia las prácticas religiosas.

El principio general que controla estas alternativas, es en sus varias formas, el retorno de la religión en la política y en lo público. El signo más claro de esta confusión de la idea de la laicidad es su uso en un sentido tan amplio que es adecuado para todas las sociedades democráticas, de una forma u otra. ¿Cómo si no interpretar esta declaración de Charles Taylor:

"Más allá de estos conflictos y tensiones, hay un amplio consenso sobre la idea de que "laïcité' es un componente esencial de cualquier democracia liberal compuesta de los ciudadanos que se adhieren a una pluralidad de concepciones el mundo y también que estos puntos de vista son religiosos, espirituales o seculares "[ ]

Tal afirmación sólo puede sorprender. ¿Dónde hemos visto que la idea de la laicidad es tan ampliamente compartida? El secularismo acomodado a la distinción rawlsiana entre lo justo y lo bueno tiene un significado totalmente nuevo. Se convierte en "un sistema político y jurídico, cuya función es establecer cierta distancia entre el Estado y la religión" [ ]

El laicismo no es una cierta distancia entre el Estado y la religión, pero a cierta distancia, es una brecha irreductible. Es una brecha irreductible, establecida en la Ley de 1905 [ ]

Posteriormente, la "separación de la iglesia y el estado" no a costa de uno o del otro, arrancado de su compromiso con la política secular, la religión encuentra su propio destino, el Estado no tiene el respaldo de lo sagrado y está obligado a encontrar su legitimidad en sus ciudadanos y se mantiene en una neutralidad en materia religiosa.

Sin embargo, esta brecha también abre un nuevo espacio: la coexistencia [ ] como resultado y diálogo o debate en las sociedades con los creyentes, pertenecientes a diversas religiones y espiritualidades, y los no creyentes.

[1] La Francia continental o parte metropolitana de Francia recibe el sobrenombre de Hexágono (l'Hexagone en francés), por tener una forma vagamente hexagonal.
[2] Jocelyn Maclure y Charles Taylor, Laïcité et liberté de conscience, Paris, La découverte, 2010, p. 10.
[3] Cf. Yves Charles Zarka (ed.), Faut-il réviser la loi de 1905 ?, Paris, PUF, 2005.
[4] Cf. Yves Charles Zarka, Difficile tolérance, Paris, PUF, 2004.
[5] Véase Yves Charles Zarka, la tolerancia duro, París, PUF, ...

Aunque laicidad es un término cada vez más frecuentemente utilizado en español y se encuentra registrado en los correspondientes bancos de datos de la Real Academia, aún no ha sido objeto de acogida oficial en el Diccionario de ésta (el DRAE) , en el que sólo encontramos precisamente laicismo. Esto sin duda explica que sea este término -laicismo- el que todavía más se utiliza para significar también esa nota positiva del Estado que aquí consideramos mejor expresada con el término laicidad. Y por la ambigüedad que envuelve a ambos sustantivos -laicidad y laicismo- se ven también inevitablemente afectados los usos que se hacen de los adjetivos laico y laicista.

Los borrosos y permeables contornos significativos de laicidad y laicismo los exponen a unos usos pegajosamente sinonímicos, fuente de equívocos y alimento de sofismas. Se explica así, por una parte, la habilidad con que unos trasladan a laicismo (como si éste fuera el único que le correspondiera) el sentido positivo que puede y debe atribuirse a laicidad y la facilidad con que otros transfieran al término laicidad las connotaciones negativas de las que laicismo no consigue desprenderse.

 Curiosamente, la secularización, que es un rasgo distintivo de la modernidad, tiene su origen eclesiástico, de derecho canónico (...) fue utilizado en Múnich en mayo de 1646 durante los debates sobre la paz de Westfalia por el embajador francés Longueville para señalar el paso de propiedades religiosas a manos seculares. Este mismo sentido se mantiene aún en la voz secularización de la enciclopedia. La extensión semántica del término se produce con un lento proceso de afirmación de una competencia secular-laica y estatal sobre sectores de la realidad, de la cultura, del arte y de la ciencia hasta entonces controlados por la Iglesia a través de la teología, especialmente a partir de la ruptura de la unidad religiosa en el siglo XVI.

Los juristas regios franceses, los llamados "políticos", lanzaban un eslogan para alejar a los teólogos de los problemas temporales: "Silete, theologi in munere alieno" ("Callad, teólogos en poder ajeno"). La tolerancia como respuesta a las guerras de religión suponía el derecho a adorar a Dios de acuerdo con la conciencia y también el primer origen histórico de los derechos humanos. Fue un impulso  a la secularización.
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Artículo de la referencia

Ver también:

Leer: El laicismo una Religión metamorfoseada. Angel Enrique Carretero Pasin. Universidad Santiago de Compostela.

Ver mi artículo sobre La Tolerancia

Yves Charles Zarka

Professeur à la Sorbonne, Université Paris Descartes, chaire de philosophie politique, il est notamment l’auteur de La Décision métaphysique de Hobbes. Conditions de la politique (Vrin 1987, 2ème édition 1999) ; Hobbes et la pensée politique moderne (Puf, 1995 ; 2ème édition 2001) ; Philosophie et politique à l’âge classique (Puf, 1998) ; La questione del fondamento nelle dottrine moderne del diritto naturale (Naples, Editoriale Scientifica, 2000) ; L’Autre voie de la subjectivité (Beauchesne, 2000)  ; Figures du pouvoir : Études de philosophie politique de Machiavel à Foucault (Puf, 2001 ; 3ème édition, 2001) ; Quel avenir pour Israël ? (en collab. avec Shlomo Ben Ami et al., Puf, 2001, 2ème édition en poche « Pluriel », 2002) ; Hobbes the Amsterdam Debate (Débat avec Q. Skinner), (Hildesheim, Olms, 2001) ; Difficile Tolérance (Puf, 2004) ; Un détail nazi dans la pensée de Carl Schmitt (Puf, 2005) ; Réflexions intempestives de philosophie et de politique (Puf, 2006) ; Critique des nouvelles servitudes (Puf, 2007) ; La Destitution des intellectuels (Puf, 2010).

Il a également publié Raison et déraison d’État (Puf, 1994) ; Jean Bodin : nature, histoire, droit et politique (Puf, 1996) ; Aspects de la pensée médiévale dans la philosophie politique moderne (Puf, 1999) ; Comment écrire l’histoire de la philosophie ? (Puf, 2001) ; Machiavel, le Prince ou le nouvel art politique (Puf, 2001) ; Penser la souveraineté (2 vol.) (Pise-Paris, Vrin, 2002) ; Les Fondements philosophiques de la tolérance (3 vol.) (Puf, 2002) ; Faut-il réviser la loi de 1905 ? (Puf, 2005) ; Les Philosophes et la question de Dieu (en collab. avec Luc Langlois, Puf, 2006) ; Matérialistes français du xviiième siècle (en collab., Paris, Puf, 2006) ; Hegel et le droit naturel moderne (en collab. avec Jean-Louis Vieillard-Baron) (Vrin, 2006) ; Monarchie et république au xviième siècle (Puf, 2007) ; Kant cosmopolitique (L’Éclat, 2008) ; Carl Schmitt ou le mythe du politique (Puf, 2009), Repenser la démocratie (Paris, Armand Colin, 2010) ; Démocratie état critique (Paris, Armand Colin, 2012) ; Refaire l’Europe (avec Jürgen Habermas) (Paris, Puf, 2012).

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